Las autoridades tailandesas ha conseguido mantener a raya la pandemia con una mezcla de suerte, medidas que incluyen los controles en los aeropuertos y hábitos de la sociedad como llevar mascarilla y el menor contacto físico.

Por Gaspar Ruiz-Canela

Bangkok, 12 ene (EFE).- Hace justo un año las autoridades tailandesas detectaron el primer caso de la COVID-19 fuera de China cuando el mundo aún no era consciente de la destructora pandemia que se le venía encima, aunque ahora Tailandia se encuentra entre los países menos afectados.

Las autoridades tailandesas ha conseguido mantener a raya la pandemia con una mezcla de suerte, medidas que incluyen los controles en los aeropuertos y hábitos de la sociedad como llevar mascarilla y el menor contacto físico.

Unos de los responsables de las políticas contra la pandemia en Tailandia, Taweesap Sirapraphasiri, señaló este martes que desde el inicio de la pandemia el Gobierno ha limitado las actividades que puedan propagar la COVID-19 cuando ha sido necesario.

“También hemos pedido siempre la cooperación de la gente para que llevara mascarillas, se laven las manos y la instalación de controles en los negocios privados”, dijo Taweesap, experto del Departamento de Control de Enfermedades, en la comparecencia diaria de las autoridades sobre la COVID-19.

Unos de los responsables de las políticas contra la pandemia en Tailandia, Taweesap Sirapraphasiri, señaló este martes que desde el inicio de la pandemia el Gobierno ha limitado las actividades que puedan propagar la COVID-19. Foto: Diego Azubel, EFE/EPA

“Esto es en lo que nos hemos concentrado hasta ahora y lo seguiremos haciendo para controlar con éxito la enfermedad”, agregó el funcionario.

POCO MÁS DE 10 MIL CONTAGIOS

Actualmente, los contagios acumulados suman 10 mil 547, incluidos 67 fallecidos, cifras que palidecen frente a los miles de casos diarios que se detectan en muchos países de Europa y América.

Sin embargo, la detección del primer contagio fuera de China, supuesto origen de la pandemia, auguraba un gran riesgo para un país al que sólo en los primeros días de enero de 2020 habían viajado decenas de miles de turistas chinos.

Una de estos turistas, una mujer de 61 años, llegó con fiebre al aeropuerto internacional de Suvarnabhumi en Bangkok el 8 de enero procedente de la ciudad china de Wuhan, donde se cree que comenzó la pandemia del nuevo coronavirus a finales de diciembre de 2019.

Los termoescáneres colocados en el aeródromo desde principios de enero detectaron la alta temperatura en la turista, quien fue trasladada a un hospital y dio positivo el 12 de enero de 2020, convirtiéndose en el primer caso de la COVID-19 fuera del gigante asiático.

Ese mismo día, la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó que un nuevo tipo de coronavirus, similar al del síndrome agudo respiratorio grave (SARS), era el origen del brote en un mercado de abastos en Wuhan, en la provincia china de Hubei.

El día 13, el Ministro tailandés de Sanidad, Anutin Chanchawirakun, anunció el caso públicamente, pero se mostró convencido de poder controlar la situación e incluso precisó que no había que limitar los viajes, aunque sí aumentar las precauciones.

TURISTAS CHINOS

En ese mes, más de 21 mil pasajeros de las zonas chinas afectadas por el nuevo coronavirus, que sólo más tarde fue bautizado como SARS-CoV-2, fueron sometidos a controles en varios aeropuertos tailandeses para detectar síntomas respiratorios y fiebre.

A pesar de que la segunda ola ha más que duplicado los casos acumulados, los nuevos contagios diarios han bajado a entre 200 y 300 en los últimos días. Foto: Diego Azubel, EFE/EPA

Sin embargo, las autoridades no impusieron ninguna restricción, aunque gran parte de la población llevaba mascarillas cuando la OMS aún la recomendaba solamente para los trabajadores sanitarios.

Con algo más de 400 casos, las autoridades anunciaron las primeras limitaciones al movimiento y las actividades sociales en marzo y el 3 de abril, ya con casi 2 mil contagios, decretaron el cierre de las fronteras a los viajeros extranjeros y declararon un toque de queda nocturno.

En junio levantaron la mayoría de las medidas y se estabilizó la situación hasta el inicio el pasado diciembre de una nueva ola que comenzó en un mercado de marisco donde trabajaban sobre todo inmigrantes en la provincia de Samut Sakhon, colindante con Bangkok.

A pesar de que la segunda ola ha más que duplicado los casos acumulados, los nuevos contagios diarios han bajado a entre 200 y 300 en los últimos días.

NUEVAS RESTRICCIONES

En las últimas semanas, las autoridades han impuesto restricciones limitadas en algunas provincias, incluido el cierre de bares y colegios, al tiempo que los viajeros del extranjero deben hacer una cuarentena de 14 días al llegar al país.

Mientras que algunos ponen en duda las cifras oficiales de contagios, los hospitales del país no están colapsados como ocurre con otros países más afectados por la COVID-19.

El Gobierno tailandés, aunque criticado por la crisis económica empeorada por la pandemia y la persecución de disidentes, presume de su gestión de la COVID-19 y de su sistema sanitario, que ha sido puesto por la ONU como un ejemplo a seguir para otros países en desarrollo.