La presión que Amazon ejerce sobre los trabajadores los ha llevado  a organizar el mayor intento sindical en la compañía desde su fundación en 1995.

Por Joseph Pisani

NUEVA YORK, 12 febrero (AP).- En cuanto Jennifer Bates deja su lugar en el almacén de Amazon en que labora, para ir a comer, el reloj empieza a correr. Tiene exactamente 30 minutos para llegar a la cafetería y regresar de su receso. Eso implica atravesar un almacén del tamaño de 14 campos de fútbol americano, lo que le cuesta tiempo valioso. Bates también evita llevar comida desde casa porque calentarla en el microondas le tomaría aún más tiempo, así que opta por un emparedado frío de cuatro dólares de la máquina expendedora y se apura a ocupar nuevamente su puesto.

Si lo logra, tiene suerte. En caso de no lograrlo, Amazon podría reducirle su salario, o peor aún, despedirla.

Ese es el tipo de presión que ha llevado a varios trabajadores de Amazon a organizar el mayor intento sindical en la compañía desde su fundación en 1995. Adicionalmente, está sucediendo en el lugar menos esperado de todos, en Alabama, un estado con leyes que no favorecen los sindicatos. De hecho, el estado es sede de la única planta de Mercedes-Benz en todo el mundo que no cuenta con un sindicato.

Hay mucho en juego. Si los organizadores tienen éxito en la localidad de Bessemer, en Alabama, podrían desatar una reacción en cadena a las operaciones de Amazon a nivel nacional, en la que miles de trabajadores más se alzarían para exigir mejores condiciones laborales, pero enfrentan una dura batalla. Amazon es el segundo mayor empleador de Estados Unidos, con un historial que incluye el haber acallado los intentos de sindicalización en sus almacenes y su cadena de tiendas Whole Foods.

Los intentos de Amazon de aplazar la votación en Bessemer han fracasado, al igual que sus esfuerzos por exigir una votación presencial, algo que los organizadores argumentan sería inseguro en medio de la pandemia. La votación por correo dio inicio esta semana y se extenderá hasta finales de marzo. La mayoría de los 6 mil empleados tienen que votar a favor a fin de sindicarse.

Amazon, cuyas ganancias e ingresos se han disparado por la pandemia de coronavirus, ha hecho una fuerte campaña para convencer a los trabajadores que un sindicato sólo les quitaría dinero de su salario y tendría pocos beneficios. La vocera de la empresa Rachael Lighty asegura que la compañía ya les ofrece lo que los sindicatos exigen: prestaciones, una oportunidad de crecimiento y un salario que inicia en 15 dólares por hora. Agregó que los organizadores no representan la postura de la mayoría de los empleados de Amazon.

Bates gana 15.30 dólares por hora desempacando cajas con desodorantes, ropa e innumerables artículos más que posteriormente son enviados a los consumidores. El empleo, que la mujer de 48 años obtuvo en mayo pasado, la obliga a permanecer de pie la mayor parte de su jornada laboral de 10 horas. Además de la comida, Bates afirma que sus visitas al sanitario también son supervisadas de cerca, al igual que ir a tomar agua o a buscar un nuevo par de guantes de trabajo. Amazon lo niega, señalando que ofrece dos recesos de 30 minutos durante cada turno y tiempo extra para acudir al baño o beber agua.

La última vez que trabajadores de Amazon sometieron a votación la creación de un sindicato fue en 2014 y fue un grupo mucho más pequeño: apenas 30 empleados de un almacén de Amazon en Delaware que al final votó en contra de formar un sindicato. Amazon actualmente cuenta con cerca de 1.3 millones de empleados en todo el mundo.

El intento por sindicalizarse en Alabama también tiene en contra el hecho de que sucede en un estado controlado por republicanos y que generalmente no apoya a los sindicatos. Alabama es uno de 27 “estados con derecho al trabajo” donde los empleados no están obligados a pagar cuotas a los sindicatos que los representan.

Dawn Hoag afirma que votará en contra de la sindicalización. La mujer de 43 años ha trabajado en el almacén desde abril y considera que Amazon deja claro que sus puestos son físicamente demandantes. Además, cree que ella puede hablar por sí misma sin necesidad de pagar cuotas a un sindicato para que lo haga por ella.

“Eso es justo lo que pienso”, dijo Hoag. “No le veo ninguna necesidad”.

Los sindicatos se han estado formando en lugares inusuales últimamente. El mes pasado, cerca de 225 ingenieros de Google crearon un sindicato, algo poco común en el sector tecnológico de salarios altos. Google ha despedido a los trabajadores que se atrevieron a exigir, si bien la compañía afirma que se debió a otras razones.

En Amazon, las cosas tampoco han terminado bien para los trabajadores que alzan la voz.

El año pasado, Amazon despidió a Christian Smalls, un trabajador que encabezó una huelga en un almacén en Nueva York esperando mejor protección contra el coronavirus de parte de la compañía hacia sus empleados. El personal de oficina que se sumó y habló sobre las condiciones en las bodegas durante la pandemia también fue despedido, si bien Amazon argumenta que fue por otros motivos. Un ejecutivo de Amazon renunció en protesta en la primavera del año pasado, señalando que no podía permanecer en la compañía mientras sus empleados estaban siendo silenciados.

Bates está consciente de los riesgos.

“Sé que podría ocurrir”, dio respecto a ser despedida. “Pero lo vale”.