Estados en cuarentena y cuerpos sintomáticos y asintomáticos

12/06/2020 - 11:20 am

Esta reflexión, es parte de algo que escribo, que he escrito –mi escritura ha sido casi una cuarentena perpetua por eso de estar manchada por faltas ortográficas…– que estoy terminando. Trataré de sintetizar. Además, completará una obra inconclusa, en otro libro, que estoy revisando. A partir de eso, pensé en los grandes, y en el peor de los peores: lo reconocerán. Me atrevo a pensar.

Kafka: tuberculoso. Escritor de la máquina del dolor. Describe los dientes de acero de la civilización, gestando y matando y enfermando. Dar un beso es la orfandad del amor, condenado a muerte. Otra manera: ya no es el romanticismo a la muerte, sino la esvástica devorando como un prendedor enterrado en el cuerpo; el famoso tartamudeo a la melancolía o tristeza y nacimiento del vampiro o la transición de la sangre no en el cuerpo de cristo. Ya la mujer arrastra la condena, menstrúa, bruja y hembra, en el deber de ser una madre mitificada, y no sexualizada, para que sea pura. Escribe para no matar al nombre portador de su yo, que lo ayuda a aguantar el apartamiento. Doble esconderse: por tuberculoso y por judío. Qué más plantea el escrito en ese desentrampar la condena al dolor de existir y ser cazado por…

Hitler: el superyó paranoico, el mandamás mortífero del orden autoritario, el dictador de la muerte, el diezmador de la libertad del prójimo. Enrolado en el ascenso al poder, el apartador o exterminador con su expansión, horror, y persecución para lograr el crimen perfecto; violador de pactos, hace alianza con los dictadores en su monólogo con la muerte.

Nietzsche: contagiado con sífilis muy joven y esa enfermedad neurológica degenerativa. Y él, trabajando el mito de la nada y descongelando la libertad, esa estatua vestida de paz o de guerra, o de sexo mercancía, en esa época o en cualquier otra, hasta el presente, es un riesgo de contagio, y el antídoto, abstenerse o prevenir. Y si el otro está infectado o es portador, jodido, se agarra a Dionisio, y a la música del saber hasta romper la cuerda del silencio. Lo fundante en el nihilista es que deja un antídoto: no dejarse aplastar por la estatua de la cima; aléjate.

Kierkegaard: la virginidad como salva anti contagio. Tener sexo es pecaminoso, por eso de mortífero y evadir ser atrapado por la virgen al casorio, o domesticarse en un matrimonio que le quita la libertad de pensador. Huye del contagio. ¿Acaso enamorarse es condenarse por culpables ojos? ¿El amor enferma o te enjaula para que no seas de nada ni de nadie? Hay que diferenciar pasión y eros. ¿O ser capturado? Juega al seductor, leer su diario. Elige al escritor y al conflicto del vacío le chanta ansiedad. No sabe cómo enfrentar la pasión femenina de una mujer; se escurre entre la doncella y la migaja del ser ante el sentimiento opresivo del “vértigo de la libertad”.

También se dice, que rompió con su padre, al elegir su ruta. “Lo uno o lo otro” ante esa pasión inquisitiva. Su tesis existencialista también viene de su desarraigo ante sus nexos filiales. La orfandad de la infancia; hermanitos como estrella fugaz partiendo, mueren prontamente. Cómo tocar tema de la muerte cuando se es culpable de sobrevivirles o agarrarse al instante prolongándolo; y él sobrevive. Es mucho peso vivir otras vidas, no es casual que use seudónimos. Da un zape a la sombra de los nexos muertos para no ocupar ningún puesto. Sólo sobreviven él y un hermano, que en el camino desvanece su pista. Él, ante retahíla de sentido pésame en la infancia. Y sus padres engendrando. Descubrir la orfandad o el temor a fallar en esa paternidad en cuestión del padre, y de la que él no quiere saber ni hacerse cargo. Lo viril o la caída ante la muerte y la impotencia o frenarse ante la vida con una ella, elige la angustia y su temblor.

Sade: en mi tesis fue violado por su tío e incitado desde niño a lo “perverso polimorfo”, o una práctica sin límites. No olvidemos, viene de carrera militar con estrictez, y los prostíbulos son los lugares donde los hombres tienen que probarse la hombría o el relincho del macho en la fosita del cabaret. La mujer virginal es signo de sana, salva y la posible elegida para matrimonio, y procrear y parir hijos, más aún si tiene dote; y su padre lo casa joven, él tenía 23 años. La lucha del Marqués lía entre el hombre reo del impulso, el escritor compulsivo, y eso de abrir el telón a la horca de la libertad.

La pedofilia y la pederastia, han sido una práctica siempre sospechosa, condenable, de peligro y degradación para la infancia vulnerable en manos indolentes y mentes degradadas. Darle límite, es un proceso de reparación a la libertad de cada uno en la constitución humana y de papel, donde se debate la anatomía de la vida y el goce putrefacto del desecho a desechar. ¿Cómo se hace un desechado y se queda en el pathos de la repulsión? Andamos en este avatar entre lo inerte y la animación a existir distinto.

Hay mucho que estudiar sobre este hombre genial. Sade, el escritor y el hombre al que le tenían miedo y pasó su vida encerrado por acusaciones y sus prácticas de escándalos. Y ese debatir de la carne sin espíritu o dentro de la paila la piel de zapa, habitó época donde bien y mal era cuna, nicho y fantasía sin redención. El presidio y sanatorio fue el lugar para el expulsado o condenado por desbordar. Queda su extraordinaria y tan descarnada y despellejada escritura. Rompe los espejos al desenmarañar la alegoría, la alucinación y los abominables actos que no dejan de aparecer, de algún semejante, cualquier día. El escritor visibilizó de lo que somos capaz y más: delata, recrea, deja ver los pespuntes de la historia solapada, la destapa. El ser está atrapado en la escena, sin ley; hay cuentos extraordinarios. No todo es repudio en su escritura del masoquismo primario. Era un genio exacerbado. En Sade, el bien y el mal no se diferencian.

Artaud: tuvo meningitis en la infancia, y fue contagiado de sífilis por uno de sus progenitores. Vivía con constantes dolores de cabeza, secuelas múltiples dejan la enfermedad y la infestación; antes de nacer ya es condenado en el vientre. Desgarra la verdad, es cruel el escenario humano. Devela al cuerpo como el teatro de la crueldad de la vida y la muerte y desmadeja escenas de lo atroz. Cito a Artaud: Donde otros proponen obras / yo no pretendo más que mostrar mi espíritu. La nada no se puede revelar ¿Rebelión por cero?

Da Vinci: –mi favorito– el renacer dentro de sí, auscultando la mancha y lo inmaculado del color de la naturaleza; el hijo bastardo. El que se impuso a oscuridad, soledad y silencio y pintó la cámara oscura del ojo proyectando el movimiento sin darle chance a la nada. Nació con poca perspectiva para el ruedo. Eso de dejarse notar sin lo legal de la existencia en un ser, fue más allá. Sin embargo, aunque sin arraigo, se porta un ser. El apellido del abuelo con puesto de notario, lo excluye, margina, un padre sumiso engendra un hijo, alcanza apellidarlo, le da crédito, sólo que no tiene donde proyectarse en la huella ilegítima. Lo nota a temprana edad; hay un tío que lo ayuda a descubrir y desarrollar la curiosidad –siempre aparece un guardián protector o lo contrario–. En el pequeño pintor, algo de gesto sin saña lo acerca a él a no abandonarse en el estigma del pobrecito ilegítimo. El orgullo lo trabaja y no deja que la infelicidad lo aplaste. Asienta la dependencia del cuerpo ilegítimo en un notar inconfundible en sus tratados. Hay que imponerse a contracorrientes.   No ha de haber sido fácil erigirse entre los demás por su lastre en pequeña infancia. Sus huesos saqueados y echados en la fosa común como los demás. Toda guerra, siempre un saqueo. Suspendo continuar la frase, al referirme al vegano Da Vinci; alguito más: la muerte no repara la vida, ni ella a él, el cuerpo siempre amenazante adentro y afuera para quien se le cruza en el camino. Como eso de hacer coincidir Sófocles, al padre y al hijo, para cumplir al oráculo, el miedo acecha…

En estos hombres hay una rebelión al nombre del padre y una sumisión al alma mater, sólo que, cada uno desenfrena o se asume omnipotente o ahonda en la débil carne propia y ajena, en el desencuentro con otro, con un uno, con un él, con una ella. Sólo queda para el artista plasmar en papel, lienzo, escenario, la única coartada para resistir; esto es, sé tú, aunque no quieras. Eso sí, que no te aplaste el yo con su complejo de supremo, que no atente en ese intentar.

Y Carmen: qué hace allí, hoy, ahorita, mañana. Ha laborado el hilo del horror hasta reducirlo al tamaño de un grano de arena; avanza en la clínica de la estructura en movimiento; tradujo la grieta de la miseria; sabe que la herida, se limpia, desinfecta y cose. Yaún las venas abiertas de América Latina lloran aquí, allá y al otro lado de la tierra, junto con la tristeza y rabia de otros pueblos. Traducir el estado embarazoso de las repúblicas y sus polis y encontrar en ese pozo la utopía aún.

Discontinuar. Continuar o descontinuar trabajando en ese escarbar el cuerpo del lenguaje asintomático y con síntoma, prisionero de fantasías, delirios, obsesiones o de lo que no ha sucedido y rebota. Ha desmenuzado las palabras papá y mamá. El amor es contagioso y culposo y baboso. Y sí, en la tierra y la expulsión del paraíso y el infierno en la lengua del síntoma. Fiscaliza la enfermedad del poder. La institución única es el cuerpo, y cada uno se responsabiliza con su nombre a sostener.

Infancia no debería ser problema para adulto, sólo que se tropiece con su fantasmita, proyectándolo en presente y choque y reclame o envidie o peor, porqué ayer tal día se perdió en el debes del abuelo y bisabuelo en tatarabuelo, saldar o soldar cuenta sin cuentero; o a reinventarse.

Y yo: en estos cuatro meses que llevo en casa, apenas unas seis veces he salido. Se engendra otro libro: ENTONCES. En esta cuarentena ha habido múltiples tareas, soportes, tristezas, amigos, idos, historias inconcebibles vividas por el coronavirus. Días desgarrados ante la impotencia de cómo otras formas de ayudar, dando soporte, orientando, consejería; trabajar las faltas, los detalles y borradores de mis escritos; las tareas domésticas; estar al tanto de la desgracia en el mundo. A veces, sólo escuchar música, o pegarme al silencio de la página en blanco, tratar de andar en el jardín, leer, ver una película.

Este encierro me hace recordar cuando pasé el cáncer: casi un año en cuarentena y atención y tratamiento, y demás. A veces los otros te miran como desahuciado, y hasta el estigma queda, porque eso de que parece que pendes espada de Damocles en una parte de tus células; la tirantés que exige la dieta, cuidarse, no comer tales y tales; o te mandan a que ordenes tus papeles, y no son los literarios, una puñado de registros contables. Escucho, y salta este presente, y nos pone en jaque, o nos deja al desnudo ante esta metamorfosis de pandemia, no se sabe qué día, un posible muerto, o quieren pensar por ti; cómo vas; sólo, replico: a cuidarnos y estar atentos.

Lapsus, en este momento recuerdo que antes de ENTONCES (libro IX), en esta habitación de la escritura, engendré otro libro; había olvidado, el recuerdo se molesta y me lo trae a colación: ESQUEMA DE FICCIONES (libro XII) con el que cierro este largo camino de cuarenta y cuatro meses a cuarentena, de cuarenta años de palabras en perpetuo movimiento, agitando la pasión de una escritura, que se eligió como una ella, para que la escritura no sea ni mandil ni camisa de fuerza ni cadena ni chantaje para su aparición y desaparición en el escenario de las letras.

Luchar cada día el deseo de afirmar al tocador de la vida sin manoseo ni manipulaciones. Andar precavido. Estos días, meses, segundos, minutos, la diacronía y sincronía se volvían insoportables. Inconsolable la tristeza al saber o no saber lo que pasaba en Guayaquil, Quito, Cuenca, Machala, Playas. Un día me senté en el piso, y un charco de mar se hizo alrededor mío. O eso de que nadie quiere hablar del tema, escuchar los desgarradores gritos: “dónde está el cuerpo”, ver las fundas negras, hileras de ataúdes, o que me cuente la vecina que su amiga, entró a buscar a su madre, que iba rompiendo fundas, hasta que dio, después de rajar más de cincuenta plásticos …y ella estaba viva; la sacó, en brazos, y se la trajo. En Playas el dengue y la pandemia se juntaron, no había alcance, cómo decidir quién vive y no: los que estamos en los 60 no están en la lista, jóvenes, niños, hasta 60 o 65. Escuchar a una amiga: “he decidido si me toca eso, prefiero morirme en mi casa, no me sacan de aquí, para morir como una planta sin regar, ni loca”. Al amigo periodista le vaciaron la cuenta, y muere, y no hay quien responda. Aquí en Playas, amigos muy queridos, los que no conozco y dan a conocer la letanía con sus seres, tantos médicos, enfermeras, como ha pasado en tantas partes de la maqueta de este mundo de tierra y carne, también han fallecido. Otra vecina que atendía orgullosa su negocio de comida, JOA, en la noche, con sillas y mesas en la vereda, ya llevaba curada del cáncer por más de siete años, se la tragó el aberrante coronavirus. Había días que sentía un torozón, me quitaba las ganas de comer, y me obligaba, me volvía madre de mí misma: “come porque si no se te bajan las defensas; pica ajo, raya cebolla, jengibre, haz comida concentrada, humidifica la casa; si siempre has estado alerta, qué te pasa, no bajes la guardia, sesentona, ponte pilas, cada uno se aferra a ver como cubrir el día”.

De a poco en el último mes se van abriendo llamadas, que chat va y viene con bromas, rezos, recetas, menú: se desea saber del otro, sin tocar temas “profundos”, memes chéveres, se reenvía por Messenger con Roger, y cuadrando y descuadrando el insomnio, sueño y despertar; ella y yo, las innominadas y nominadas en la escritura cada día pasando el borrador en limpio, haciendo tareas, apoyando a conocidos, leyendo, escribiendo.

La vida es fragmentaria.

Llevo este oficio más de cuarenta años. Y muchos inéditos esperando, pero quiero contar de uno específicamente. Aclaro, entre líneas hay uno que se ha ido construyendo en estos dos últimos meses de la cuarentena, lo llamo ENTONCES. Ya lo dije. A veces uno se repite, por si acaso. Sin proponérmelo avanzo en elipsis. Como estructura en movimiento en construcción. Algún día la muerte será perpetua.

Este compendio, que abarca desde 1990-2020, si ese es el término que le cabe al Libro madre o matriz o materia: TIERRA HUÉRFANA; tiene un cuerpo de doce textos poéticos con identidad propia cada uno dentro de la SERIE: UN SOLO DE MUJER:

GRITO DE GEA (Libro 0) ; SOLEDAD PAGANA (Libro I); POLIMORFO YO: ELLA Y ÉL O NADA (Libro II); CLEOPATRA (Libro III); MARÍA (Libro IV); PACHA (Libro V); MANUELA (Libro VI); ALGUNOS ROSTROS (Libro VII); CARMEN O HIJA DE LA FICCIÓN (Libro VIII); ENTONCES (Libro IX); CARLOTITA (LIBRO X); LA ENFERMEDAD (Libro XI); ESQUEMA DE FICCIONES (Libro XII).

Trabajo esta propuesta desde hace 40 años. Me parece irónico que coincida con esta época, de tanto dolor, mundo desmoronándose, una moneda caníbal, estados quebrados, donde el timón de la paz, la libertad y la cercanía en lo humano, avienta a la incertidumbre, confrontaciones y deseo de renovar la mirada política, de economía. Ojalá, esto último, sea devolver al humano su faltante…

Estados en el mundo deberían estar en cuarentena eterna para ver si así salen del limbo o cruzan los círculos de Dante y van escogiendo el número del uno al nueve; cuando se den cuenta el 10 está echando raíces…

Se necesita simultáneamente lo ambidiestro en los estados para equilibrar ese desajuste en la balanza…

Perfecto, diez: agonía del uno dentro del cero. Prefiero impar.

Planteo un estado ambidiestro para equilibrar balanza. Y qué decir de la ética. A quién fiscalizar, qué es estado de cuenta. Te das cuenta. Ya nadie come charlatanería. Piensa breve, concreto y preciso. ¿Y el análisis, la interpretación y el punto de vista?

Evidencias y cuenta los hechos. Banco de datos; los estados dado segunda la secuencia y consecuencia y la secuencia borrada en el tramo de la rama. ¿Quién corta la guía de las historias?

Chantal Maillard en una conferencia dada el 2 de marzo de este año, manda su rayo de epifanía, pienso seguir escarbando y arrancada maleza en esa música de la primera persona, ella, Chantal, dice, “El yo y su perversa manera que tiene de habitarnos”.

A vaciarse del antropófago de la materia sonora.

Relátame otra vez lo que te pasó…

GALERÍA

Algunos dibujos de Carmen en tiempos de cuarentena…

I. Enero y basta de impases 

II. Febrero y ellos, Adriana y Santiago asesinados

III. Febrero y el vértigo del latido del corazón de Roger nos puso en apuros, salió invicto

IV. Febrero y violeta Parra

V. Marzo y fugaz eterno

VI. Mayo y jugando a instalar y desinstalar

Juguetito a de mini huellas, tracitos y garabatos despintados por puro juego con el tiempo