El Presidente Andrés Manuel López Obrador y su homólogo Donald Trump. Foto: Gobierno de México.

Desde que el Presidente Donald Trump invitó al Presidente de México a reunirse en la Casa Blanca el 8 de julio, tras la puesta en marcha del TEMEC, brotaron un cúmulo de opiniones negativas, exceptuando al Primer Ministro de Canadá, que se negó a asistir a esa invitación, con el argumento de que su responsabilidad era atender la crisis sanitaria del COVID-19.

El conclave convocado por Trump y aceptado por Andrés Manuel López Obrador, generó un cúmulo de especulaciones en ambas naciones. La inmensa mayoría de ellas fueron de índole política (EU) y de política económica y comercial (México).

En Estados Unidos se difundió que la convocatoria de Trump era con fines estrictamente políticos-electorales, ya que de acuerdo a las encuestas que se han realizado en torno a su reelección el próximo mes de noviembre, va a la baja no únicamente en cuanto al voto ciudadano, sino también al de los estados, que en USA son los que determinan en el colegio electoral cual partido y candidato es el vencedor.

Dicho de manera sencilla. No es el voto de los electores ciudadanos lo que definen quien gana o quien pierde, sino los colegios electorales de cada estado o entidad.

Joe Biden, candidato presidencial del Partido Demócrata, aventaja a Donald Trump en la intención de voto, pues según estadísticas, cuenta con el apoyo del 49.6 de las preferencias electorales, mientras que Trump cuenta con el 40.9 por ciento.

Pero no solo eso, Biden va también arriba de los estados más hegemónicos del colegio electoral. Se los comparto. Florida es el más relevante, cuenta con 29 votos electorales. Biden está adelante con 5 puntos porcentuales. Pensilvania cuenta con 20 votos y en esta entidad Biden va adelante de Trump, con 6.5 puntos. En Michigan que tiene 16 votos, Biden tiene una ventaja de 7.5 puntos.

En Calorina del Norte, Wisconsin, Arizona y Minnesota, que representan el 46 por ciento de los votos del colegio electoral, son también determinantes, por lo que, todos ellos, aportan en conjunto al candidato del Partido Demócrata, (111 votos definitorios, (el 46 de votos) a favor de Biden.

Esto es solo lo cuantitativo. Lo cualitativo es otro rubro, pues la elección norteamericana no depende, propiamente de lo partidista e ideológico, sino de la diversidad étnica ya que el sufragio es, cuantitativamente, racial. Vea usted. La población anglosajona (blancos), tienen el 44 por ciento de la intención de votos a favor de la relección de Trump, contra el 43 por ciento de Biden.

En lo que se refiere a la población afroamericana, Biden tiene un porcentaje del 79 por ciento de votos a su favor, contra solo el 5 por ciento de los simpatizantes de Trump, que como es de conocimiento de todos, fomenta la discriminación racial.

Es evidente que Trump no pude atraer el voto de los afroamericanos que, como es de dominio público, los ha agredido y sobajado en forma grotesca y violenta y, con ello, detonado una sublevación racial de millones de afroamericanos equiparable a la del asesinato de Martin Luther King, décadas atrás.

En relación a la población hispana Biden cuenta con el apoyo del 64 por ciento del voto de ciudadanos, en tanto que Trump alcanza solo el 25 por ciento, y pude decaer aún más con su política de cancelar las becas a los jóvenes hispanos que promovió el expresidente Obama y desde el inicio de su mandato ha impuesto una agresiva política migratoria de América Latina y en particular de México y Centroamérica, que tiene como blindaje el cierre de las fronteras con el Muro Fronterizo, y la deportación de cientos de miles de adultos jóvenes e incluso niños.

El Presidente de México, por su parte, en la conferencia en la Casa Blanca se enfocó únicamente en las ventajas que el T-MEC tiene para la América del Norte ese acuerdo comercial, en lo que se refiere a la inversión, productividad y los derechos y salarios de los trabajadores, en comparación al Tratado de Libre Comercio anterior.

No cayó en el garlito que Trump le puso en dos ejes, que AMLO desde su campaña y su gobierno ha priorizado, como es el “combate a la corrupción” y abrir el “poder al pueblo”, que el Presidente de EU consideró eran insignias que le podrían ser útiles a su campaña electoral, particularmente a los 38 millones de mexicanos que radican en su nación.

Habló sí, de las relaciones de amistad y colaboración que el T-MEC ha abierto las puertas a las tres naciones para sortear la crisis de la pandemia del coronavirus ha sacudido la economía global en decadencia, de la cual, Trump aún no ha entendido. Tan es así que ese mismo día, rompió relaciones con la Organización Mundial de la Salud y en compensación política, ofreció a México aportar más ventiladores para atender los contagios del COVID-19.

Trump se enfocó en sacar raja de esta crisis humanitaria para dar sustento a su ambición de reelegirse, sin tomar en cuenta que China ha aportado a México una cantidad superior de ventiladores y la Organización Mundial de la Salud, lo ha catalogado como un país de los más solventes en políticas de salud.

López Obrador, no se dejó engatusar. Diplomáticamente, rindió homenaje a dos próceres de la historia de Estados Unidos y México: Abraham Lincon, presidente de EU que puso fin a la esclavitud y Benito Juárez presidente de México cuyo apotegma “Entre los individuos como entre las Naciones del Derecho Ajeno es la Paz.”, es reconocido y asumido, como un principio fundamental, por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Me llamó mucho la atención que ambos mandatarios no hicieran eco de los cuestionamientos que múltiples medios y articulistas propagaron en el sentido de habría un choque entre los dos presidentes; que Trump pondría énfasis en la cuestión migratoria, el trafico de armas y drogas y la inseguridad y violencia que ¡oh ¡sorpresa ¡dejó mucho que desear.

También el que la comitiva de AMLO, estuviera integrada por granes magnates y directivos de periódicos y programas de radio y televisión. Para sorpresa de todos los que aseguraban que era insólito ese encuentro de esos dos personajes adversos política e ideológicamente pondría en riesgo a AMLO la “soberanía del país”. En el caso de México y, desde luego, del Presidente de EU, el que – lo dijeron a toda voz, sometería al presidente de México y lo obligaría a subordinarse a Trump.

Afortunadamente no fue así. Ambos presidentes – en particular Trump—dejaron en claro en sus breves exposiciones, que no había ninguna adversidad ni conflicto entre ambas naciones, para sorpresa de sus adversarios.

Dicho en manera coloquial: Cada uno de los dos mandatarios, desgrano la mazorca conforme a sus intereses. Trump lo visualizó – como lo señalamos líneas arriba—como un elote asado entre el humo sofocante que está viviendo, para atraer a los mexicanos residentes en Estados Unidos en apoyo a los comicios de próximos en noviembre en el que aspira a relacionarse.

AMLO, por su parte, desistió de someter su mazorca al fuego (conflicto). Opto por aliñar el maíz de la mazorca que todavía está en la planta que la produjo que fue recientemente cosechada en la que los granos todavía guardan la humedad natural, (T-MEC) que para muchos de sus críticos es lo mismo.

En consecuencia, no hay vencedores ni vencidos. Cada uno de los dos presidentes tiene su guiso diferente. AMLO es buen cocinero. A su primera reunión de esta cocina, le puso sazón con la detención en Miami Florida del ex gobernador de Chihuahua, César Duarte que nadie esperaba. Pero eso es harina de otro costal que abordaremos en nuestra próxima “Reflexiones en Voz Alta”.
Veremos y Diremos.