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Carlos A. Pérez Ricart

12/07/2022 - 12:04 am

La crisis de homicidios en Estados Unidos

“Ya veremos lo que sucede en Estados Unidos en el mediano plazo. ¿Funcionaran los nuevos programas de prevención que han comenzado a implementar algunas policías locales? ¿Continuaremos viendo altas tasas de homicidio en nuestro país vecino?”.

“(…) en Estados Unidos el 79 por ciento de los homicidios son perpetrados por un arma de fuego —el porcentaje más alto en el mundo”. Foto: Jae C. Hong, AP

Tan inmersos estamos en nuestras cosas, que apenas tenemos tiempo para mirar lo que pasa afuera. No está ni mal ni bien; es así.

Estamos acostumbrados a las estadísticas de violencia en México. Acostumbrados no es la palabra; estamos hartos. ¿Pero, sabemos que pasa en otros lares, por ejemplo, en Estados Unidos? En aquel país —pauta de todo lo bueno, para algunos, y modelo de todo lo malo para otros— ocurrieron en 2020 27 por ciento más homicidios que en 2019. En 2021 volvieron a aumentar y los números de 2022 son todo menos favorables.

La cifra actual de homicidios en Estados Unidos es de 7.5 por cada 100 mil habitantes al año, la tasa más alta desde 1996. Esto equivale a 24 mil 500 homicidios. ¿Cuáles son las explicaciones? En la academia se esbozan dos razones.

En primer lugar, la pandemia. En Estados Unidos, quizás más que en otros países, la tragedia ocasionada por COVID redireccionó servicios sociales a otras áreas. Trabajadores sociales, usualmente vinculados a temas de prevención de violencia, tuvieron que enforcarse (cuando pudieron) en otros campos de la salud. En ese cambio —transitorio y mal planeado— fueron abandonadas miles de potenciales víctimas y victimarios. Además, con el cierre de las escuelas y otros centros de educación, se generaron más oportunidades de asociación de las usuales para redes criminales.

En segundo lugar, el exceso de armas en circulación. Los datos de las armerías y los grandes almacenes apenas dejan lugar a dudas: nunca antes los ciudadanos estadounidenses compraron armas como en los últimos dos años. ¿Por qué? La explicación no es clara, pero la literatura menciona dos causas: la necesidad de protección ante la situación de pandemia en zonas rurales y l los bajos precios del periodo 2020-2021. El hecho es que la compra (y la producción) de armas se han disparado en los últimos años; ese exceso del circulante ha generado, según esta tesis, un aumento en las cifras de homicidio. El tema no es menor pues en Estados Unidos el 79 por ciento de los homicidios son perpetrados por un arma de fuego —el porcentaje más alto en el mundo.

Algunos investigadores ofrecen explicaciones más estructurales: el crecimiento de la operación de redes de narcotráfico en grandes ciudades y el aumento de la desigualdad social generada por la pandemia. Otros investigadores han inquirido, quizás de manera acertada, en los problemas de salud mental ocasionados por el encierro y que pueden ser la variable que explique el impresionante aumento de masacres y tiroteos.

Cualquiera que sea la causa, lo cierto es que la posibilidad de ser asesinado en Estados Unidos no es igual para todos. Los afroamericanos tienen ocho veces más posibilidades de morir por homicidio que sus pares blancos. Como en otros países del mundo, las victimas y victimarios de homicidio suelen ser hombres, en casi un 80 por ciento. Además, la violencia es desigual según la geografía. Mientras algunas grandes ciudades tienen tazas de violencia similares a las de los países más pacíficos del mundo, las de otras ciudades en Estados Unidos son similares a los lugares más peligrosos de México. El caso más emblemático es el de New Orleans, ciudad que terminó el año pasado con una tasa de homicidio de 72 por cien mil habitantes, similar a la de Tijuana o Juárez. Otras ciudades que concluyen con índices más altos de violencia que, por ejemplo, Celaya o Culiacán, son Baltimore (59 por cada 100 mil habitantes) o San Luis (58 por cada 100 mil habitantes).

Es imposible mirar las cifras de homicidios en Estados Unidos y no compararlas con las de otros países —así llamados— desarrollados. Alemania, por ejemplo, terminó el año 2020 con solo 245 homicidios, una cifra bajísima para un país de 80 millones de habitantes. El Reino Unido, Italia, Francia, Australia y una veintena de países más tienen tasas que casi nunca superan los dos homicidios por cada cien mil personas. Canadá, que comparte frontera y un contexto cultural similar al de Estados Unidos, cerró 2020 con exactamente 743 homicidios.

Por último, no deja de ser sorprendente que, a pesar de la crisis de homicidios en Estados Unidos, en México hayamos visto, primero, una estabilización de éstos y, después, una pequeña reducción en 2021.[1] Las cifras mexicanas, de acuerdo, no son para echar cuetes, pero es afortunado que en nuestro país no ocurriese un spillover de la violencia homicida, tal como anticiparon algunos criminólogos un par de años atrás.

Ya veremos lo que sucede en Estados Unidos en el mediano plazo. ¿Funcionaran los nuevos programas de prevención que han comenzado a implementar algunas policías locales? ¿Continuaremos viendo altas tasas de homicidio en nuestro país vecino? ¿Impactarán éstos sobre las dinámicas violentas en las ciudades fronterizas? Es pronto para saberlo. Una cosa es cierta: a veces es bueno dejar de estar ensimismados en nuestras cosas para entender que, la violencia, como todo, lo bueno y lo malo, no es endémico de México. No es consuelo de muchos ni consuelo de tontos; es una realidad.


[1] Véase: Carlos A. Pérez Ricart, Homicidios en México 2021, Sin Embargo, 8 de febrero de 2022. Disponible en: https://www.sinembargo.mx/08-02-2022/4119058

Carlos A. Pérez Ricart
Carlos A. Pérez Ricart es Profesor Investigador del CIDE. Es uno de los integrantes de la Comisión para el Acceso a la Verdad y el Esclarecimiento Histórico (COVeH), 1965-1990. Tiene un doctorado en Ciencias Políticas por la Universidad Libre de Berlín y una licenciatura en Relaciones Internacionales por El Colegio de México. Entre 2017 y 2020 fue docente e investigador posdoctoral en la Universidad de Oxford, Reino Unido.
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