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Ciudad de México, 12 de agosto (SinEmbargo).- Bien parado en el plato, a la espera de del lanzamiento preciso, una pelota lo impacto en el cuerpo a pesar de hacer el intento de quitarse. El silencio de la grada observó al bateador enfurecido yendo hacia el montículo para encarar al agresor por su mal tino, o por su provocación. Al llegar frente a él, levantó la mano mirando a la orquesta que había en las tribunas. Los músicos comenzaron a tocar un danzón mientras el agredido tomó de la mano al pitcher y se pusieron a bailar. Era el año 1940, un tipo de mirada sencilla era un ídolo que se convertiría en leyenda mundial. La gente que veía el partido, soltó una carcajada por el humor de Mario Fortino Alonso Moreno Reyes, mejor conocido como “Cantinflas”(1911-1993), al que nunca le dolió el golpe de la bola, mientras disfrutaba del diamante, una pasión deportiva que llevó hasta el final de sus días.

El empresario Alejo Peralta Díaz y Ceballos fue un hombre de bigote fino y frente amplia. Impulsor del deporte desde temprana edad fundó a una institución emblemática del béisbol mexicano. Los Tigres de México nacieron campeones en 1955 conquistando el título en su primera temporada en la liga mexicana de la pelota caliente. El parque del seguro social vivió, a partir de ese momento, memorables partidos de la pelota caliente siempre con la intención de seguir ganando campeonatos. Una institución que acaparó los sentidos de Cantinflas quien había hecho una buena amistad con el dueño visionario. Desde el palco, los dos hablaban de béisbol, de la vida y de lo que se les fuera ocurriendo. Siempre con la risa de por medio, el aficionado ilustre gozaba de una de sus grandes pasiones.

El Chaplin mexicano nació un día como hoy bajo el cobijo de un barrio de historias bravas como ejemplares como Santa María la Ribera, para después crecer en Tepito. Miembro de una familia de muy bajos recursos intento cumplir con el sueño americano pero falló al intentar cruzar la frontera. Se refugió en el box para intentar ganarse la vida. Habilidoso con los guantes, comenzó con toda la ilusión de poder brillar en este deporte entrenándose con seriedad. Lo quiso siempre, pero fue un nocaut, que lo puso con la cara en la lona, lo que cambió sus perspectivas para el beneplácito de varias futuras generaciones que entendieron lo que pasaba en el país bajo la visión del señor Moreno.

“Entender a ‘Cantinflas’ es comprender lo que ha pasado en México en todo el siglo pasado”, declaró Gregorio Luke, director del Museo de Arte Latinoamericano en una perfecta definición sobre el legado que el comediante dejó en las personas de este país, que después se reflejaría al resto del mundo. Mario Moreno alcanzó su misión de vida a los 25 años con “No te engañes corazón”, su primera película. Del apodo, hay un sinfín de teorías, la más plausible, la que genera más empatía es aquel insulto de un espectador ante el balbuceo recurrente del Mario Moreno sobre la carpa donde actuaba sin que sus padres lo supieran. “¡Cuánto inflas!”, escuchó Mario sobre su forma de improvisar el diálogo olvidado.

La Real Academia de la Lengua Española, aceptó el verbo Cantinflear gracias al aporte sociocultural que el humor de un actor le regaló al mundo. La forma de hablar durante largo tiempo sin decir nada, pasó de ser un simple estilo personal, a marcar para siempre una forma de entender el mundo. “Cantinflas” es junto a Pedro Infante, un referente nacional dentro de una gran lista de personalidades que han hecho de México un lugar donde talento y creatividad se juntan para generar algo nunca antes visto. Dentro de esa personalidad, el humano Mario satisfacía sus pasiones con el ruido de un bat pegándole a una pelota o la estética de un doble play. Los Tigres de México fueron siempre el deseo humano de quien hacia reír a millones con sus ocurrencias.

De pronto, en la calle o en el estadio, se escuchaba el “¡Ahí está el detalle! Que no es ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario”, nacido en el cerebro de Cantinflas. Con el mundo rindiéndole tributos, mandatarios de todo el planeta pisaron suelo mexicano en 1993 para darle un último adiós a un genio crecido en Tepito para alzar a lugares inimaginables el argot de la calle de este país. Más de 50 películas con ganancias incalculables en lo sentimental, pero valuadas en millones de dólares que serían disputados por su familia, siguen generando lo mismo que la primera vez.

Con Alejo Peralta formó un compadrazgo que nunca fue disimulado. Era el aficionado ferviente alejado del escenario con la misma sonrisa larga que se entregaba a nueve entradas como un mortal más. Humanitario y solidario, su pérdida significó un gran vacío en épocas socialmente movedizas en el país. Homenajes en todo el mundo se alzaron para reconocerlo. Su forma de hablar ha sido analizada por psicólogos y filósofos a la par del televidente común que solo se dedicaba a disfrutar. “La primera obligación de todo ser humano es ser feliz, la segunda es hacer feliz a los demás”, dijo Don Mario Moreno, quien le mostró al mundo que a la eternidad se llega por medio de un legado. A 20 años de su muerte, el sigue haciendo feliz a los demás.

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