“Ante la destrucción que dejaba la tala ilegal, la familia Zamora y la comunidad interpusieron en 1998 las primeras denuncias formales”. Foto: Cuartoscuro

Por Centro Prodh

Postal 1: El bosque que sacia la sed de la capital

El 75 por ciento del agua que consume la Ciudad de México proviene de la que captura el Gran Bosque de Agua, situado entre la capital del país y los estados de México y Morelos. Estos parajes contienen también al 2 por ciento de la biodiversidad mundial. Se trata de un espacio que no nos podemos dar el lujo de perder sin comprometer la viabilidad de la ciudad. Sin embargo, este enclave se encuentra dentro de una de las 15 regiones críticas de tala ilegal, de acuerdo con la Profepa, y se calcula que podría desaparecer en 50 años.

San Juan Atzingo es una comunidad tlahuica ubicada en Ocuilan, Estado de México. Sus habitantes gozan de 10 mil 800 hectáreas de este bosque más 14 mil 800 de uso agrícola. La familia Zamora Gómez es parte de la comunidad.

Postal 2: La defensa del Gran Bosque de Agua

Ante la destrucción que dejaba la tala ilegal, la familia Zamora y la comunidad interpusieron en 1998 las primeras denuncias formales; pasaron seis años para que las autoridades responsables comenzaran con operativos de vigilancia. Como la tala continuaba, en 2006 don Ildefonso emprendió nuevas denuncias con pruebas que mostraban a los taladores ilegales en flagrancia.

La comunidad inició también campañas de reforestación que continúan al día de hoy. Decenas de habitantes de San Juan Atzingo plantan miles de nuevos arbolitos cada semana, en un intento de reparar los daños que los talamontes van dejando. Saben que tienen el tiempo en contra.

Esta titánica labor ha sido acompañada por Greenpeace. En junio de 2007, el presidente Felipe Calderón entregó a don Ildefonso Zamora la mención honorífica del Premio al Mérito Ecológico.

Postal 3: El costo de defender lo que es de todos

Los intereses afectados por la labor de la familia Zamora no han permanecido quietos. Tras las denuncias de 2006, don Ildefonso fue amenazado con darle “en donde más le dolía”. Unos meses después, sus hijos Aldo y Misael fueron emboscados. Aldo perdió la vida y Misael quedó gravemente herido. El dolor inundó a la familia, pero el amor por la tierra los mantuvo en la defensa del bosque. Desde entonces, han mantenido su trabajo bajo constante hostigamiento.

Sin embargo, esto no ha sido el único intento de detener su labor. Tal y como lo documentó un informe conjunto de la ONU-DH y la CIDH, “Ampliando el espacio democrático”, las actividades de los defensores de la tierra son habitualmente obstaculizadas mediante el uso indebido de la legislación penal, haciendo acusaciones infundadas que no respetan los derechos humanos.

Postal 5: El uso desviado de la justicia

En 2015, don Ildefonso fue acusado falsamente de un robo y enviado a prisión. Fue nombrado preso de conciencia por Amnistía Internacional y, tras demostrarse la falta de pruebas, fue liberado en 2016. Sin embargo, las malas condiciones durante los nueves meses de cárcel y las heridas infligidas durante la detención mermaron su salud. Misael tomó el liderazgo.

Cuando apenas habían pasado dos años de la liberación de don Ildefonso, Misael fue aprehendido y acusado, falsa y paradójicamente, de tala ilegal. La defensa de Misael, asumida por el Centro Prodh, ha señalado que la acusación se sustenta en pruebas fabricadas y violatorias de sus derechos humanos que han sido convalidadas por el juez de control y por un tribunal. Por ello se interpuso un amparo que busca echar atrás la decisión de vincularlo al proceso penal. El 17 de julio, el Juez Cuarto de Distrito en Materias de Amparo y Juicios Federales en el Estado de México admitió la demanda y suspendió provisionalmente el juicio hasta analizar la actuación del Juez de Control. Posteriormente, el 7 de agosto, el juicio fue suspendido definitivamente hasta en tanto no se resuelva el amparo.

El fin del injusto proceso contra Misael puede tener dos vías: que la Fiscalía General de Justicia del Estado de México se desista de la acusación contra Misael o que el Juez de Distrito invalide el proceso.

Las personas indígenas defensoras del territorio son también defensoras de derechos humanos. Al cuidar parajes tan importantes como el Gran Bosque de Agua, la familia Zamora y los habitantes de San Juan Atzingo también han cuidado de nuestros derechos al medio ambiente sano, al agua y a la salud. Es momento de que la Fiscalía y el Poder Judicial den muestras de que están del lado de la justicia y de que la sociedad reconozca y defienda a quien ha dado incluso la vida por cuidar de nuestro futuro.