La composición pertenece a Chicano: 25 Pieces of Chicano Mind, impreso por el propio escritor. El poemario da voz a los campesinos y mexicanos que sufrían la opresión del anglocentrismo por su lenguaje, nacionalidad y color de piel.

Abelardo decía que una literatura norteamericana que no considerara a las letras chicanas –al igual que a las tradiciones negra, asiática y nativa– permanecería incompleta, pues son culturas inseparables de una nación de migrantes. “Stupid America” condensa este sentir.

Por María del Carmen Rascón Castro

Ciudad Juárez, Chihuahua, 12 de octubre (JuaritosLiterario).- Me hubiera gustado conocer a Abelardo Delgado. Sé que le decían “Lalo” y que alguna vez le otorgaron el título de “Don” de la poesía chicana. Pocos saben que nació en Chihuahua, específicamente en La Boquilla de Conchos, donde había una pequeña villa, un quiosco, una iglesia y varias casas de adobe. También sé que cumplía años cada 27 de noviembre y que nació en 1931. De niño le gustaba leer tiras cómicas, como El Pepín y El Chamaco Chico. Tenía doce años cuando emigró a los Estados Unidos junto a su madre.

No tardó en aprender inglés. Su primera protesta organizada se debió a que se negó a cantar el himno nacional de Estados Unidos en su nueva escuela, incitando a los demás para que cantaran el mexicano. Una semana después, los niños de sexto grado coreaban vivas a México. En el barrio chicano donde residía, todo aspecto de autoridad resultaba extraño, incluso los sacerdotes de la iglesia eran como extranjeros.

Lo que guardaba en común con los otros barrios era la raza, pero una bien amolada. A Delgado le hubiera gustado conservar lo bueno de ese barrio pobre, el espíritu de amistad y familia, pero destruir lo inicuo, vivir sin cucarachas, chinches, basura y drogas.

Pagó en abonos su primera máquina de escribir y, en un principio, no quiso mecanografiar en inglés para visibilizar el español. Esta libertad era, para Abelardo, la principal característica de la literatura chicana, pues les permitía expresarse con una naturalidad, previamente calculada y meditada, que provocaba determinados efectos. Si bien se nota la influencia predominante del inglés, por ser la lengua en que han sido educados, su escritura se encuentra salpicada de caló, regionalismos y expresiones agramaticales que le dan un color particular.

Además, los valores culturales son distintos y se expresan de manera singular en las páginas y versos. Delgado estaba convencido de que una literatura norteamericana que no considerara en su canon a las letras chicanas –al igual que a las tradiciones negra, asiática y nativa– permanecería incompleta, pues estas culturas le son inseparables a una nación de migrantes.

El poema “Stupid America”, condensa este sentir, además de permitir una lectura como si de un manifiesto se tratase, con todo y su poética ligada a un significado histórico:

stupid america, see that chicano

with a big knife

on his steady hand

he doesn’t want to knife you

he wants to sit on a bench

and carve christfigures

but you won’t let him.

stupid america, hear that chicano

shouting curses on the street

he is a poet

without paper and pencil

and since he cannot write

he will explode.

stupid america, remember that chicanito

flunking math and english

he is the picasso

of your western states

but he will die

with one thousand masterpieces

hanging only from his mind.

La composición pertenece a su libro más conocido, Chicano: 25 Pieces of Chicano Mind, impreso por el propio escritor bajo el sello de Barrio Publications. El poemario da voz a los campesinos, chicanos y mexicanos, que sufrían la opresión del anglocentrismo, siendo discriminados y segregados a causa de su lenguaje, nacionalidad y color de piel. El cuadernillo, de apenas 39 páginas y con algunas ilustraciones, se vendió por un dólar con 50 centavos. Una metáfora de “El Inmigrante” se quedará para siempre conmigo: el cariño a la tierra se mama de una chichi prieta.


La información presentada en estas líneas se encuentra en los archivos de la Colección Latinoamericana Nettie Lee Benson, de la Universidad de Texas en Austin, a [email protected] [email protected] dedico este ensayo.