Después de la renuncia de Evo Morales, Jeanine Áñez se declaró este martes Presidenta de Bolivia.  “Asumo de inmediato la Presidencia del Estado”, dijo la Senadora de oposición.

Abogada de profesión, antes de dedicarse de lleno a la actividad política Áñez fue por un tiempo presentadora de la televisora Totalvisión -la cual también dirigió- en su natal Trinidad, capital del departamento amazónico de Beni, al noreste del país y cuya principal actividad económica es la ganadería.

Por Carlos Valdez y Paola Flores

LA PAZ, Bolivia (AP/SinEmbargo) — La Senadora opositora Jeanine Áñez sorprendió la tarde del martes al autoproclamarse Presidenta interina de Bolivia.

La decisión podría incrementar las tensiones porque se tomó en una sesión rápida sin respetar los protocolos de la Asamblea Legislativa y sin que este cuerpo reuniera un quórum que la respaldara.

El ahora ex Presidente Evo Morales dejó el poder el domingo acorralado por la presión de las fuerzas armadas y las protestas sociales tras las polémicas elecciones generales del 20 de octubre.

Sobre la autoproclamación de Áñez, Morales dijo que se trata de un golpe que se consumó “sobre la sangre de hermanos asesinados por fuerzas policiales y militares”.

Previo al nuncio de Áñez, legisladores del Movimiento Al Socialismo (MAS), el partido del expresidente y con mayoría en el Congreso, alegaron falta de seguridad en La Paz para que arribaran los representantes de otras regiones y cuestionaron los procedimientos.

Según Juan Cala, diputado de ese grupo, la sesión era ilegal porque “el primer paso es recomponer las directivas de las cámaras ante las renuncias”. Agregó que sólo 20% de los 119 legisladores del MAS llegaron a La Paz y el resto no lo pudo hacer por falta de garantías.

La policía militar patrulla una marcha de simpatizantes del expresidente Evo Morales al entrar a La Paz, Bolivia, el martes 12 de noviembre de 2019. Foto: AP

La Asamblea tiene 136 miembros entre senadores y diputados.

Áñez, que había convocado a la sesión, dijo que los legisladores debían aprobar la carta de renuncia de Morales y definir al sucesor interino.

“El país vive momentos dramáticos y todos los parlamentarios tenemos la obligación de dar certezas”, dijo más temprano, en rueda de prensa ante las dudas sobre la llegada de los legisladores del MAS.

Las movilizaciones seguían activas en La Paz, donde aviones militares ocasionalmente sobrevolaban la ciudad realizando patrullajes.

Gran número de partidarios de Morales, que el martes llegó a México tras haber recibido asilo político de ese país, estaban en las afueras de la Asamblea boliviana, en el centro histórico de La Paz.

Partidarios del expresidente Evo Morales llevan banderas wiphala que representan a los pueblos indígenas, mientras marchan en El Alto, Bolivia, el martes 12 de noviembre de 2019. Foto: AP

Personas afines al exmandatario que portaban la bandera indígena llamada Whipala llegaron a las afueras de la Plaza Murillo, donde se localizan el palacio presidencial y la Asamblea. “¡Evo, amigo, El Alto está contigo!”, gritaban en referencia a la ciudad vecina a La Paz.

Bolivia vive un vacío de poder desde el domingo en la tarde cuando, tras más de 13 años en el poder, Morales dimitió.

El ex mandatario llegó a Ciudad de México en un avión de la fuerza área mexicana el martes al mediodía junto al que fuera su vicepresidente, Álvaro García, y una de sus ministras, Gabriela Montaño, con un mensaje de agradecimiento al Presidente Andrés Manuel López Obrador que, según dijo, le salvó la vida al concederle el asilo político.

También expresó su firme compromiso de seguir en política. “Sepa el mundo entero, no por este golpe voy a cambiar ideológicamente”, aseguró. “Mientras tenga la vida, sigue la lucha”.

Mientras tanto, La Paz parecía una ciudad sitiada. Las patrullas del ejército en las calles evitaban los ataques de grupos violentos que la víspera quemaron varias unidades policiales en La Paz y Cochabamba y saquearan propiedades privadas y comercios. Cientos de vecinos amanecieron en medio de barricadas improvisadas en las bocacalles para protegerse de posibles ataques. El transporte público era escaso.

Un soldado inspecciona una camioneta que transporta pasajeros en El Alto, en las afueras de La Paz, Bolivia, el martes 12 de noviembre de 2019. Foto: AP

“Ha sido una noche de miedo. No pude dormir, me pasé rezando”, dijo a The Associated Press Yorka López, un ama de casa que salió temprano para repartir café caliente entre sus vecinos en la calle, en su mayoría jóvenes.

En tanto, José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch dijo que ante la “gravedad de la crisis, los estados miembros de la OEA deben proponer fórmulas que permitan el inmediato el restablecimiento del estado de derecho y garanticen los derechos fundamentales”.

“La policía fue rebasada”, dijo la víspera el comandante general de esa fuerza, Yuri Calderón. Ante la situación, el ejército fue llamado a ayudar a restablecer el orden público.

“Vamos a ayudar a controlar a estos grupos vandálicos violentos que están sembrando terror en la población”, dijo la víspera el jefe de las fuerzas armadas, William Kalimán.

Las protestas estallaron hace 20 días luego de acusaciones de fraude electoral a favor de Morales, que buscaba su reelección para un cuarto mandato. El informe de una auditoría electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA) encontró irregularidades, cuestionó la mayoría reclamada por el dirigente y recomendó nuevos comicios, lo que desencadenó los hechos que precipitaron la dimisión del mandatario.

Morales acusó a los opositores de haber consumado un golpe de Estado en su contra mientras éstos afirmaron que se trató de un movimiento social que se alzó en contra del fraude.