¿Se repetirán los errores de gobiernos anteriores buscando desarrollar sus proyectos? Foto: Saúl López, Cuartoscuro

Aunque nací en el centro de México, parte de mi vida transcurrió en el sureste, aprendí a vivir entre condiciones asombrosamente contrastantes, por un lado, en un contexto territorial donde la naturaleza es asombrosamente cálida, bella, diversa y muy tropical y por el otro, las asombrosas maneras en que los grupos de interés y las políticas gubernamentales se empeñaron en destruirlos de manera sistemática en pos de hidroeléctricas, petróleo, madera, metales, minerales, ganado y desarrollos de infraestructura turística y vivienda, los cuales son bienes y servicios necesarios para esa región, pero que se han obtenido a un altísimo costo ambiental, que de paso ha dado lugar a una alta desigualdad socioeconómica.

También conocí la historia del sureste, su aislamiento histórico del resto del país, sus potenciales, sus aspiraciones para lograr un desarrollo social y económico. Pero, me sorprendió la forma en la que se apreciaba el ambiente, era tan noble, que parecía que podíamos alterarlo sin problema, pues pensamos que se iba a recuperar por sí solo.

Ahora, se ha planteado la construcción de un tren maya, que puede dar un impulso sin precedentes al progreso de la región sureste, pero me pregunto, ¿es eso lo que realmente se necesita? ¿Hay estudios de su factibilidad? Y si los hay ¿los han dado a conocer, para normar nuestras opiniones? ¿Se repetirán los errores de gobiernos anteriores buscando desarrollar sus proyectos? Como iba a ocurrir con el nuevo aeropuerto en el lago de Texcoco.

La toma de decisiones para los grandes proyectos que influyen en la vida de miles de personas y afectan nuestro patrimonio y capital natural no debe hacerse por unas cuantas personas o por un grupo de interés. Tampoco debe someterse a consultas donde prive la desinformación. Deben ser ideas o procesos generales transparentes que emerjan de una planeación de largo plazo y con una clara visión de sustentabilidad.

Es importante que cada idea o necesidad importante a nivel nacional o macro regional sea sometida a un análisis estratégico que evalúe de manera imparcial las posibles opciones para desarrollar los proyectos que solucionen la necesidad o idea.

Esta evaluación debe ser hecha por un equipo amplio e interdisciplinario de expertos tanto en su disciplina como en evaluaciones de esta naturaleza, que tiene que hacer las preguntas correctas: si queremos jugar con aviones la pregunta podría ser: ¿cómo mejoramos la conectividad aérea del Valle de México y para qué queremos hacerlo? Si queremos jugar a los trenes: ¿qué tipo de movilidad requiere el sureste de México para promover un desarrollo equitativo y por supuesto sustentable?

Una vez clara la pregunta, la evaluación debe tomar en cuenta los factores ambientales, sociales, económicos y culturales que sean importantes y críticos para la construcción de escenarios tendenciales y con ello, establecer las características de los posibles caminos a tomar. Es imprescindible decidir algún camino u opción, sobre una base analítica de sus riesgos y oportunidades. Ya definida la opción, se requiere proponer un marco para la gestión que incluya procesos de planeación, gestión, gobernanza y evaluación continua. Si esto les suena como una evaluación ambiental estratégica, eso es, un instrumento ahora mundialmente considerado para analizar los grandes planes, políticas y programas, antes siquiera de concebir un proyecto.

Como este ejercicio no estará exento de posibles errores es necesario desarrollarlo bajo un ambiente de manejo adaptativo que permita considerar posibles cambios que favorezcan alcanzar los objetivos y metas del proyecto. En esta etapa la participación de los habitantes, organizaciones, instituciones y grupos de interés para el análisis de la propuesta y sus implicaciones son una condición para la aceptación y compromiso con el camino elegido.

Así, de manera anticipada, sabremos las reglas del juego, y como cuando niños, no habrá discusiones y peleas, creceremos fuertes y sanos, directos, sin trampas, sin engaños.