Los migrantes, en su mayoría de Centroamérica, pero también de Asia, África y el Caribe, llevan años usando estos albergues en su travesía por México. Muchos emprenden el azaroso recorrido hacia la frontera estadounidense con poco más que un morral, haciendo mucha parte del camino a pie. Los refugios, que también ofrecen alimentos, ropa, atención médica e incluso asesoría legal a los migrantes, son financiados en su mayoría por organizaciones religiosas y no gubernamentales.

Por Parker Asmann

Ciudad de México, 13 de enero (InSight Crime).– La pandemia del coronavirus forzó a los albergues de migrantes en México a cerrar o limitar su capacidad, exacerbando la ya precaria situación de los migrantes vulnerables a la depredación de los grupos criminales.

Más de 40 albergues que ofrecen refugio a los migrantes que viajan por México de camino a Estados Unidos han cerrado temporalmente o reducido sus operaciones, para impedir la propagación de la COVID-19, según información de Reuters.

En marzo de 2020, por ejemplo, la Casa del Migrante de Saltillo, capital de Coahuila, al norte de México, dejó de aceptar nuevos migrantes y solicitantes de asilo. Reabrió siete meses después en octubre, pero un brote de COVID-19 los obligó a cerrar de nuevo a finales de diciembre, luego de que su fundador, el sacerdote Pedro Pantoja, muriera a causa del virus.

Los migrantes, en su mayoría de Centroamérica, pero también de Asia, África y el Caribe, llevan años usando estos albergues en su travesía por México. Muchos emprenden el azaroso recorrido hacia la frontera estadounidense con poco más que un morral, haciendo mucha parte del camino a pie. Los refugios, que también ofrecen alimentos, ropa, atención médica e incluso asesoría legal a los migrantes, son financiados en su mayoría por organizaciones religiosas y no gubernamentales.

En años recientes, las medidas de fuerza contra los migrantes los han forzado a recurrir a rutas irregulares y peligrosas, que los dejan a merced de las bandas criminales al acecho.

“Sabemos que las bandas nos vigilan, y saben que nosotros las vigilamos”, declaró a Reuters un migrante hondureño de 27 años.

ANÁLISIS DE INSIGHT CRIME

Los albergues ofrecen una cuerda salvavidas para los migrantes que recorren México, quienes están en constante peligro a manos de criminales de cualquier índole.

Los migrantes que se hospedan en albergues tienden a encontrarse desprotegidos, viajando solos e incapaces de pagar por los servicios de algún coyote, señaló Stephanie Leutert, directora de la Iniciativa de Seguridad para México en la Universidad de Texas en Austin.

“Los guías pagan a los grupos criminales una cuota para por moverse en su territorio, lo que es más seguro que ir allá solos”, agregó Leutert en intercambio con InSight Crime.

Con menos albergues disponibles, los migrantes son más vulnerables a robos, extorsión, asaltos y violación por parte de actores criminales locales. Además, las organizaciones criminales transnacionales manejan redes que secuestran a los migrantes para exigir rescates a sus familias en Estados Unidos. Con frecuencia las autoridades y funcionarios de gobiernos mexicanos son cómplices.

Un campamento migrante se instaló alrededor de la Casa del Migrante de Saltillo, luego de que ésta cerrara por un brote de COVID-19. Foto: Cuartoscuro.

“Son presa fácil, a la espera de ser victimizados”, dijo Leutert sobre los migrantes que ahora “quedaron esperando y durmiendo en las calles afuera de los albergues en zonas donde hay presencia de grupos criminales”.

Aun con las limitaciones de recursos, los empleados de los albergues siguen haciendo todo lo que pueden para auxiliar a los migrantes sin importar los riesgos, lo cual ya no sólo incluye la violencia dirigida, sino también la exposición al coronavirus, como sucedió con el padre Pantoja.

Sin los albergues, los migrantes se vuelven menos visibles a quienes buscan ayudarlos, y más desconectados.

“Los albergues permiten compartir información sobre lo que está pasando con los migrantes en su recorrido y los riesgos que pueden enfrentar en el camino, pero con el cierre o la limitación de servicios en esas instalaciones debido a la escasez de recursos y la COVID, se pierde esa interacción estrecha y una gran fuente de información”, comentó Maureen Meyer, vicepresidenta de Programas de la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) y experta en México, en conversación con InSight Crime.

Pero los migrantes también pueden comunicarse entre ellos usando canales informales que siguen existiendo por fuera de los albergues de migrantes para compartir detalles sobre zonas que deben evitarse y servicios de coyotaje recomendables, entre otros, según lo afirmó Jeremy Slack, profesor de la Universidad de Texas en El Paso, y prolífico autor sobre la migración y la frontera México-Estados Unidos.

“Puede que sea más difícil conseguir información sobre las cambiantes políticas migratorias del gobierno o los derechos de los migrantes para solicitar asilo, pero hay tantas formas distintas en las que se comparte información, ya sea por las redes sociales, WhatsApp o por medio de personas que encuentran y con quienes hablan durante en su recorrido”, acotó Slack.

Con la pandemia de coronavirus aún arrasando en México, es posible que los servicios de los albergues para migrantes sigan en el limbo. Pero eso no parece disuadir a quienes huyen de la devastación y los estragos económicos causados por los huracanes y la pandemia, que se presentaron uno tras otro en Centroamérica.

Con menos albergues disponibles, los migrantes son más vulnerables a robos, extorsión, asaltos y violación por parte de actores criminales locales. Foto: Cuartoscuro.

La transición política en Estados Unidos ha renovado las esperanzas de muchos en un nuevo comienzo que deje atrás la violencia, las dificultades socioeconómicas y otros factores que han hecho insostenible la vida en casa.

De hecho, el 5 de enero, las autoridades migratorias de Guatemala anunciaron planes de restringir una nueva caravana que ya planeaba salir de Honduras hacia Estados Unidos.

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