Las familias habían alertado a las autoridades que entre los migrantes desaparecidos podrían encontrarse sus parientes.

Por Sonia Pérez D.

Guatemala, 13 de marzo (AP) — Familiares de los 16 migrantes guatemaltecos asesinados en Tamaulipas, México, repatriados la víspera, enterraron a varios de ellos el sábado en medio del dolor y pedidos de justicia por lo sucedido.

El resto de los migrantes muertos será sepultado el domingo, ya que sus familiares querían más tiempo para velarlos, luego de que los cuerpos llegaran la noche del viernes a San Marcos, departamento fronterizo con México, de donde eran originarios.

En la comunidad de Comitancillo, de donde procedían 11 de los fallecidos, se les ofreció una misa en el estadio local, durante la cual el sacerdote Mario Aguilón Cardona, párroco del templo de Santa Cruz Comitancillo, diócesis de San Marcos, pidió en su homilía justicia, y dijo que Tamaulipas era ahora un lugar de huesos, en referencia a la violencia contra los migrantes.

“¡Nunca más!”, imploró el sacerdote. “Nunca más a la violencia a los migrantes”.

“Gracias a que Santa Cristina (una de las fallecidas) envió un mensaje de teléfono de donde estaban pudimos saber de ellos, sino estarían enterrados en una fosa común”, señaló el sacerdote.

Ricardo García sostiene un retrato de su hija Santa Cristina García, que forma parte de los migrantes guatemaltecos asesinados. Foto: Moises Castillo, AP.

Ricardo García, padre de Santa Cristina García, una joven de 20 años que estaba migrando en busca de una oportunidad para apoyar a su hermana menor que requiere operarse el labio leporino, dijo que se sentía más tranquilo al recibir el cuerpo de su hija y poderlo llevar a su casa.

“Creo que se sacrificó, ella era una buena muchacha”, afirmó.

El 22 de enero, las autoridades mexicanas documentaron el hallazgo de 19 cadáveres quemados dentro de una camioneta calcinada en la comunidad de Camargo, Tamaulipas, al otro lado del río Bravo frente a Texas, una zona marcada durante años por las sangrientas guerras territoriales entre los restos del Cártel del Golfo y el antiguo Cártel de Los Zetas.

Las primeras en dar aviso de que se trataba de migrantes guatemaltecos fueron las familias, que alertaron que entre los fallecidos podrían estar sus parientes, pues habían perdido comunicación con ellos alrededor del 21 de enero y creían que se encontraban por la zona donde fueron hallados los cuerpos.

Una mujer llora sobre el ataúd que contiene los restos de Iván Pablo Tomás, uno de los migrantes guatemaltecos que fueron asesinados en enero cerca de la frontera entre México y Estados Unidos. Foto: Moisés Castillo, AP.

Según versiones, uno de los coyotes que transportaba al grupo informó a las familias de las muertes y éstas, al no tener noticias de ellos, avisaron a las autoridades.

La fiscalía de Tamaulipas identificó los cuerpos a través de muestras de ADN entregadas por las familias de los 16 guatemaltecos. En el lugar también fueron hallados muertos dos mexicanos y una tercera persona que aún no ha sido identificada. También se localizó otro vehículo quemado con placas del vecino estado de Nuevo León.

Hay cinco sobrevivientes que estarían siendo protegidos en Estados Unidos, según el Gobierno guatemalteco.

En México, 12 agentes enfrentan cargos de homicidio, abuso de autoridad y falso testimonio. También el Instituto Nacional de Migración anunció el cese de ocho de sus agentes por irregularidades aparentemente vinculadas con el caso.

La matanza hizo recordar la masacre de 72 migrantes en 2010 cerca de la localidad de San Fernando, también en Tamaulipas. Aquellas muertes fueron perpetradas por un cártel del narcotráfico.

De enero a marzo del presente año Estados Unidos ha deportado a mil 161 migrantes guatemaltecos, según las autoridades.