Foto: Especial

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Ciudad de México, 13 abr (Sin Embargo).- “En ese entonces me daba por tocarme todo el tiempo. Fluía. Me desbordaba. Jugueteaba con mis aguas”. Así comienza Las ninfas a veces sonríen (Alfaguara) nueva novela de Ana Clavel, una escritora cuyo deseo no es provocar, pero provoca, cuyo propósito no es trasgredir, pero mueve mucho las estructuras anquilosadas cada vez que da a conocer un trabajo.

Ana, nacida en ciudad de México en 1961, es consecuente con su proyecto de escritura, lo que no le impide explorar en otros mares, tal como lo ha hecho con esta historia de iniciación de una adolescente, Ada, que propone un autoanálisis y una actividad del propio cuerpo al rescate, en una enunciación turbadora y emocionante de la sensualidad femenina.

Durante la presentación de la novela, llevada a cabo en la librería Rosario Castellanos, Clavel contó con los buenos oficios de la poeta María Baranda y del escritor y periodista Alejandro Páez Varela. Como ella misma dice en entrevista exclusiva con Sin Embargo, “hubo de todo y todo bueno”.

De hecho, tuvo lugar la inauguración del proyecto multimedia “Las ninfas a veces sonríen/ Cinco rutas para explorar el misterio de una sonrisa”, que incluye collages, esculturas, intervenciones y un videoinstalación a partir de la lectura de la novela.

La obra que permanecerá en exhibición hasta el 28 de abril, fue realizada por Rocío Caballero, María Eugenia Chellet, María José Lavín, Maribel Portela y la propia Ana Clavel.

“Cuando estaba escribiendo la novela, de pronto me trabé y entonces, como soy muy visual, le pedí a una amiga actriz que posara donde están las estatuas en Álvaro Obregón. Ella se puso a interactuar con las estatuas, a veces las abrazaba, a veces las miraba pensativa, hasta que de pronto esbozó una sonrisa y encontré el título y la ruta para seguir en la escritura”, dice la también autora de Cuerpo náufrago y Las violetas son flores del deseo, entre otros.

La experiencia dio origen también a un video que forma parte de la exposición en la Rosario Castellanos.

EL PROCESO DE ESCRITURA EN SANGRE VIVA

Foto: Especial

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Lo que hace Ana Clavel con su trabajo en relación con la escultura, la fotografía y el video es mostrar en sangre viva el proceso de escritura de una novela.

“Ha sido un camino un poco azaroso, inusitado que inicié con la novela Cuerpo náufrago, la historia de una mujer que amanece con un cuerpo de hombre con el que descubrí, a lo Duchamp, el mundo de los mingitorios, que inmediatamente comencé a fotografiar”, cuenta Clavel.

“Metí esas imágenes en la novela, siguiendo los preceptos de los ícono-textos de W.G. Sebald y luego armé una exposición en el Centro Cultural de España. Fue cuando descubrí que hay otros caminos para envolver el proyecto literario, no porque dependan de esas nuevas reflexiones, puesto que mis libros son autónomos, sino porque  la exploración en otros campos plantea una nueva osadía”, afirma.

“El arte contemporáneo ha abierto sus fronteras y te permite, si no sabes esculpir como es mi caso, tomar de pronto una estatua de jardín, intervenirla pintándole los labios y cargarla de pétalos de rosa como si estuviera manando, como si fuera una fuente”, precisa la escritora.

“Todo eso va dando cuenta de las aguas mentales en las que nado cuando escribo una novela. En el caso de Las ninfas a veces sonríen también sucedió que la artista Rocío Caballero, que ha trabajado también el tema de las hadas, al leer el texto quiso hacer unas cajas, una aventura a la que también se sumó María Eugenia Chellet, con collages y las escultoras María José Lavín y Maribel Portela”, agrega.

EL TEMA DEL CUERPO Y EL DESEO

Alberto Ruy Sánchez y Mario Bellatin son otros dos autores mexicanos que prolongan el territorio de su obra en contextos que no son exclusivamente el literario, aunque la tendencia general es mantenerse en el universo restringido del género y del oficio.

“En mi caso no ha sido un propósito, no hubo planteamientos deliberados, sino que surgieron de los propios libros”, aclara Clavel, quien ha sido nombrada por la doctora inglesa Jane Lavery, quien investiga su obra, como una “escritora multimedia”, una acepción que satisface mucho a la escritora mexicana.

“Lo importante es que el proyecto de escritura se sostiene por sí mismo y genera exploraciones paralelas que se convierten a su vez en proyectos autónomos. El valor de la propuesta está dado por el hecho de que uno hace bien su trabajo en la escritura y luego parte hacia otros territorios para ligarlo y expandirlo”, explica.

El erotismo, la sensualidad, el tema del cuerpo, el tema del deseo, construyen un texto perturbador, donde el dominio del propio territorio físico abre las puertas a un mundo infinito.

De eso se nutre la historia y la sensibilidad de una escritora única y personal como pocas.