Pese a haber sido golpeado con fuerza por el coronavirus, México es uno de los únicos países del mundo que nunca cerró sus fronteras a los turistas durante la pandemia. La apuesta: reactivar una economía en crisis. Sus playas y su permisividad han atraído a turistas occidentales en búsqueda de sol y libertad durante un año de muchas restricciones. Pero estos visitantes ven cada vez más a México como un refugio donde se puede hacer abstracción del virus. Las autoridades locales se dicen rebasadas por la despreocupación de estos turistas imprudentes.

Por Alix Hardy

Ciudad de México/Puerto Vallarta, 13 de abril (Radio Francia Internacional).– Es una noche cálida de enero. En medio de la selva, cerca de Tulum, un destino de playa chic y bohemio de la Riviera Maya mexicana, resuenan los ritmos electrónicos de una fiesta clandestina, en la que participa Sarah, una mujer de 30 años originaria de Nueva York.

“Es un lugar secreto, entonces tuvimos que acudir a un punto de encuentro con otras 50 personas y de allí un autobús nos llevó al lugar de la fiesta. Es justo en las afueras del pueblo –la policía tiene que estar enterada. Una vez allí, nosotras alucinamos: son más de 300 personas. ¡No es masivo pero tampoco es en pequeño comité! Y todos están bailando, sudando, amontonados… Parecía un viaje en el tiempo y el espacio”, cuenta Sarah.

SIN TEST NI CUARENTENA

En México el turismo aporta casi el nueve por ciento del PIB. En un país donde no hubo un plan de apoyo económico a las empresas y los trabajadores, el Gobierno hizo una apuesta: decidió no cerrar las fronteras a los turistas. Para entrar a México no hace falta hacer un test ni cuarentena.

Cientos de turistas y locales acudieron a las playas veracruzanas a divertirse durante el Sábado de Gloria, pese a que las playas están catalogadas por las autoridades como zona de alto contagio, esto debido a que continúan los casos por COVID-19 en México.

Cientos de turistas y locales acudieron a las playas veracruzanas a divertirse durante el Sábado de Gloria, pese a que las playas están catalogadas por las autoridades como zona de alto contagio, esto debido a que continúan los casos por COVID-19 en México. Foto: Victoria Razo, Cuartoscuro

“Es que Puerto Vallarta no tiene otra. No hay otro cemento, el 99.3 por ciento del ingreso es turismo. Entonces, sí es muy grave cuando esto pasa. Los hoteles y los restaurantes, en su mayoría, conservaron a la mayoría de la planta. Son personal base: todos ellos ganan el salario mínimo. De lo que viven es de la propina, no del sueldo. ¡Entonces ahorita ellos no reciben! El Gobierno municipal y muchas comunidades, como la comunidad extranjera, obsequian alimentos todos los días”, lamenta Ramón González Lomeli, el director del turismo de Puerto Vallarta, el destino de playa más popular de la costa pacífica del país.

El país se tomó muy en serio la primera ola del coronavirus, durante la primavera del 2020, y cerró casi todos sus negocios. El turismo cayó un 90 por ciento y el sector perdió cinco millones de empleos.

Misael López, mesero en el bar-restaurante Frida, en el sur de Puerto Vallarta, explica su situación: “Mi esposa era mesera, mi suegro es músico, pero no hay trabajo para él, y mi suegra trabaja limpiando casas de gringos, canadienses, pero como no hay, no hay trabajo. En febrero, cuando supimos de la COVID, inmediatamente la despidieron. Ahora hace crochet, mi suegra ahora nada más limpia una casa y mi suegro ahora es mecánico”.

CAMBIO DE ESTRATEGIA

Traumatizado por esta experiencia, México cambió de estrategia para la segunda ola que llegó en invierno. Decidieron buscar la manera de compaginar restricciones sanitarias y apertura económica.

Para tranquilizar a los clientes, la industria turística mexicana no escatimó ningún esfuerzo. Desarrollaron un protocolo de higiene en cooperación con la Secretaría de Salud. Los hoteles, que funcionan con una capacidad reducida, facilitan los test de COVID a sus clientes al final de su estancia. Los resorts más grandes ofrecen, incluso, paquetes con una habitación casi gratuita para la cuarentena en caso de prueba positiva.

Cristina Oehmiche, investigadora en antropología, estudió el impacto de la pandemia en Cancún, la joya turística de México en la costa del Caribe. Según ella, en estos lugares, aparte del confort, se trata de “mostrar toda esta imagen de que son lugares seguros. Y en el caso de la pandemia yo pienso que se vuelve a proyectar esta imagen, que los turistas pueden llegar y pueden permanecer en estos hoteles de una manera segura y libre de contagio. Y tú ves que las medidas que toman son extremas. O sea, la sana distancia adentro de los restaurantes, las mesas se ponen a 3-4 metros, muchas mesas al aire libre… Yo noto que hay un cuidado muy fuerte entre todos los empleados”.

Ciudadanos pasean por el malecón de Tijuana a pesar de que la playa estaba cerrada durante la Semana Santa.

Ciudadanos pasean por el malecón de Tijuana a pesar de que la playa estaba cerrada durante la Semana Santa. Foto: Omar Martínez, Cuartoscuro

Pero si bien los meseros están debidamente equipados de los pies a la cabeza para proteger a los clientes, lo cierto es que los clientes no ponen tanto cuidado. En el malecón de Puerto Vallarta, los turistas pasean y disfrutan del sol. Menos de la mitad lleva mascarilla.

Patty, Marilyn y sus amigas llegaron apenas desde Minnesota. Ríen al sentir el aire acariciar sus caras descubiertas. “Aterrizamos hace cuatro horas… ¡¡Ahora nos toca disfrutar!! Se supone que el cubrebocas es obligatorio, pero aquí son más permisivos. En casa ya nos habrían regañado”, dicen.

DINÁMICA DE PODER

La pandemia está exacerbando una dinámica de poder que siempre existió, explica la investigadora Cristina Oehmichen: “Cancún es una ciudad creada ex profeso para el turismo. Surge en la década de los 90 para satisfacer esa demanda de turismo de sol y playa, orientado en buena medida al turismo internacional. Estos centros responden a ciertos imaginarios donde el turista busca alejarse del estrés de su rutina cotidiana, y lo que encuentra, pues son estos espacios alejados de problemáticas reales. Siempre ha habido una relación de poder entre turistas y locales que se volvió a mostrar. El turista viene a ser atendido. Es el que manda”.

En su oficina, Ramón González Lomeli, director de turismo de Puerto Vallarta, se siente rebasado por el comportamiento desenfadado de los turistas: “Los turistas, ¡ay! Hay un problema muy serio. Parece que dijeron ‘Estamos en el paraíso’ y se olvidaron de esto. Lo que más nos preocupa es ver a muchos extranjeros que creíamos que iban a ser un buen ejemplo para nosotros, porque ellos entienden el problema, ¡les ha pegado fuerte! Y veíamos que igual, ¡no les importa! Pareciera que aquí no pasa nada”.

Frente a estos visitantes despreocupados, los locales se resignan, cuenta el mesero de Vallarta Misael Lopez: “Mientras no les digas nada, creo que es mejor, vienen más, dicen ‘Oh, pues Vallarta no tiene tantas restricciones, podemos venir, podemos hacer lo que queramos’: ésa es la triste realidad aquí. Hay muchas fiestas en Vallarta, pueden ser privadas: en parte nos beneficia pero en parte nos jode. A veces nos llegaba noticia de que ‘Oye, un cliente hace una semana estuvo aquí y ahora tiene COVID’. Por esto, si me daba miedo. Soy el pilar de mi familia así que… soy el que más se debe de cuidar”.

“NO HAY MEDIDAS SUFICIENTES”

Con motivo de las vacaciones de la Semana Mayor, cientos de turistas abarrotaron las las playas de Acapulco, esto pese al llamado de autoridades de quedarse en casa por una supuesta tercera ola de contagios por COVID-19, debido a esta alta movilidad en todo el país.

Con motivo de las vacaciones de la Semana Mayor, cientos de turistas abarrotaron las las playas de Acapulco, esto pese al llamado de autoridades de quedarse en casa por una supuesta tercera ola de contagios por COVID-19, debido a esta alta movilidad en todo el país. Foto: Rogelio Morales, Cuartoscuro

Para atraer a visitantes, las autoridades de estos destinos de playa tuvieron una interpretación bastante permisiva de las restricciones sanitarias. En Vallarta, esto significa que, con Semáforo Naranja, los antros y bares pueden abrir hasta las 2 de la mañana, al 50 por ciento de su capacidad.

Una decisión difícil de conjugar con la imagen de un turismo responsable y seguro que la industria trata de consolidar. “Estas ciudades como Vallarta, Cancún: la mayor parte del turismo radica tal vez en estos antros. Simplemente no hay medidas suficientes. O sea, no basta con que te pidan usar cubrebocas al ingresar. Aquí, si puedes hacer todo lo que sea en un antro, mantener otras medidas en otras partes no tiene sentido, porque estamos todos conectados. Al final, los contagios que pueda haber en un antro se pueden trasladar a contagios al siguiente día o ciudades de origen de estas personas”, explica el Dr Isaac Diaz Chavez, médico en un hospital público de Sonora, en el norte del país.

Pese a las inquietudes, hasta ahora Puerto Vallarta se ha salvado de un desastre sanitario: “Aquí en Vallarta no hemos tenido así algo de alarma. Yo tengo a todos los directores de turismo en el país en un chat, y ellos se asombran porque por ejemplo, Cancún me dice estamos muy arriba, Riviera Maya también, los de Nayarit también. Nosotros no tenemos estos números alarmantes aquí gracias a Dios”, se alegra Ramón González Lomeli.

El virus sí está presente en las playas mexicanas. A mediados de marzo, un grupo de jóvenes argentinos se fue de vacaciones a Cancún. Las pruebas que se les hizo allí fueron negativas, pero al llegar a Buenos Aires, más de 40 de ellos dieron positivo. Un escándalo que provocó que Argentina suspendiera sus vuelos a México, como lo hizo Canadá en enero y hasta fines de abril. Ya a inicios de febrero la Organización Panamericana de la Salud había señalado a México, advirtiendo que los contagios iban en aumento en sus estados más turísticos.

TULUM, UN ESTILO DE VIDA “TOTALMENTE IRRESPONSABLE”

Sarah, la neoyorquina que se fue a festejar a Tulum, no está sorprendida por este diagnóstico: “Hay tantas personas que se contagiaron de COVID en Tulum. Mi amiga por ejemplo. Perdió el olfato y el gusto… No se sabe exactamente cuándo se contagió –es difícil saber cuando te la pasas festejando durante cinco días. La COVID está por todos lados en Tulum porque el estilo de vida allá es totalmente irresponsable”.

Codiciada por la jet-set en búsqueda de paisajes paradisíacos, la ciudad de Tulum es una de las que más ha atraído la atención mediática por sus fiestas desenfrenadas. Después de un contagio masivo durante un festival autorizado por el Gobierno local a finales de año, las autoridades intentaron poner límites.

Playa Gaviota Azul, en Cancún, ante la llegada de cientos de vacacionistas tanto nacionales y extranjeros en Semana Santa.

Playa Gaviota Azul, en Cancún, ante la llegada de cientos de vacacionistas tanto nacionales y extranjeros en Semana Santa. Foto: Elizabeth Ruiz, Cuartoscuro

Pero según Víctor, productor de video colombiano y asiduo del lugar, la fiesta ha seguido como antes: “A nivel mundial no se publicó nada, pero el festival existió. México estaba con la mirada de todo lo que había pasado en el festival Art With Me, entonces mundialmente no se podía volver a permitirse que hicieran otro escándalo. Tuvieron que hacer el festival a puertas cerradas, sólo para la gente muy poderosa. Y de pagar una fiesta a 100 o 200 dólares la subieron a 500. Estás pagando para que no te jodan, para que te dejen vivir otra vez como tú solías vivir, sin pensar en el problema. Escapar de la realidad. Tulum se volvió una burbuja de escape para la sociedad de élite”, cuenta.

NECESIDAD DE UN NUEVO TIPO DE TURISMO

En las playas mexicanas, la pandemia ha evidenciado los límites de un modelo turístico que supedita las necesidades de las comunidades locales a los requerimientos de los turistas.

“Cuando empieza a gestarse la pandemia, ya se venía discutiendo acerca de los límites del turismo de masas, que es un turismo que ha venido expandiéndose en todo el mundo con un fuerte impacto sobre los destinos. La pandemia puso en serios aprietos a todo el sector. Tenemos que ir buscando alternativas, se necesita a un tipo de turismo más comunitario, que puede llevar incluso a una relación más armónica con el medio ambiente y entre turistas y población local”, estima la investigadora Cristina Oehmichen.

A finales de marzo, el Presidente Andrés Manuel López Obrador volvió a presumir de las maravillas del país durante un foro turístico virtual. Mientras México recibía a más de 600 mil visitantes extranjeros en sus playas para Semana Santa, el país superó las 200 mil muertes por coronavirus.

“Tenemos que seguir promoviendo el turismo. No nos cuesta mucho, porque las bellezas de México son únicas. Están todos invitados a México, porque la verdad, la verdad, como México, no hay dos”, dijo el mandatario mexicano.

Si los grandes centros playeros del país siguieron abriendo los brazos a los turistas, algunos estados intentaron cambiar de rumbo para impedir que los contagios se vuelvan a disparar durante una de las semanas más turísticas del año.

Vacacionistas disfrutan de las playas de Cancún, Quintana Roo, en el periodo de Semana Santa.

Vacacionistas disfrutan de las playas de Cancún, Quintana Roo, en el periodo de Semana Santa. Foto: Elizabeth Ruiz, Cuartoscuro

Sonora, en el noroeste del país, decidió pedir prueba negativa a cualquier persona que quisiera entrar a sus playas. Mientras Chiapas, quien había anunciado el cierre de sus playas durante Semana Santa, tuvo que renunciar a la idea frente al enojo de los comerciantes.

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