A finales de este mes se publicará en España La vaga ambición, Premio Ribera del Duero a cargo del escritor Antonio Ortuño (Zapopan, Jalisco, México, 1976), un hecho internacional que demuestra lo pujante que está su carrera. En julio próximo saldrá en México y el resto de América “y vamos a presentarlo hasta en Júpiter. Echemos abajo la estación del tren”, promete el escritor

Ciudad de México, 13 de mayo (SinEmbargo).- La vaga ambición son seis cuentos en los que, sin que sea un motivo estructural del libro, la importancia de la escritura está muy presente, aunque las historias no mantengan una unidad temática y pasen de las relaciones familiares a la crítica social.

En todos ellos se respira –cuando no se explicita- la opción de la escritura como escapatoria y la motivación para contar historias, pero también el pasado como detonante de los hechos que contamos y la política como causa de muchos sucesos personales.

Esa es la descripción con que Páginas de Espuma dio a conocer el V Premio Ribera del Duero para Antonio Ortuño, según dictamen del jurado, encabezado por la novelista y cuentista Almudena Grandes e integrado por Juan Bonilla y representantes del Consejo Regulador y de la Editorial.

“El gran dominio que presenta para desarrollar un tema común en todos los relatos, como es la naturaleza de la escritura, además de la capacidad humorística, que en el autor no va en detrimento de la emoción, logrando la hazaña de divertir y conmover al lector” fue uno de los conceptos de los juzgadores.

Antonio Ortuño, piensa en todos los momentos del cuento. Foto: Especial

–¿Contento con el premio?

–Sí, la verdad que sí. Me encanta ganar un premio y no me siento culpable en lo más mínimo.

–Había varios rivales, ¿verdad?

–Se recibieron 850 manuscritos de muchas partes del mundo. Una barbaridad. Es un premio que han ganado como Samanta Schweblin y Marcos Giralt Torrente, entre otros. Todos con libros muy buenos. Se designa un grupo de finalistas, que esta vez fuimos cinco escritores y sobre esos finalistas dirimió el jurado. La verdad es que cualquiera de los cinco que hubiera ganado era potente de por sí, todos escritores muy buenos, a todos los había leído. Una alegría mucho más grande ganar un premio al que concurren varios escritores de tanta calidad.

–¿Cuál es tu relación con el cuento?

–Tengo dos colecciones de cuento y ahora una antología publicada. Es un género con el que me he manejado siempre, incluso he escrito más cuentos que novela. A lo mejor las novelas por la manera en que está organizado el mundo editorial están mejor consideradas por el público que el libro de cuentos, pero finalmente todo lo que yo he escrito lo veo exactamente igual. Son intentos de buscar mi estética que realizo. Trabajo de una manera muy diferente una novela de un cuento. Cuando escribo una novela es una gran casa solar con mucha gente a mi alrededor, vivo dentro de mi novela, mientras que un cuento se parece más en mi caso a una especie de viaje. Un viaje rápido, intenso, es raro que tarde más de dos o tres sesiones en terminarlo, aunque luego lo corrijo durante mucho tiempo. Como experiencia de escritura es mucho más rápido, mucho más condensado, con el cuento que con la novela.

–Dice Emiliano Monge que los cuentos no son lo que cuentan…

  1. –Creo que toda narrativa es antes que nada una suerte de inflexión en la voz y es lo que me permite engancharme con un narrador. La voz en que lo narra en cada caso es lo que realmente impomyrta. En una novela, en un cuento, en una crónica, lo importante es la voz que tú quieres seguir escuchando. Que sea una voz que me sorprenda, que me interese, que sea una voz sugestiva. Lo que pasa en la escritura es que nada puede ser desafiado, no creo que carezca de importancia lo que se cuenta, porque si no se contaría cualquier salvajada. Hay muchos autores que tratan de trabajar bajo ese postulado que no importa lo que cuentes, pero finalmente la manera en que se cuenta lo estipulado ya establece cierto sentido y dependerá del talento del autor que eso nos llegue a interesar o no. A mí hay cosas que si me las platican no me interesan, pero luego leídas me resultan apasionantes. En eso estriba la eficacia del narrador. Cualquiera puede tener un tema que lo vea interesante, pero lo más importante es el lenguaje.

Un libro que tienen todos el mismo narrador. Foto: Páginas de Espuma

–¿Te preocupan los finales?

–Me preocupa la extensión absoluta del cuento. No creo en el final grandioso con fanfarria y redoble de tambores, sino que creo en la eficacia y la eficacia empieza desde el primer momento. Me interesan más los principios que los finales, quizá me parezca que existe una manera de abrir directa, destinada a cazar a los lectores y no tengo una especie de mitología de los finales. A veces me parezco aquello que decía Ariel Cazares del “mal gusto de las últimas páginas”. Los cuentos que demasiado formulescamente trabajan todo para lograr un cierto efecto demasiado cantado llegan a fastidiarme un poco. Desde luego que un buen final sorpresivo no le viene nada mal a un cuento, pero el cuento debe estar jugando esa partida todas las veces y en todos los momentos. Los cuentos tienen entradas, salidas y deben funcionar por todos lados. Generalmente como lectores le concedemos más paciencia a las novelas y a los escritores de cuento enseguida que fracasaron si nos gusta la narración. El cuento es algo frágil en el mundo de la literatura.

–¿Qué es La vaga ambición?

–Es un libro de cuentos relacionados entre sí, están narrados por la misma persona, es una suerte de juego con un alter ego. Es un escritor de mediana edad, medio conocido y medio desconocido, que sobrevive en las trincheras del día a día de la literatura. Escribe sobre escribir pero no pensando en la literatura como esta actividad olímpica, sublime, sino como una actividad que convoca es más a la frustración, que está llena de recovecos mezquinos, más bien patéticos y que hace unos cuentos bañados en autoironía.