¿Cómo escribir poesía desde el dolor y el horror que deja el tema del feminicidio? Al leer el poemario Elegía en el desierto. In memoriam sentí cómo se me iba abriendo por dentro una herida, pues la autora chihuahuense se envuelve por completo del desierto donde yacen las muertas. Juaritos Literario presenta una entrevista con esta escritora fronteriza.

Por Sandra Rosas

Ciudad Juárez, Chihuahua, 13 de junio (JuaritosLiterario).- ¿Cómo escribir sobre el dolor y horror que deja en nosotros el feminicidio desde el ámbito de la poesía? En México, las mujeres corremos peligro en las calles, en la casa, en una relación. Caminar por la vida con un cuerpo femenino significa andar por el lado más vulnerable.

El riesgo de ser asesinada, violada, golpeada, “halagada”, humillada o abordada en el espacio público no se compara con el que experimentan los hombres en el mismo territorio. Situación que se comprueba con estadísticas oficiales, las cuales señalan que “solo en los primeros cuatro meses de este año, 1 mil 301 mujeres fueron víctimas de feminicidio, un promedio de once mujeres asesinadas todos los días”.

Al leer el poemario Elegía en el desierto. In memoriam de Micaela Solís sentí cómo se me iba abriendo por dentro una herida. La escritora chihuahuense se inserta de cabeza al desierto donde están las muertas. La temporalidad importa, me dice la poeta, mientras se acerca la mesera ofreciendo piñas coladas al dos por uno.

Nos encontramos en un restaurante conocido de Ciudad Juárez ubicado sobre la avenida Paseo Triunfo de la República. Acabo de olvidar mi celular en el Uber que me condujo al lugar donde me reuniría con Micaela, junto con mi trabajo de seis semanas, entrevistas, apuntes y contactos. Me siento frágil. Ella se apresura a llamar a una oficina para intentar localizar mi teléfono. Llega la mesera y me ofrece también marcar a mi número, con la ilusión de que contestara la persona que encontró el aparato lleno de información valiosa para mí. Entra la llamada, pero ninguna voz se escucha del otro lado. Decidimos comenzar la entrevista.

Para escribirlo me sometí al dolor, al horror. 
Me metí en el horror, tenía que ser así. 
No es posible de otra manera. 
Tenía que meterme en esas oscuridades y 
en esos abismos.” 
Micaela Solís

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Sandra Rosas (SR): ¿Cómo surge Elegía en el desierto. In memoriam?

Micaela Solís (MS): Como texto literario es el primero que surge para hablar de los feminicidios. Comenzó, obviamente, siendo periodístico; porque hay un grupo de mujeres periodistas. Yo veía que no había nada, estábamos en el 96 o 97 y el fenómeno del feminicidio como tal comenzó oficialmente en 1993. Empecé a observar unas coincidencias muy interesantes, históricas. El feminicidio en esta frontera inició al mismo tiempo que el alzamiento del Ejército de Zapatista Liberación Nacional, el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México y la apertura total de la industria maquiladora. Identifiqué varios fenómenos contemporáneos que representaban las diversas caras de una sola situación. Estaba Carlos Salinas de Gortari como presidente.

SR: ¿Desde un principio lo pensaste como un poemario?

MS: Estaba en Chihuahua, ya traía la espinita, cuando vi la nota y la puse en un poema. Yo soy muy narrativa. Apareció en el periódico que unos niños en un campo de futbol habían visto una manita, así, saliendo de la tierra. Era una jovencita, Cecilia, y eso me desgarró. Faltaban tres semanas para el 8 de marzo de 1997. Tenía que hacer algo. Lo que más me aterraba era la apatía social. Lo escribí por eso, porque la apatía social resultaba indignante. De ahí que lo llame “Poesía de crisis”, ya que busca provocar, precisamente, una crisis de conciencia. Todavía me pongo chinita nada más de pensar en la indolencia.

Diseñé el poema para presentarlo ante el público. Escribí una parte, luego fui agregándole, por eso ahora me falta un poema que extravié. En un principio lo titulé El Príncipe porque, al ser el feminicidio una cuestión de poder, involucraba a los gobernantes. ¡Lástima que perdí esa última parte! Después, hice el cuerpo, es decir, la parte fundamental del poemario. Me comuniqué con un grupo de danza contemporánea para ver si se animaban a que armamos un ensamble. Inmediatamente dijeron que sí. La idea consistía en que lo recitara yo; por ello, me involucré como actriz. No obstante, resultó algo problemático, porque para mí actuar no significa fingir, al contrario. Soy muy frontal para hablar. En el escenario, una no percibe cómo se ve, pero sí cómo se siente ante el mundo; traes la sensibilidad en la piel. Tengo una concepción distinta del teatro, así que me involucré solo un poco. Haríamos un performance. Diseñamos la coreografía, el escenario, todo bajo la estética minimalista: una malla ciclónica  el suelo lleno de tierra. El texto lo tenía –aún lo tengo– introyectado, y cuando decía “in crescendo, in crescendo” lo acompañaba de un golpe, golpe, golpe, pues el texto es para eso, para no dejar descansar a quien lo lee o escucha.

Presentamos el poema el 8 de marzo durante un evento que organizaron unos grupos feministas de la capital del estado. De ese día recuerdo una cosa muy curiosa que se ha repetido en varias ocasiones. Mientras hablaba del viento misógino, “Está por todas partes, siéntalo bien, percíbalo”, sobrevino un vendaval en plena feria del libro, en la plaza.  Se levantaron las carpas y yo sentía que las ráfagas me arrebataban las palabras. Lo mismo ocurrió aquí en Juárez. Lo escribí para decirlo en público, para machacar la conciencia, para despertar el interés social, para gritar a la comunidad un ¡despierta! La intención consistió en sacudir a las personas en ese momento. Luego, lo fui perfeccionando y me vine a trabajar, a hacer periodismo aquí a la frontera.

SR¿Cómo reaccionaron los grupos feministas y las ONG´S con tu propuesta poética?

MS: Las ONG´S no estaban muy interesadas. Para escribirlo me sometí al dolor, al horror. No era posible de otra manera, tenía que meterme y entender esas oscuridades y esos abismos. Por ello, anduve con algunas madres buscando a sus hijas y apoyándolas durante un tiempo. Además, aparte de esta terrible situación, se encontraba todo lo colateral. Aún me queda pendiente una obra de teatro sobre el tema, pues todo esto resulta espeluznante, el engolosinamiento por el foco, por las luces, por las cámaras. Inclusive en el caso de las madres. La situación de las ONG´S, sin duda, es un fenómeno complejísimo con muchas aristas,

SR: ¿Tienen las escritoras un pase directo para entender mejor la violencia contra las mujeres y, por ende, escribir desde el mismo lado?

MS: Los hombres no la han enfrentado todavía o asumido como una problemática propia. Yo los critico duramente, porque muchos lo asumieron como bandera. Éramos compañeros de toda la vida, feministas, pero íbamos a la manifestación y ellos se quedaban en la esquina “porque es cosa de ellas.” Yo no entendía qué les pasaba, pues siempre he considerado erróneo el que solo nosotras asumamos el problema de la violencia de género, como si fuera nuestra bandera o propiedad.

SR: ¿Cuál fue el papel de las ONG´S en esos años?

MS: Sufrí mucho. Viví mucha represión como creadora por parte de estos mismos grupos, al grado de casi callarme o boicotearme. Durante esos años, el tema de las mujeres desaparecidas y encontradas asesinadas se politizó bastante, y ahorita varias integrantes de dichos colectivos están muy puestas en el gobierno. Yo lo digo en los textos, así que a mí me marginaron más. No escribí el poema para lucirme. Después de todo lo que vi, una parte de mí se percibe también en los versos. Porque asumo la voz de la muchacha desaparecida, no de la persona que asiste a sesiones políticas o que busca un premio literario o un viaje de placer. “Mientras en el desierto / las auras se arrebatan a picotazos un corazón / que lacera aún su última humedad”.

Cuando iba a comenzar a escribir, me puse como principio varias cuestiones. Uno, sin denuncia no se vale. Dos, mi objetivo jamás consistiría en utilizar el tema como bandera intelectual. Y, por último, no estetizar la problemática. Sin embargo, al mismo tiempo, buscaba escribirlo con la fuerza literaria suficiente y evitar hacer cualquier cochinada, para dignificar a las muchachas y a sus madres. Cumplí y me siento satisfecha. Una vez le presté a un amigo un CD con uno de mis poemas y de pronto empecé a escuchar mi voz en un programa de radio y en eventos locales y nacionales, pero mi nombre había sido omitido. Entré en un dilema. Eso se tenía que denunciar. Debía moverme y mover mi texto en todos lados. Entonces, lo que hice fue no buscar, pues una parte fundamental de lo que escribo consiste en dar testimonio de mi época, de lo que me afecta y me sacude.

He pasado represiones muy fuertes con algunas ONG´S. En una ocasión me invitaron a un evento de una organización trinacional (Canadá, México y Estados Unidos) sobre el tema de las mujeres en la maquila. Mi presentación sería en Albuquerque. El programa duró varios días, con la nota a todo lujo. Me quedé asombrada, comí a lo bestia y hospedé en un hotelazo, había mucha gente. Ahí descubrí lo que significa el fenómeno de las organizaciones, el cual ha surgido paralelo o más bien a partir de las problemáticas que conlleva la maquila o el feminicidio. Así que opté por rezagarme y dejar de mover tanto mi texto-performance.

SR: ¿Consideras que la violencia más macabra sigue siendo la falta de interés, el no cimbrarse con cada feminicidio?

MS: Creo que si eres escritor y compones algo sobre el tema, resulta muy distinto a escribir de él solo por la posición pública. Es decir, abordarlo no por ser, sino por hacer. En tal caso te distancias de tus temáticas. Pero, respecto a eso, existen perspectivas muy personales. Necesitamos a los poetas, verlos, escucharlos y que se manifiesten también. Pienso que la intelectualidad mexicana no ha asumido el problema, ni ha entendido que la violencia diaria contra niñas y mujeres recae en todos y todas. ¡Es un problema de género que nos atañe a todos por igual! ¡Ellos son los que violan! A veces se me hacía bobalicón, de una superficialidad tremenda lo que algunos escribían. ¿No se dan cuenta que traemos en las manos la tragedia de miles y miles? Si eres abogado no te disfraces de otra cosa, no es teatro. Por eso, lo manejaba como un performance cuando presentaba Elegía en el desierto. In memoriam, pues con mi voz y mi cuerpo asumía mi responsabilidad ante el problema.

Ni siquiera las asociaciones entienden la obligación histórica que los hombres tienen en este panorama. Durante aquella estadía en Albuquerque, en un evento internacional, lo comprobé. Todos se encontraban en variados cursos, mientras yo intentaba acomodar al tiempo asignado mi presentación. En esa ocasión interpreté mi texto como nunca antes lo había hecho. Estaba muy emocionada, aunque me habían puesto a la hora de la comida. Sin duda, no es un texto para ser escuchado mientras se come y convive.

La organizadora me cortó antes de que terminara mi intervención, aun cuando ya me habían quitado 10 minutos para presentarlo. Corté, pero los denuncié, ahí mismo, frente a todos. ¡Qué lástima! Me faltaban tres minutos. Yo traía a esas mujeres, a las muertas de Juárez, en la boca. El tema del feminicidio es un tema que se tiene que parir. Los hombres no lo han asumido. A mí me ha servido, porque me puse a trabajar en la maquila durante dos meses. Trabajé en Chihuahua, viajé en el autobús acompañando a las madres de desaparecidas. No sé puede escribir así, nada más. Por eso, con temas sociales, primero me informo. No se puede escribir desde el escritorio, hay que meterse. Soy pasional. Soy activista desde mi juventud. Escribo para cooperar en la sensibilización de lo que nos está afectando tanto. Se trata de dejar un testimonio, un documento de mi época.

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Cerramos nuestra charla y le agradezco infinitamente el tiempo que me ha dedicado. Intercambiamos números telefónicos y me despido. Acepto con rabia y dolor que nadie me devolverá mi celular, que lo he perdido y que ninguna oficina Uber se molestará en rastrearlo. Me voy pensando en la vulnerabilidad a la que mi condición de mujer me somete en estas calles fronterizas.

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