Hace un año, Cherán, Michoacán eligió un gobierno bajo el régimen de usos y costumbres. Solo, con sus propios recursos, ha enfrentado al crimen organizado en torno a la tala de árboles. El miedo no cede

Fotos: Isabella Cota Schwarz.

A un año de que comenzara el experimento de gobierno que hoy se realiza en el pueblo de Cherán en la meseta purépecha de Michoacán, los cheranenses temen no estar en posibilidad de hacer frente a los problemas de la región.

El 13 de noviembre del 2011, cansados de las divisiones generadas por los partidos políticos, los comuneros instalaron barricadas para impedir la entrada al Instituto Electoral de Michoacán (IEM).

Cherán fue el único municipio del estado que no votó y esto marcó el inicio de un nuevo proceso de elección, aprobado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Los comuneros se atrevieron a imaginar un sistema diferente, en el que no existe un alcalde, ni un comisario, y ningún partido político puede participar. Hoy,  Cherán se rige por un concejo de comuneros elegidos abiertamente.

Aquí no hay propaganda política. No hay muros con nombres de candidatos o logotipos de los partidos, ni comités municipales.

Pero permanecen el miedo al crimen organizado, la frustración de trabajar con pocos recursos y la debilidad de no contar con la protección del estado.

Este es un pueblo de unos 19 mil habitantes que buscan pelear contra amenazas ambientales y de seguridad más grandes de lo que pudieron imaginar hace un año.

TODO EMPEZÓ CON LAS MUJERES

Los cheranenses ya se habían organizado meses antes de aquel día de noviembre. En abril del 2011, después de años de ver cómo personas ajenas a la comunidad entraban a talar el bosque y salían con camionetas cargadas de madera, una de las mujeres del pueblo tomó la iniciativa.

“Yo estaba en la calle, ahí me pasaron a saludar los talamontes, me dijeron ¡Adiós señora! ‘y se tomaron la cerveza”, cuenta Josefina Estrada, conocida por acá como Doña Chepa. La servilleta que guarda entre sus manos se hace pedacitos al recordar.

“Fue tanto el odio que yo sentí que yo me metí a la casa y lloré y dije, Dios mío, ¿No habrá?, o Dios ya no existe o por qué no les ponen alto, ¿por qué? Ya esa noche que yo le hablé a unas compañeras y les dije, ¿qué vamos a hacer? Ese ojo de agua se nos va a secar si nosotros no nos defendemos”.

En la madrugada, Doña Chepa y unas 20 mujeres más tocaron las campanas de la capilla y convocaron al pueblo. En unas horas, armados con palos, piedras y cohetes, los comuneros se enfrentaron a la primera camioneta que entró al pueblo en busca de madera.

Con la intervención de la policía municipal, el enfrentamiento se volvió en un conflicto que duraría hasta la llegada del gobierno nuevo. Once cheranenses han aparecido muertos desde entonces, todos, ligados al conflicto con quienes talan el bosque ilegalmente.

Desde el 2008, los talamontes han acabado con más de 200 mil hectáreas de bosque, asegura Trinidad Ramírez, uno de los 12 comuneros del concejo mayor.

FOCO DE ATENCIÓN INTERNACIONAL

Ramírez, junto con los otros 11 concejeros, o k’eris, fue elegido abiertamente, ya que el voto no es secreto, sino público.

“Así nadie pelea y nadie dice nada, es simplemente una forma diferente de elegir donde no se admite proselitismo, ni dádivas, ni nada a lo que está acostumbrado el sistema”, dice Ramírez.

Es esto lo que ha atraído a los medios internacionales al pueblo. Desde que se buscó aprobación para instalar su propio sistema electoral, la historia de Cherán ha dado la vuelta al mundo en diarios de Europa y Estados Unidos y a través de un mini documental (http://www.vice.com/es_mx/la-guia-vice-para-las-elecciones/cheran-pueblo-rebelde) producido para Internet por un popular medio canadiense.

Pareciera ser que, en un mundo donde los gobiernos están altamente politizados, las campañas electorales cada vez son más caras y las protestas son cada vez más comunes. La historia de Cherán se cuenta no sólo como una curiosidad, sino como una historia de éxito.

Incluso la población vecina de Turicuaro, inspirada en lo logrado en Cherán, suspendió el sábado pasado las elecciones de su comisario o representante de bienes comunales y desconocieron a 32 comuneros de la asamblea comunal que apoyaban al Partido de la Revolución Democrática (PRD). El proceso, alegan, es válido con base en los usos y costumbres de su cultura prehispánica. 

PEQUEÑO GOBIERNO ENFRENTA ENORMES AMENAZAS

Pero para los cheranenses, el cambio de gobierno no trajo la solución a los problemas que ya enfrentaba.

El uso del presupuesto anual estatal, por ejemplo, es un reto ya que cada proyecto o inversión requiere la aprobación de los doce k’eris o miembros del concejo mayor, en lugar de sólo la de un alcalde.

El pueblo enfrenta amenazas ambientales también. Las consecuencias de la deforestación de los últimos años es que los mantos acuíferos de Cherán se han reducido. Además, las hierbas y hongos que solían crecer abundantemente con la humedad del bosque, y que son fuente de ingresos, ya no crecen en grandes cantidades.

Un programa de reforestación que comenzó el concejo alcanza las mil 200 hectáreas, pero no tiene mayor alcance porque quienes lo trabajan temen un enfrentamiento con los taladores que suben al bosque armados.

“Los narcotalamontes siguen buscando cómo explotar los bosques irracionalmente, se meten a las comunidades vecinas y destrozan los bosques”, dice Ireneo Rojas, rector de la Universidad Intercultural Indígena de Michoacán (UIIM) y principal promotor del sistema purépecha de gobierno ente los comuneros.

El término “narcotalamonte”, rara vez escuchado en conversaciones entre comuneros, se debe a la asociación que los mismos habitantes han hecho entre la industria de la tala de madera y el crimen organizado en el estado.

A pesar de que en Cherán la policía municipal fue disuelta y en su lugar se organizó una ronda comunitaria con retenes en cada entrada al pueblo, siguen saliendo cargas ilegales de madera del bosque. La ronda tiene poco más de 100 elementos y su capacidad es limitada, dice Rojas.

Esto quedó en evidencia cuando el pasado 15 de octubre, cerca de las cuatro de la madrugada, elementos de la policía federal entraron al municipio para desalojar a los estudiantes que desde hacía días habían tomado la escuela normal en contra a la reforma curricular.

“¿Por qué vinieron de noche? y ¿por qué entraron al pueblo cuando pudieron haber ido solo a la normal?”, dice Doña Chepa, con miedo en su voz.

“Ya pasamos un susto de esos. No es justo que hayan llegado así,” dice, comparando lo ocurrido la madrugada de abril con el último enfrentamiento con policías armados.

ENTRE LA DESILUSIÓN Y EL ORGULLO

Para Celia Hurtado, quien se dedica vender leña, la situación en Cherán no ha mejorado desde que subió el nuevo concejo de gobierno.

“Ahora estamos peor”, dice abruptamente y golpea uno de sus muslos con su mano.

“A mí me robaron mi leña y cuando fui al concejo mayor me dijeron que no me podían atender porque no tenían tiempo.”

Pero la vecina habla de las peripecias de su gobierno porque teme hablar de la inseguridad en el pueblo. Pocos son los cheranenses que dicen sentirse seguros bajo la protección de sus propios vecinos. Este es el reto más grande que afronta el nuevo gobierno comunal.

“Antes era todo bien tranquilo, nosotros salíamos y podíamos ver que se oscurecía y hasta podíamos andar en oscuro,” dice Doña Chepa, “pero ya ahorita, apenas la gente está saliendo a ver a sus animalitos y siempre de día.”

Los k’eris saben que el proceso de gobernar es uno de largo plazo, dice Ramírez.

“Poco a poco, creemos que vamos logrando lo que nos propusimos… les demostramos que la forma en que funcionamos nosotros tiene sus beneficios,” dice.

“Lo que estamos haciendo, seguro, puede servirle a otros pueblos.”

*Este reportaje fue elaborado en colaboración con Annie Murphy y la organización Round Earth Media.