En el marco de conferencia internacional “Democracia y autoritarismo en México y el mundo, de cara a las elecciones 2018”, realizada por la UNAM, Lorenzo Meyer y Diego Valadés resaltaron que “estamos en condiciones de mejorar la democracia a partir de incentivar la calidad del voto”. O bien, a partir de mejorar la participación por parte de la sociedad civil.

Ciudad de México, 14 de febrero (SinEmbargo).- El autoritarismo es una tradición y una herencia en México, y la corrupción ha servido para mantener un control impositivo sobre la estructura política y social que desdibuja y limita la vida democrática, coincidieron este día académicos e investigadores.

Lorenzo Meyer Cossío, profesor emérito del Colegio de México (Colmex), dijo en conferencia que en nuestro país cargamos con “una enorme carga histórica autoritaria que nos estamos quitando. Con presión desde arriba para que no se quite; con luchas desde abajo que aún no son suficientes”.

En su visión histórica, Meyer refiere que el Estado y la Nación mexicanos nacieron antidemocráticos y autoritarios. Y, en ese sentido, en nuestro país “no hay posibilidad de que las elecciones tengan sentido”.

El colonialismo; una Constitución “democrática que no funciona” –la de 1917–; la creación de un partido de Estado –lo que ahora es el Revolucionario Institucional (PRI)–; el rompimiento con el Estado benefactor en la década de los ochenta, entre otros factores, son parte del proceso histórico que “ha estado en contra de nosotros en materia de democracia y mucho en favor del autoritarismo”, explicó el historiador.

La consecuencia, a su juicio, es el sistema que hoy tenemos y que “no es autoritario ni democrático, pero que está en un momento de flujo”.

Para el historiador, aunque sí hay practicas de corte plural y alternativa, en el marco de las elecciones de 2018 “no hemos tenido elecciones genuinas”, y el problema es que a lo largo de los últimos años estos procesos democráticos sólo se han diferenciado por ser “más o menos fraudulentas”.

Diego Valadés, profesor emérito del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dijo por su parte que la democracia es “un fenómeno realmente reciente” en México y el mundo.

El investigador refirió que hay cinco características principales para definir una democracia.

Uno: el ejercicio del voto libre e igualitario, del que al igual que Meyer, dijo que en México “no es libre por estar cooptado por el Estado”, ya sea por ejemplo, a partir de prácticas clientelares de vieja usanza -compra de votos, dádivas, etcétera-.

Dos: el ejercicio responsable del poder, del que Valadés refirió que “estamos en una situación crítica de corrupción e incompetencia política” donde “los gobernantes no representan a la sociedad“.

Tres: pluralismo, que “implica hoy que la mayoría no puede imponer su criterio a la minoría y no tienen derecho a excluir. Mientras no tengamos derechos para incluir a las minorías no tendremos un régimen plural”, señaló el especialista de la UNAM.

Cuatro: distribución del poder, punto en el que “estamos rezagados” por la concentración del mismo en una elite política y social.

Cinco: el constitucionalismo normativo, es decir, “aquél que se cumple”. Y como no lo haga -como a veces sucede en México-, “no puede haber Estado democrático”, concluyó.

En el marco de conferencia internacional “Democracia y autoritarismo en México y el mundo, de cara a las elecciones 2018”, realizada por la UNAM, Meyer y Valadés concordaron en que “estamos en condiciones de mejorar la democracia a partir de mejorar la calidad del voto”. O bien, a partir de mejorar la participación por parte de la sociedad civil.

No obstante, por las carencias expuestas, los académicos mencionaron que aún enfrentamos el riesgo de regresar al autoritarismo en México. Y la corrupción, la falta de transparencia y de rendición de cuentas son reflejo de este riesgo.

A estos reflejos de retroceso, también se suman las coaliciones partidarias actuales -e.g. PAN-PRD-MC, PRI-PVEM-PANAL, MORENA-PT-PES, etcétera-, que según Valadés, conllevan la posibilidad de generar hegemonías por coalición.

En ese talante, recordó que el PRI hegemónico nació como una confederación de organizaciones y partidos. “Esto no es muy diferente” de lo de ahora, reflexionó.