La propagación de estos virus zoonóticos es resultado de nuestras acciones con relación a los animales e interferencia en los ecosistemas naturales. Foto © Igualdad Animal / Animal Equality

“Si queremos evitar futuros derrames que se transformen en pandemias debemos cambiar radicalmente nuestros patrones de consumo para reducir nuestra interferencia y destrucción del mundo natural”, así lo afirmó el periodista científico estadounidense David Quammen en una entrevista para la BBC en abril del 2020.

Tal vez esta era la primer lección anticipada que nos estaba dando la pandemia, sin saber en ese entonces que nos enfrentaríamos, con el paso de los meses, a una o varias nuevas cepas de este virus, ignorando que el riesgo seguía latente en la medida en que no hacíamos cambios importantes en nuestros hábitos de consumo y nuestra relación con los animales.

A más de un año del inicio de esta crisis sanitaria que ha golpeado al mundo, la OMS ha declarado lo que Quammen y varios expertos internacionales incluyendo los investigadores de Igualdad Animal venían advirtiendo: “el coronavirus tuvo un origen animal”.

Pero, la pregunta es: ¿Cómo llegó al humano? La respuesta podemos encontrarla en las diversas investigaciones que Igualdad Animal ha presentado en los últimos años, que indican que los seres humanos no somos víctimas pasivas de estas pandemias.

La realidad que estamos viviendo hoy tiene un origen muy cerca de nosotros que ya no podemos omitir, y hay acciones que tenemos que realizar en lugar de solo esperar a que suceda una próxima pandemia. La propagación de estos virus zoonóticos es resultado de nuestras acciones con relación a los animales e interferencia en los ecosistemas naturales.

En abril del 2020, nuestra investigación internacional “Por el fin de los Mercados Húmedos” evidenció que una las acciones que más suma al cruce de virus entre animales y humanos es la explotación de la vida silvestre a través de la caza, la captura y el tráfico ya que implica un contacto muy cercano con los animales que son hacinados y vendidos en mercados, estos comparten sus virus con humanos a través de secreciones respiratorias o el contacto con sus heces, orina o sangre que nunca estarían en contacto en su hábitat natural.

powered by Advanced iFrame free. Get the Pro version on CodeCanyon.

El rápido aumento de la población humana en el mundo, que pasó de unos mil millones de personas hace dos siglos a más de 7 mil 800 millones en la actualidad, ha supuesto una invasión cada vez mayor de los seres humanos en los hábitats naturales, lo que ha hecho que los seres humanos y los animales entren en un contacto cada vez más estrecho y aumente el riesgo de transmisión de enfermedades de los animales a los seres humanos.

La deforestación, el uso de la tierra, ecosistemas dañados, destrucción de hábitats y pérdida de biodiversidad son sólo la antesala del surgimiento de posibles nuevos virus.

La sustitución de cobertura forestal por áreas de pastoreo conlleva destrucción de los hábitats que obligan a los animales silvestres a desplazarse en busca de otro nicho ecológico donde satisfagan sus necesidades de alimento, refugio, apareamiento y a aproximarse a poblaciones humanas en busca de espacios para sobrevivir.

Con lo anterior, sabremos que las lecciones aprendidas en esta pandemia, que se ve lejos de terminar, tienen su lugar en los sistemas de producción y explotación que hemos construido y que arrasan con todo a su paso. A un año de la COVID-19 no debemos olvidar que nuestra salud está estrechamente relacionada con la salud y bienestar de los animales y del planeta.