La autora estadounidense Louisa May Alcott creó una novela atemporal, que aún llega a las nuevas generaciones, pues énfatiza en el espíritu de libertad, retrata los deseos individuales de las hermanas March y expone el machismo propio de 1860.

La gran moraleja de esta historia es cada una de las mujeres es libre de decidir su camino, de desear, soñar y sentir lo que sea. Aún cuando este sea tradicional.

Ciudad de México, 14 de marzo (SinEmbargo).– En 1869, Louisa May Alcott publicó en 1869 su novela Mujercitas, un texto que ha marcado la literatura y la historia del feminismo. Ni siquiera imaginó lo que provocaría en las mujeres del mundo.

Pero ¿la historia de las hermanas March es vigente en pleno 2020? Más allá de las adaptaciones cinematográficas, resaltando la más reciente de la directora Greta Gerwig, la obra estadounidense rescata el valor y el poder de decisión que tienen las mujeres.

La vida de Meg, Jo, Beth y Amy se desarrolla en plena Guerra de Secesión. Todas diferentes entre sí, con la guía de su madre y abuela, crecen y se convierten en jóvenes mujeres llenas de propósitos y sueños por alcanzar.

Los capítulos permiten al lector ver “desde la ventana” la maduración de cada uno de los personajes. Además, brinda un panorama exacto sobre la vida social de la época.

May Alcott plasma mucho de sí misma en la obra. Incluso se puede interpretar como una obra un tanto autobiográfica.  Se nota en el realismo, cuidado y cariño que desprenden los personajes.

A pesar de las diferencias entre las hermanas March, ninguna es antagonista ni están enemistadas. Tampoco imponen sus voluntades y creencias sobre las otras, lo cual resulta muy valioso y rescatable.

Meg, la primogénita, ejerce el papel de hermana mayor y en momentos de madre de sus hermanas. Es vanidosa y sufre por no tener los recursos económicos suficientes. Le sigue Jo, determinada, rebelde y ansiosa de convertirse en una escritora de renombre. La tercera hermana es Beth, quien se apasiona por la música, tiene un carácter noble y es siempre dulce y amable con todos. La más pequeña es Amy. Ama el arte y la pintura. Es traviesa, un poco atrabancada y muy divertida.

La escritora pone énfasis en el espíritu de la libertad individual, algo no usual para la época. Las March tocan el piano, bordan o mantienen una conversación fluida, amable y elegante.

Las protagonistas muestran virtudes y defectos mientras viven experiencias que las enriquecen como personas. Parte del éxito que ha tenido esta historia a lo largo de generaciones se debe a que los personajes no son planos. Al contrario, son familiares, cotidianos, lo que provoca que -aun con la diferencia de épocas- se pueda empatizar con ellos y sentirse en sus zapatos.

El texto es feminista por naturaleza porque retrata los deseos de libertad que tienen las hermanas y expone el machismo propio de 1860, que incluso puede concebirse en la actualidad.

Mujercitas es una novela atemporal, que aún llega a las nuevas generaciones, pues capta con lucidez las relaciones familiares. Louisa May Alcott fue una mujer adelantada a su tiempo, y sus ideas feministas pueden verse en Jo March.

Aunque Josephine es el personaje más apegado al feminismo actual y la concepción de la libertad de la mujer y la realización, considero que lo más importante del texto de Louise May Alcott es que deja que cada una de las hermanas tome las riendas de su vida y haga con ella lo que quiera, incluso si el propósito es más superficial, pues conceptualiza el respeto a tomar los caminos que te hagan feliz y que sean elecciones propias.

Este ejemplar de la editorial Austral, rescata la primera edición del libro, la cuál fue censurada en su momento y dividida en dos tomos –Mujercitas y Aquellas Mujercitas.

Hay muchas formas de ser y hacerse mujer. Mujercitas nos demuestra que todas son igual de válidas.

La gran moraleja de esta historia es que cada una de las mujeres es libre de decidir su camino, de desear, soñar y sentir lo que sea. Aún cuando este camino sea tradicional.

Como nota adicional a esta reseña, hay que explicar que sí, puede ser un texto “complicado” por el lenguaje de la época. Sin embargo, vale totalmente la pena leerlo. Una vez que se le da una oportunidad, es difícil parar.

“No te canses de intentar y nunca creas que es imposible vencer”.