Un par de religiosas que vendían galletas, un hombre que ofrecía obleas, una mujer que ofertaba juegos de lotería, otro hombre que vendía artesanías y, por último, un hombre de la tercera edad que, sobre el piso, en una manta, acomodaba las pulseras que comercializaba. Todos recibieron de parte de “Coreano Vlogs” un sobre de mil pesos a cambio de quedarse en casa para contener el coronavirus.

Ciudad de México, 14 de abril (SinEmbargo).- En México nos caracterizamos por ayudar al prójimo en situaciones apremiantes. Así ocurrió cuando el sismo de 2017, y así ha pasado durante la crisis sanitaria del coronavirus.

Algunos artistas y figuras públicas han realizado videos y canciones pidiéndole a la gente que se quede en casa; sin embargo, para las personas que viven al día resulta complicado, pues tienen que salir a ganar el sustento diario.

Es por ello que algunos youtubers o influencers han tenido la formidable iniciativa de ayudar a los que no pueden resguardarse en sus domicilios. Ya lo ha hecho “Antrax”, y ahora se une el youtuber “Coreano Vlogs”, quien se dio a la tarea de entregar sobres con mil pesos a personas vulnerables que salen a vender a las calles.

El bloguero de ascendencia asiática buscó a cinco comerciantes que habitualmente ofrecen sus productos en semáforos, esquinas o cruces de la Ciudad de México y les entregó un sobre la citada cantidad, y no sólo eso, sino que también les compró de la mercancía que ofrecían.

“Coreano Vlogs” se acercó a un par de religiosas, les entregó el efectivo y también compró galletas y buñuelos de los que las mujeres llevaban en canastas.

La siguiente persona fue una mujer que vendía juegos de lotería. La vendedora, que refirió tener cuatro hijos, recibió el dinero y se retiró del lugar. El joven youtuber no se fue sin su lotería para jugar con su esposa.

Otro vendedor beneficiado fue don Agustín, quien vende las obleas que él mismo prepara. Se dijo agradecido y se marchó a su casa.

César comercializa artesanías y dice que le puso “diablitos” a su bici para llevarse a su esposa, pues no le alcanza para los pasajes. El joven le obsequió el sobre con dinero para hacer la despensa y poder pasar unos días sin salir de casa.

Finalmente, el turno fue para don Abel, un hombre de la tercera edad que vende pulseras sobre una manta en el piso. El anciano reconoce que va poca gente a la iglesia en donde se pone pero la sonrisa no se borra de su rostro, y con esa misma acepta el sobre de dinero.