Los habitantes de Alvarado, Veracruz, cuentan la historia de un perro que atormentaba al poblado y atacaba a la gente, hasta que alguien decidió enfrentarlo e hizo que se llevaran una sorpresa.

Ciudad de México, 14 de agosto (SinEmbargo).- Las leyendas forman parte del folclor y la cultura de un lugar, visitar un sitio y escucharlas brinda una atmósfera distinta a cualquier viaje. Veracruz cuenta con leyendas muy famosas como “La Mulata de Córdoba” o “Callejón del Diamante”. En esta ocasión compartimos “La leyenda del Perro Prieto”.

Se cuenta que, en Alvarado, Veracruz, había un hombre de muy mal aspecto que molestaba a las mujeres y robaba las cosechas; aunque muchas personas eran sus víctimas nadie sabía quién era y mucho menos dónde vivía. Cansados de la situación, los pobladores buscaron al hombre misterioso y lo expulsaron de la ciudad, nadie volvió a verlo.

Un día, una señora que salía del mercado y cargaba las bolsas con sus compras se encontró con un perro prieto que de manera atemorizante le impidió pasar, aunque no ladraba tenía una mirada escalofriante y colmillos afilados que espantaron a la mujer, por lo que decidió regresar por el camino que venía. Cuando su hijo la encontró, ella le explicó que un perro no la dejaba pasar, el hijo le dijo que sólo debía darle un pedazo de pan o comida, ya que seguramente estaba hambriento. La señora siguió el consejo, se acercó un poco al perro y le ofreció un pedazo de pan; sin embargo, el animal se lanzó contra ella y antes de que pudiera quitarse, le arrancó la mano con todo y comida, el perro salió corriendo con la mano en el hocico.

Pasaron algunos días y unos campesinos, que regresaban a casa después del trabajo, se encontraron al perro, ellos intentaron acercarse y acariciarlo, pero se encontraron con su escalofriante mirada y colmillos imponentes, aunque los hombres quisieron evitarlo y seguir por otro camino, el animal se abalanzó contra uno de ellos a quien le mordió una pierna dejándole un gran agujero.

Los habitantes ahora eran aterrorizados por el perro prieto que, además de morder a quien estuviera en su paso, hacía destrozos en el pueblo, rompía todo lo que encontraba a su paso, entraba a las casas y comía todo lo que hallaba. Un hombre, al ver al perro destruyendo un puesto del mercado, tomó una vara y empezó a golpearlo, siguió hasta que el animal no pudo moverse, la gente se acercó a ver lo que sucedía, el perro parecía ya no moverse, pero de un momento a otro se levantó en dos patas y empezó a arrancarse la piel, se estaba transformando en un hombre y su rostro era el de aquel de mal aspecto que molestaba a todos y a quien habían expulsado de la ciudad.

La gente dice que el hombre se transformó en ese espeluznante animal para seguir haciendo fechorías en el pueblo y no ser castigado. Después de transformarse, el señor corrió ante el asombro de los habitantes para nunca más volver.