¿Qué pasa con los plásticos que contaminan el mar? Foto: Cuartoscuro

Por Miguel Rivas

El plástico que desechamos en el mar no desaparece, se queda ahí. Los animales se lo comen y nosotros a ellos. En resumen: ese mismo plástico puede, potencialmente, ir a parar en nuestra comida.

Desde el 2018, cuando Veracruz fue la primera entidad federativa en prohibir las bolsas de plástico, se ha hablado sobre el plástico y sus afectaciones al medio ambiente. Mientras los ambientalistas exigimos una mayor regulación y que los productos que puedan ser reemplazados por alternativas reutilizables sean prohibidos en la legislación federal, los industriales del plástico han echado a andar su maquinaria comunicativa y de cabildeo para que las legislaciones que prohíben sus productos en más de 25 estados queden sin efecto a través de modificaciones a la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos.

Sin embargo, más allá de una pugna entre plastiqueros y ambientalistas, lo que debe primar es el bien común. Esto es el derecho de los ciudadanos, representados por sus legisladores, a disfrutar del derecho humano a un ambiente sano. Una información determinante para legislar en la materia debe ser un reciente estudio elaborado por Greenpeace y el Centro para la Diversidad Biológica junto a investigadores de 3 importantes casas de estudio del país (UNAM, UABCS y UV), en el que se encontró que el 20 por ciento de los peces de interés comercial que se venden en México tienen presencia de microplásticos en su interior. Detener el flujo de plásticos hacia el mar debe ser prioridad.

En 755 peces analizados en caletas de pescadores artesanales de Veracruz, La Paz y Puerto Morelos, se encontró que el 54 por ciento de ellos tenía fragmentos o fibras plásticas o algún material manufacturado (de origen no orgánico) y un posterior análisis de laboratorio confirmó que materiales como celofán, etilvinilacetato, nailon, poliacrilato, poliestireno, poliéster, polietileno y polipropileno estaban presentes en el 20 por ciento de los peces analizados. Las especies más afectadas fueron: pargo mulato, lisa o lebrancha y peto en Veracruz y mero bobo en Puerto Morelos. En tanto, la región más afectada fue Veracruz, donde se encontró hasta 45 fragmentos/fibras plásticas en un solo estómago de pez.

Estos plásticos tienen múltiples usos, algunos corresponden a fibras para ropa y textiles (nailon, poliacrilato y poliéster), plástico rígido para contenedores de distintos tipos (poliestireno y polipropileno), elaboración de equipos de pesca o material para embarcaciones (poliacrilato y polipropileno), elaboración de instrumentos eléctricos (poliéster) o la elaboración de botellas, bolsas de supermercado, empaques pequeños de un solo uso y otros contenedores de uso industrial (polietileno).

¿Entonces nos estamos comiendo el plástico que desechamos?

Diversos estudios muestran que aunque las vísceras de los peces sean removidas antes de su consumo, diversas partículas tóxicas son absorbidas por el músculo del animal. También muestran que los alimentos provenientes del mar pueden representar la tercera fuente más importante de consumo de microplásticos, después de las aguas embotelladas o el mismo aire que respiramos.

Esto no está pasando en Asia o en los vórtices de giro oceánicos donde se forman las sopas/islas de plásticos. Está pasando aquí en aguas y recursos mexicanos, potencialmente afectando la salud de la población y además la economía de las familias dedicadas a la pesca ribereña. Debemos dejar de engañarnos a nosotros mismos creyendo que esto se soluciona solo con una mayor disposición final de los residuos. Se trata de legislar con visión de país para detener este flujo de plásticos hacia el mar desde su origen mismo, la producción de cada vez más y más plástico.

El llamado a las autoridades es claro y contundente. La autoridad de salud debe determinar cuales son los impactos a la salud de las personas de estos plásticos presentes en nuestros alimentos y el senado mexicano tiene la responsabilidad de legislar en la materia. Ya se escuchó a todos los actores, ya hay propuestas sobre la mesa, ahora solo queda saber a quienes escuchan nuestros legisladores, si a sus representados o a quienes buscan seguir inundando de plásticos nuestros mares y nuestra comida.

*Miguel Rivas es doctor en Biología por la UNAM y coordinador de la campaña Océanos de Greenpeace México.

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