Muñoz Ledo y Mario Delgado, aspirantes a dirigir Morena. Foto: Graciela López, Cuartoscuro.

Decía el némesis de la 4T, Felipe Calderón Hinojosa, que el reto del Partido Acción Nacional, era, entrada la década de los 2000, ganar el Gobierno sin perder el partido. En Morena ganaron el Gobierno con un incipiente partido que hoy se está perdiendo en la avaricia electoral por los procesos electivos del 2021 y el 2024.

Tan jugoso es el juego electoral para Morena en los próximos cuatro años que a la convocatoria para elegir la fórmula líder del partido se registraron 100 personas, 47 que aspiraban a la dirigencia nacional, y 53 que buscaban la secretaría general del partido fundado por el Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Es quizá una cifra récord de registrados para encabezar un partido político en México. Ni en el PRI en sus épocas de gloria tuvo tanta competencia, además que la unidad institucional siempre prevalecía para encaminar a los elegidos. Y en el PAN, bueno, se convirtió en un partido que después de las traiciones, se hereda entre el grupo en el poder.

Morena para el 2021 tiene la jugosa carnada de 15 gubernaturas y la Cámara de Diputados, los aspirantes, ya enrutados en el 2024, también aspiran a convertirse en el líder que ganó por primera vez más gubernaturas para ese partido desconociendo de manera intencional que la fuerza electoral radica en el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, y no en un partido que, de hecho, ni estructura electoral posee al haberse fundado en liderazgos locales en los estados, sacados de la agenda del hoy Presidente y entonces fundador de Morena.

Yeidckol Polevnsky presume haber ganado, como dirigente de Morena, la Presidencia de la República, la mayoría en la Cámara de Diputados, en la de Senadores, 17 congresos estatales y dos gubernaturas en el 2019, la de Puebla y la de Baja California, también restándole mérito al que fue hombre orquesta de Morena y hoy radica en Palacio Nacional.

Dos grupos se pelean la dirigencia nacional de Morena con mayor ahínco. El que tiene al Diputado Mario Delgado como fuerte aspirante, pero que encabeza el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, quien se asume como candidato natural para suceder al Presidente López Obrador en el 2024. El otro grupo lo encabeza la prosapia de don Porfirio Muñoz Ledo y es auspiciado por los más románticos del movimiento encabezado por el Presidente, entre ellos, la Gobernadora de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, quien también aspira a suceder a  su líder fundacional.

En la primera encuesta después que el Instituto Nacional Electoral se hiciera cargo de la elección interna, aquel ejercicio de reconocimiento de nombre, dejó como mejor posicionado a Muñoz Ledo. En la segunda, ya para elegir a un dirigente de entre cinco, Mario Delgado, Hilda Díaz Caballero, Adriana Menéndez, Porfirio Muñoz Ledo y Yeidkcol Polevnsky, fue Muñoz Ledo quien ganó por décimas con un 25.34 de las preferencias, contra 25.29 logrado por Delgado.

Muñoz Ledo se hizo del triunfo por décimas pero él obtuvo la mayoría, recordando aquella elección constitucional a la Presidencia de la República en la que tanto el IFE y como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación concedieron al 35.91 de la votación lograda por Felipe Calderón Hinojosa, contra el 35.29 obtenido por el hoy Presidente, Andrés Manuel López Obrador, en el que sería su primer intento por hacerse de la Silla del Águila.

En estricto sentido, Porfirio Muñoz Ledo fue el ganador de la interna de Morena, pero en las nuevas bases del Instituto Nacional Electoral el resulto fue un empate técnico que habrá de dirimirse en una nueva encuesta que se desarrollará del viernes 16 de octubre al 22 del mismo mes, presentando los resultados definitivos el 24 de octubre.

Lo que está en juego pues son las candidaturas que se habrán de asignar, sea por designación, por encuesta o por dedazo (también en Morena hay dedazo, y para ejemplo, el Gobernador de Baja California, Jaime Bonilla, pues no hay pruebas de haber ganado una encuesta pero sí fue electo, al más estilo priista, por aclamación).

Del triunfo que se señale el 24 de octubre dependerán las renuncias y solicitudes de licencia de morenistas enquistados en cualquier orden de Gobierno y que aspiren a una candidatura para el 21, pues en los grupos que ya se definen en Morena, hay aspirantes que simpatizan con Delgado y aquellos que lo hacen por Muñoz Ledo, es de esperar que quienes pertenezcan al bando ganador serán eliminados o minimizados de las contiendas internas en estados y municipios, y por supuesto de las listas para integrar las candidaturas representativas a la Cámara de Diputados Federal.

La codicia y la avaricia electoral ha pegado fuerte en Morena, donde en varios estados se comienzan a presentar rupturas que no son ideológicas, sino de poder. Encaminándose a perder el partido por la búsqueda de ganar el Gobierno.

El manejo financiero de Morena tampoco es cualquier cosa. Para 2020, le fueron destinados por el INE en prerrogativas más de mil 600 millones de pesos, con lo que se situó como el instituto político con mayores recursos, aun en época de recesión, de crisis o de contingencia sanitaria. Al haber renunciado al 50 por ciento de sus prerrogativas, y el INE aceptado esa condicionante, se quedaron con poco más de 785 millones de pesos para Morena, lo cual, de nueva cuenta, no es una bicoca, sino una abundancia financiera en tiempos de crisis económica, y en el preámbulo de la elección más grande que se desarrolle en México.

Para el 2024 la elección de la dirigencia nacional de Morena también es determinante. Marcelo Ebrard aspira a convertirse en el candidato de ese partido para suceder al Presidente López Obrador, y la llegada de Mario Delgado le allanaría el camino electoral en la sucesión presidencial. El triunfo de don Porfirio, por otra parte, significaría una línea más institucional y de menos acarrea hacia un tapado o candidato natural. Muñoz Ledo sería el primer mexicano en haber dirigido en el comité ejecutivo nacional de tres partidos políticos, el PRI de 1975 a 1976, el PRD de 1993 a 1996, y ahora, de lograr ganar la encuesta por tercera ocasión, Morena.

Las cartas ya están echadas, los nombres dados y toca una nueva votación dentro de un partido joven, pero viejo en las prácticas políticas y electorales, que significan el acarreo, los intereses de grupos, el manejo de los recursos y, por supuesto, la lucha por el poder, una acción que el Presidente de la República quería evitar, al hacer un llamado a que Morena no fuera como el resto de los partidos, pero que ante su ausencia de liderazgo político –él ha dicho que no entra en las decisiones de partido porque está ocupando su tiempo en gobernar–, se está dividiendo y entrando a una lucha insana en la carrera electoral del 2021 y el 2024. Como todos los partidos en el poder siempre.