En los poemas de Rilke, señalado como uno de los grandes poetas de la lengua alemana, encontramos un tema recurrente: la infancia. “Requiem por la muerte de un niño” tiene interesantes observaciones filosóficas sobre el lenguaje en los primeros años del ser humano.

En las traducciones aquí presentadas hemos procurado mantener los rasgos dialectales del español de México, para que el lector sienta mayor empatía y cercanía con los textos.

Por Alejandro H. Monarres (introducción y traducción)

Ciudad de México, 14 de diciembre (BarbasPoéticas).- A Rainer Maria Rilke se le suele señalar como uno de los grandes poetas de la lengua alemana. Difícilmente habría quien se encuentre en desacuerdo con esta afirmación; cultivó obra también en la lengua francesa, así como en la rusa.

En las traducciones que aquí presentamos hemos procurado mantener los rasgos dialectales del español de México, esto, claro, para que el lector pueda sentir una mayor empatía y cercanía con los textos. Esta decisión ha sido tomada considerando el tono especialmente emotivo del “Réquiem por la muerte de un niño” y la familiaridad que pudiera tener el lector mexicano con el poema “La pantera“, por la película Güeros del director Alonso Ruizpalacios.

De los tres poemas que aquí les presentamos podemos decir que en dos de ellos encontramos uno de los temas más tratados por Rilke: la infancia. Si bien “La fábula de la nube” recuerda en cierta medida a “Under the sunset”, de Bram Stoker, por su tono infantil y macabro (caso onírico); en “Requiem por la muerte de un niño” encontramos interesantísimas observaciones filosóficas sobre la adquisición del lenguaje en los primeros años de vida del ser humano.

RÉQUIEM POR LA MUERTE DE UN NIÑO

Lo que le habré impreso a la palabra “Nombre”,
y el perro, y la vaca, y el elefante,
ahora, desde siempre y desde tan lejos ya reconocidos,
y además la cebra… argh, ¿para qué?
El que ahora me lleva
se eleva sobre sobre el Todo,
como el nivel del agua. ¿Es esta la calma,
saber que se ha sido cuando no se atravesaban superficies tersas y duras
hacia un rostro comprensivo?

Y estas manos abiertas…

Ustedes a veces decían: él promete.
Sí, prometía, pero lo que les prometía
ya no me importa más.
A veces me sentaba por largo rato cerca de la casa
observando un pájaro.
¡Si me hubiera podido convertir yo en esa mirada!
Y me hacía elevar mis cejas
bien altas. No tuve amor alguno.
El amar no fue más que miedo…, tú entiendes, mas
yo no era nosotros
y era mucho más grande que un hombre
y era
como si yo mismo fuera el peligro,
y dentro de ella
yo era la semilla.

Una pequeña semilla; se la envidio a las calles,
se la envidio al viento. La dejo ir.
Porque nunca he creído
que hayamos estado sentados juntos todos nosotros. Palabra de honor.
Ustedes hablaban, reían, pero no se encontraban
ni en cada habla ni en cada risa. No.
Como ustedes temblaban, no lo hacía
ni el azucarero ni lo hacía la copa de vino.
La manzana se posaba. Qué bueno era a veces
tomar la manzana dura y madura.
La fuerte mesa, los silenciosos trastes,
tan buenos, cómo calmaban el año.
Y también a veces mi juguete era bueno conmigo,
podía ser casi tan confiable
como las otras cosas, aunque no tan tranquilo.
Estaba en un despertar constante,
como en medio, entre mi sombrero y yo.
Tenía un caballo de palo, tenía un gallo,
tenía también esa muñeca con una sola pierna;
hice tanto por ellos.
Hacía el cielo pequeño cuando ellos lo veían,
pues entendí pronto
cuan solo se está cuando se es un caballo de palo.
Puedes fabricarlo: un caballo de palo de cualquier tamaño.
Lo pintan y luego lo montan,
y recibe tantos golpes por el camino.
¿Por qué no era mentira
cuando le llamaba “caballo”?
Porque incluso yo mismo me sentía como
un caballo varonil, nervudo:
incluso me sentía con cuatro patas…
(¿y convertirme algún día en hombre?)
¿Pero acaso no yo no me convertía
en madera por mi propia voluntad
y me hacía duro en silencio
con un rostro diminuto?

Ahora casi creo que siempre hemos estado equivocados.
Veía el arroyo y murmuraba,
el arroyo murmuraba y me lanzaba a él.
Donde veía algún sonido, yo mismo resonaba,
y donde algo sonara, era por mí.

Así me metía en Todo.
Pero Todo sin mí estaba tan bien,
y entristecía si me entrometía.

Ahora estoy repentinamente separado.

¿Comienza
un nuevo aprendizaje, un nuevo preguntar?
¿O debería decir,
cómo es ahora todo ante ustedes? Eso me asusta.
¿La casa? Nunca la entendí del todo.
¿Las habitaciones? Argh, había tantas cosas en ellas.
…tú, madre, ¿quién era realmente
el perro?
E incluso que encontráramos bayas en el bosque
me parece un hallazgo increíble.

……………………………………………………..

Debería haber niños muertos
que vengan a jugar conmigo. Siempre hay
algunos muriendo. Yaciendo en sus cuartos,
así como yo lo estuve y nunca me curé.

Curarse… qué extraño suena aquí. ¿Tiene sentido?
No hay, donde estoy, creo, nadie enfermo.
Ha pasado tanto tiempo desde que me dolía la garganta…

Aquí todo es como una bebida fresca.

Sin embargo, aún no veo a quienes nos beben.

LA FÁBULA DE LA NUBE

El día en tonos suaves partió,
y como un golpe de martillo murió.
Como un melón dorado
yacía grande la luna a la vera de la yerba.

Una nubecilla quiso morderla,
y lo logró, tan solo un par de pulgadas
del claro iris;
mordía a prisa sus mejillas rechonchas.

Largo tiempo así permaneció
bebiendo su luz;
La nube se derritió y negra se volvió.

LA PANTERA*

Su mirada de ver pasar las rejas
se ha cansado tanto que ya no retiene más.
Ahí está él, como si hubiera mil rejas
y detrás de mil rejas no hubiera mundo alguno.

El andar suave de pasos flexibles y fuertes,
en un círculo estrecho gira;
es como una danza de poder en torno a un círculo
en el que en el centro se alza un gran deseo.

Tan solo a veces el telón de sus párpados se alza
en silencio. Entonces una imagen entra,
viaja por la calma en tensión de sus miembros
y en su corazón se queda.

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*NOTA: En el poema Pantera, sería conveniente mencionar que en la lengua original el género gramatical del animal mencionado en el poema es masculino, esto contrasta con la palabra pantera, como se le conoce en español y que es de género femenino. Esto habría que tenerlo en mente al leer al poema: pensar en el personaje central del texto como una entidad masculina en vez de femenina.