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Ernesto Hernández Norzagaray

15/01/2022 - 12:04 am

Juego de luces y sombras

En definitiva, lo ocurrido en la reunión de embajadores y cónsules sirvió a los intereses del Secretario de Relaciones Exteriores, pero sólo para ratificar su lealtad y dar buenas cuentas al Presidente aún cuando le hayan corregido la plana de Nicaragua.

El Canciller durante la XXII Reunión de Cancilleres de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).
“Marcelo Ebrard hace su mejor esfuerzo en la Cancillería y teje relaciones a escala internacional”. Foto: SRE, Cancillería Argentina, Cuartoscuro

Era de esperar.

Marcelo Ebrard, el Secretario de Relaciones Exteriores, presidió la XXXIII Reunión de Embajadores y Cónsules del Servicio Exterior Mexicano.

Lo hizo prácticamente bajándose del avión que lo trajo de Santiago de Chile, a donde fue a encontrarse con Gabriel Boric, el Presidente electo de ese país sudamericano, seguramente para fijar una agenda común en temas sensibles y alejado de las posturas cuestionadas de algunos gobiernos de izquierda en la región, como bien, tuvo el tacto, de anunciarlo el chileno luego de conocerse su triunfo apabullante en las urnas.

¿Acaso la decisión de Ebrard de no enviar representante a la toma de posesión de Daniel Ortega no estuvo calculada en clave de presidenciable? ¿Acaso la reconsideración de AMLO ante Nicaragua no está en clave de mantener puentes con todos los gobiernos y mantener “su” liderazgo con los afines en Latinoamérica, pero, manteniendo distancia con aquellos que se alejan de las formas democráticas? ¿Acaso la decisión de Marcelo Ebrard de no asistir a la quinta toma de posesión de Daniel Ortega y mandar a un funcionario de segundo nivel, es la verdadera decisión sobre Nicaragua?

Es decir, una forma muy diplomática, de golpe con guante blanco al otrora legendario dirigente de la Revolución Sandinista y hoy convertido, usando el titulo de una novela del chileno Luis Sepúlveda: La sombra de lo que fuimos (2009).

Alguien tiene que hacer el trabajo sucio y quién el trabajo limpio en la escena internacional. Un punto a favor de la carrera de Ebrard que manda el mensaje político de que está más cerca del ideario de Gabriel Boric que de Nicolás Maduro, Daniel Ortega o Miguel Díaz-Canel.

Pero, volviendo a la reunión anual con embajadores y cónsules, los aquellos que operativamente hacen la política exterior mexicana, hay que leer el discurso de Ebrard entre líneas, ya que el énfasis está puesto en destacar su lealtad al Presidente y trasmitir a sus interlocutores el sentido de “prestigio” de México en el extranjero.

Así dijo: “Queremos transmitirle nuestros deseos, nuestra solidaridad para que salga adelante y se recupere pronto; nos alegra verlo bien, lo que significa que se encuentra bien y es una buena noticia. Quiero decirle que le tenemos aprecio y afecto, así como lealtad”. Quizá este énfasis busca atajar las voces que alimentan la idea de que está en curso una ruptura en el primer círculo del poder como lo planteó recientemente la periodista Anabel Hernández en una colaboración para Deutch Welle y, producto, de la cada vez más notoria preferencia del Presidente por Claudia Sheinbaum.

Pero Ebrard continúa diciendo que México, y particularmente el Presidente López Obrador, tiene un gran prestigio internacional por su “autoridad moral” y remata afirmando: “Yo estoy muy orgulloso de nuestro Presidente, de nuestro país y de nuestro servicio exterior”.

Recordó luego las tareas diplomáticas especialmente en los Estados Unidos de Norteamérica que tienen que ver con el trámite para obtener vacunas contra la COVID-19 y sus variantes, la migración de centro y sudamericana y la violencia proveniente del tráfico ilegal de armas.

Y, claro, la tarea diplomática la está haciendo en perspectiva de mantenerse en el ánimo del presidente para la definición del 2024 y es que ese año no está lejos, para diciembre todos los secretarios deberán renunciar a sus cargos si aspiran a otro de representación política, o sea, es probable, que no presida la próxima reunión de embajadores y cónsules mexicanos.

Aunque de aquí a entonces, muchas cosas habrían de suceder, y la gran interrogante es si AMLO mantendrá la promoción de la titular del Gobierno de la Ciudad de México, o lo que hemos visto en el último año es un nuevo juego de luces al viejo estilo priista, y que le sirve al mandatario para distraer, pero, también, ver el talante y la lealtad de cada uno de los aspirantes a sucederlo en el cargo de representación política.

En este momento, Claudia Sheinbaum está en lo más alto de la visibilidad política, su rostro normalmente austero en gestos ha vivido un cambio, especialmente, luego del colapso catastrófico de la ruta 12 del Metro de la Ciudad de Metro, y se le ve alegre y siguiendo una estrategia de posicionamiento popular.

Ricardo Monreal, el enfant terrible del morenismo, para muchos el enemigo interno a vencer. Vive cotidianamente el calvario de su aspiración declarada por ser el candidato de Morena a la Presidencia de la República, y en caso de que no suceda, tiende puentes, como bien lo describe Alejandro Páez en este espacio informativo, sin darle ninguna esperanza de alcanzar la nominación, por lo que pronostica que si es candidato, será por otro partido o coalición.

Sin embargo, en democracia la tendencia natural siempre será hacia el centro, y creo que Monreal tiene un plan B convertirse en candidato por una opción de centroizquierda y ahí su papel de víctima, pero también la exhibición pública, podría granjearle una candidatura presidencial y ya dependerá de cómo esté el ánimo del electorado.

Una cosa está clara: no se necesita dar muchas vueltas, cualquier ruptura de un presidenciable de Morena le pega a Morena, AMLO ya no estará en la papeleta electoral y la apuesta es por la marca electoral que está ganado elecciones y prefigurando las alianzas buenas, regulares y malas para 2024.

Marcelo Ebrard hace su mejor esfuerzo en la Cancillería y teje relaciones a escala internacional; lo mismo, Monreal, pactando acuerdos a favor de la política obradorista y Claudia Sheinbaum hace lo propio en la Ciudad de México, pero, al final, con la información sobre intención de voto, la lealtad de los aspirantes, los perfiles de la oposición y, sobre todo, con el pragmatismo que caracteriza a AMLO, tomará la decisión en la soledad de Palacio Nacional.

En definitiva, lo ocurrido en la reunión de embajadores y cónsules sirvió a los intereses del Secretario de Relaciones Exteriores, pero sólo para ratificar su lealtad y dar buenas cuentas al Presidente aún cuando le hayan corregido la plana de Nicaragua, pero, creo, esa corrección estuvo fríamente calculada para satisfacer a los “radicales” de los que habla el Senador Monreal.

Al tiempo.

Ernesto Hernández Norzagaray
Doctor en Ciencia Política y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel I. Ex Presidente del Consejo Directivo de la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales A. C., ex miembro del Consejo Directivo de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política y del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Ciencia Política A.C. Colaborador del diario Noroeste, Riodoce, 15Diario, Datamex. Ha recibido premios de periodismo y autor de múltiples artículos y varios libros sobre temas político electorales.

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