El futuro plantea más preguntas que respuestas: ¿Seremos la única especie que prevalecerá o evolucionaremos en algo distinto y nuevo? ¿Influirán la tecnología y las inteligencias artificiales en esto?

El historiador Yuval Noah Harari realiza un recorrido desde los albores del Homo sapiens y la revolución cognitiva, hasta la agrícola y la científica, cambios que han sucedido de forma vertiginosa. Ahora vivimos una época de abundancia, pero nuestro entorno y otras especies han pagado el precio.

Por Alicia Gutiérrez Reyna

Ciudad de México, 15 de febrero (LangostaLiteraria).- “Hubo humanos mucho antes de que hubiera historia”. Humanos que también reían, imaginaban, tenían conflictos. Hubo grupos que formaron familias y tribus, que cazaban, recolectaban e intentaban sobrevivir.

Los humanos que habitaron el valle del Neander fueron conocidos como Homo neanderthalensis. Los Homo erectus se diseminaron por las regiones orientales de Asia, los Homo soloensis vivieron en Java y en la pequeña isla de Flores sobrevivieron los Homo floresiensis. Hubo muchos otros y luego llegaron los sapiens

¿Pero cómo pasamos de animales a dioses? El historiador Yuval Noah Harari hace un recorrido desde los albores del Homo sapiens. ¿Qué nos hizo sobrevivir a pesar de las condiciones adversas? ¿Cómo dominamos el mundo y a otras especies de animales?

Primero llegaría la revolución cognitiva. Los sapiens tuvieron que aprender a colaborar unos con otros de formas en las que otras especies habían fracasado:

“El secreto fue seguramente la aparición de la ficción. Un gran número de extraños pueden cooperar con éxito si creen en mitos comunes”, explica Harari.

Así fue como creamos naciones, dinero, leyes y religiones. Todos esos son conceptos que sólo existen en la mente de los seres humanos. Miles o millones de personas pueden unirse para defender un territorio, considerando que sienten que pertenecen a un país. Sin embargo, esta nación y sus fronteras fueron determinadas hace apenas 200 o 300 años, incluso menos.

Luego llegó la revolución agrícola. Parecía un buen trato: comida en abundancia, refugio y mayor seguridad ante el ataque de otras tribus o animales. Esto también permitió que las comunidades comenzaran a hacerse más grandes.

En ese sentido, Harari señala:

“Algunos partidarios proclaman que puso a la humanidad en el camino de la prosperidad y el progreso. Otros insisten que la llevó a la perdición. Fue el punto de inflexión, dicen, en el que los sapiens se desprendieron de su simbiosis íntima con la naturaleza y salieron corriendo hacia la codicia y la alienación”.

Sin importar la opinión que se pueda tener al respecto, es claro que a partir de ese momento ya nada fue igual. Las comunidades crecieron, ciudades y reinos se establecieron. Si pensamos en los miles de años que le tomó llegar al sapiens a este punto, los cambios fueron lentos. Imperios crecían, se expandían y desaparecían. El gran potencial de los sapiens estaba latente hasta que finalmente explotó.

Así llegó la revolución científica. Los cambios se sucedieron de forma vertiginosa, nos tomó unos pocos siglos lograr el bienestar, la prosperidad y la salud, aunque siempre ha sido a costa de algo. Descubrimos continentes, aprendimos a usar el vapor para mover el mundo, luego la electricidad y después el átomo. Creamos máquinas, nos conectamos como ninguna especie antes había logrado hacerlo.

Vivimos una época de abundancia, pero el medioambiente y los animales con los que convivimos pagaron el precio.

Ahora, como nunca, hemos logrado curar enfermedades, disminuir las hambrunas, tenemos casi todo a un clic de distancia, pero seguimos estando insatisfechos. La insatisfacción nos ha permitido llegar a donde estamos, ¿a dónde más nos llevará?

El futuro plantea más preguntas que respuestas: ¿seremos la única especie que prevalecerá o evolucionaremos en algo diferente y nuevo? ¿Influirán la tecnología y las inteligencias artificiales en esta evolución? ¿Qué pasará con nuestro planeta y las otras especies de animales que lo habitan?

Sin embargo, como lo destaca Yuval Noah Harari:

«Estudiamos historia no para conocer el futuro, sino para ampliar nuestros horizontes, para comprender que nuestra situación actual no es natural ni inevitable y que, en consecuencia, tenemos ante nosotros muchas más posibilidades de las que imaginamos».

Sin ser un análisis exhaustivo, en De animales a dioses podemos apreciar nuestro paso por el planeta y qué significamos en este pequeño momento de la historia del universo.

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