En Veracruz existen diversas leyendas que forman parte de la riqueza cultural de México, en esta ocasión te compartimos la historia de “El Callejón del diamante” que se encuentra en Xalapa.

Ciudad de México, 15 de mayo (SinEmbargo).- El folclor mexicano está compuesto por tradiciones y costumbres llenas de color, sabor e historia. Las leyendas son relatos que se transmiten de generación en generación y suelen tener un carácter sobrenatural, estas forman parte de la riqueza cultural de México y en esta ocasión nos enfocaremos en una leyenda veracruzana que se cuenta en Xalapa: El Callejón del Diamante.

Las leyendas suelen tener algunas diferencias en su historia de acuerdo a la persona que la cuente, esto es porque con el paso del tiempo surgen diversas versiones, a continuación te compartimos una versión de El Callejón del Diamante.

Se cuenta que esta historia ocurrió en una de las casonas de Xalapa en los tiempos de la Colonia. Una joven criolla de cabellera negra y mejillas sonrosadas, cuya hermosura se describe como desconcertante, estaba casada con un español rico y distinguido que la quería mucho. Cuando eran novios, él le regaló un anillo como símbolo de su compromiso, la sortija tenía un diamante negro que poseía cualidades mágicas pues intensificaba el amor del marido y revelaba las infidelidades de una mujer; ella juró no quitárselo.

El marido tenía un socio y amigo muy cercano al que quería como un hermano por lo que a menudo visitaba su casa; parece que entre la mujer y el socio español empezó a existir atracción. Un día que el esposo salió de viaje, ella aprovechó para visitar la casa del amigo, se quitó el anillo y lo colocó en el buró, muy cerca de la cama.

Al regresar de su viaje, el esposo sintió una fuerza extraña que lo llevó a visitar la casa de su amigo, a quien encontró en su habitación durmiendo. Debido a que existía confianza, entró al cuarto y lo primero que vio fue el diamante negro de su esposa en el buró, con disimulo tomó la joya y se dirigió despechado a su hogar.

Cuando llegó a su casa llamó a su esposa y al besar su mano notó que no tenía el anillo, así, confirmó sus sospechas y enloquecido desenvainó la daga con la empuñadura de oro y rubíes para clavarla en el pecho de su esposa infiel, después arrojó sobre el cadáver la sortija y desapareció.

La gente que habitaba la zona decía: “Vamos a ver el cadáver del diamante”, en alusión al anillo, con el tiempo se transformó en El Callejón del Diamante.