Eduardo Porter, periodista de The New York Times, comparte en entrevista con SinEmbargo cómo Donald Trump capitalizó la hostilidad racial de un electorado blanco para llegar al poder y cómo, pese a su salida del Gobierno, ha podido tomar fuerza dentro del Partido Republicano.

Ciudad de México, 15 de mayo (SinEmbargo).– Donald Trump perdió la presidencia de Estados Unidos, y lo hizo con una postal que dio la vuelta al mundo con el asalto al Capitolio que perpetró un grupo de sus seguidores, a quienes el propio expresidente azuzó mediante un discurso y una serie de tuits en los que alegó un supuesto fraude electoral. Pese a ello, y las implicaciones que tuvieron estos sucesos, el Partido Republicano pareciera reacio a darle la vuelta a la página a la era Trump.

“Para muchos aquí (en EU) Trump nos pareció una aberración, un evento único e inexplicable. Cómo una persona con esas características, que miente a cada hora, que parece no tener respeto por una gran mayoría de tus conciudadanos… cómo podría llegar a la presidencia. Si que esto no tiene precedentes, pero quién sabe qué es lo que sigue porque el Partido Republicano ahora parece ser el partido de Trump a pesar de que él ya no está en la presidencia”, comparte en entrevista telefónica con SinEmbargo el periodista de The New York Times Eduardo Porter con motivo de la publicación de su libro El precio del racismo (Debate).

Porter señala que una muestra de la influencia que aún tiene Trump dentro del partido de Abraham Lincoln fue la salida de Liz Cheney del liderazgo de esta formación en la Cámara de Representantes por su posición crítica hacia el expresidente. Cheney, hija del exvicepresidente Dick Cheney durante la administración de George W. Bush, advirtió la semana pasada que liderará la lucha para restaurar los principios conservadores.

“Cheney es el Partido Republicano de antes, de cuando su papá era vicepresidente y George Bush Presidente. El partido nuevo se ha entregado totalmente a Trump. ¿Y a dónde puede ir en el futuro? Para mí es un misterio, podría Trump quizá regresar a la presidencia o alguien muy cercano a su órbita con la misma clase de instintos políticos y la misma ideología. Entonces, no sé si es la culminación o si se puede ir más lejos todavía”, comenta Porter.

El periodista da cuenta además del costo de la era Trump con un país dividido por la hostilidad racial que alimentó el exmandatario, la cual le sirvió para alimentar un discurso durante cuatro años que tuvo eco en una porción muy grande del electorado blanco que votó por él motivado por miedo al cambio demográfico de EU “que se está volviendo menos blanco año con año”.

“Eso en gran medida explica cómo es que Trump llegó a la presidencia, porque él pudo explotar algo que identificó claramente, que existía ya en esta sociedad, que es esta enorme hostilidad a través de esas fronteras de raza, cultura, idioma, religión. Digamos una población blanca que se siente asediada o que siente que va a perder el poder que siempre ha tenido por el cambio demográfico principalmente”, comparte Eduardo Porter.

El precio del racismo, libro del periodista Eduardo Porter editado por Debate. Foto: Cortesía

***

—¿Cuál ha sido el costo de los cuatro años del Gobierno de Donald Trump para Estados Unidos?

—Yo veo ahorita un país increíblemente dividido por hostilidad racial, en donde tenemos a una porción muy grande del electorado blanco que votó por el Presidente Trump primordialmente motivado por miedo al cambio demográfico de este país que se está volviendo menos blanco año con año. Entonces, es un país increíblemente dividido y yo te diría que una primera idea es que ese es uno de los costos de los últimos cuatro años, en el cual la retórica del Presidente se encaminó a dividir al país de esta manera.

O sea, el Presidente mismo, cada tuit, cada comentario, parecían tener el objetivo o tenían el objetivo, de crear esas divisiones para afianzar su base política entre el electorado blanco sin grado universitario, digamos el centro de su apoyo. Lo hizo a través de azuzar los medios, azuzar su desconfianza, hacia las poblaciones urbanas de color y eso nos llevó a un punto de increíble división, animosidad, pero al mismo tiempo esa animosidad, ese miedo ya existían, él no las inventó; estaban aquí desde antes de Trump. 

De hecho, eso en gran medida explica cómo es que Trump llegó a la presidencia, porque él pudo explotar algo que identificó claramente, que existía ya en esta sociedad, que es esta enorme hostilidad a través de esas fronteras de raza, cultura, idioma, religión. Digamos una población blanca que se siente asediada o que siente que va a perder el poder que siempre ha tenido por el cambio demográfico principalmente.

Y hay otras cosas, por ejemplo la población blanca sin grado universitario es más rural y las poblaciones urbanas son mucho más diversas. Entonces, hay una división también geográfica entre los Estados Unidos urbano, que es más diverso, que es más educado, que es económicamente más próspero, es más joven; y la América de pueblo chico que es blanca, que es más pobre, que es menos educada, es más vieja. Esas divisiones, coinciden con divisiones de hostilidad racial. Esto no lo inventó Trump. Lo usó, lo aprovechó y quizá lo exacerbó. Lo sacó a la superficie. Ya no nos podemos hacer tontos de que no existe esa hostilidad, de que el racismo no es así como de primera importancia porque ahí está esa administración, lo puso sobre la mesa y es un problema gigante que está claro que este país no ha logrado resolver.

El periodista Eduardo Porter. Foto: Cortesía.

—Con el triunfo de Joe Biden pareciera que este electorado desapareció, sin embargo, la realidad es que ahí está, fue notorio su respaldo a Trump como lo mostró la toma del Capitolio, ¿qué lección queda por aprender a la sociedad estadounidense y qué es lo que puede hacer con esta parte de la población?

—Tienes toda la razón. Esta gente está ahí todavía. 65 millones votaron por Trump. Un número enorme y eso te indica el poder que tienen estas emociones, el poder que tienen estos prejuicios todavía sobre la sobre la sociedad estadounidense. Ahora, yo creo que la administración Biden no ha perdido esto de vista, creo que lo tiene muy claro y lo puedes ver, por ejemplo, en sus propuestas de inversión en infraestructura. Hay un montón de cosas ahí que son para ayudar a la América rural. Desde su programa para mejorar la tecnología de Internet en pueblos chicos, hay 100 mil millones de dólares para eso, para los sistemas de agua, para las carreteras y recuperar infraestructura que ya estaba abandonada. 

Justificando esas ideas está esta proposición de que si mejoran las condiciones económicas de las comunidades donde viven estas personas, a lo mejor cambian de idea, y a lo mejor su impulso para votar por el Presidente Trump era producto del desempeño económico de sus comunidades, de la pobreza, de la falta de oportunidades. Yo soy medio escéptico de ese argumento, porque yo en realidad creo que la motivación primera es racial, que el Estados Unidos en donde ellos eran chicos, en los años 50, que ahí sí era avasalladoramente blanca esa sociedad y el poder era absolutamente detentado por los votantes blancos, esta gente está viendo que EU ya no se parece a eso, es otro lugar y eso es lo que les inspira el miedo y les inspira esta reacción como violenta. 

No me parece mala idea pensar que si a lo mejor sus condiciones económicas mejoran pues quizá estarán más tranquilos, con mayor confianza en el futuro y eso los podría llevar a comprometerse con un país más múltiple, los haga sentirse más cómodos dentro de esta sociedad y entonces no tengan este rechazo al cambio económico y demográfico por el que estamos pasando, pero no estoy convencido de que esto es suficiente, de que esta estrategia puede cambiar las cosas significativamente, que pueda cambiar las opiniones políticas, que pueda tener un impacto significativo en las intenciones de voto de aquí a cuatro años.

—¿Fue Trump el punto culminante de esta hostilidad racial o se puede esperar otro tipo de respuesta por parte de esta comunidad?

Para mí y para muchos aquí Trump nos pareció una aberración, un evento único e inexplicable. Cómo una persona con esas características, que miente a cada hora, que parece no tener respeto por una gran mayoría de tus conciudadanos… cómo podría llegar a la presidencia. Si que esto no tiene precedentes, pero quién sabe qué es lo que sigue porque el Partido Republicano ahora parece ser el partido de Trump a pesar de que él ya no está en la presidencia. No está regresando a lo que era antes de la aparición de Trump, de hecho lo que ocurrió, de que echaron a Liz Cheney de su puesto como tercera en el orden del Partido Republicano en la Cámara de Representantes, pues es precisamente una manifestación de eso. 

Cheney es el Partido Republicano de antes, de cuando su papá (Dick Cheney) era vicepresidente y George Bush Presidente. El partido nuevo se ha entregado totalmente a Trump. ¿Y a dónde puede ir en el futuro? Para mí es un misterio, podría Trump quizá regresar a la presidencia o alguien muy cercano a su órbita con la misma clase de instintos políticos y la misma ideología. Entonces, no sé si es la culminación o si se puede ir más lejos todavía.

–Hablas de la atención que da Biden a este electorado de Trump. Ya han pasado más de 100 días del inicio de su Gobierno, ¿cuáles crees que son sus principales desafíos ante este electorado?

Ahorita Biden anda con una popularidad buena. Lo que ha hecho hasta ahora ha sido bien recibido incluso por votantes republicanos. Es popular lo que ha hecho, sobre todo la estrategia para aumentar la producción y el acceso a las vacunas, su primer gran paquete de ayuda económica que fue de dos billones de dólares y su propuesta de infraestructura también es popular, esa todavía no ha pasado por el Congreso y no sé qué tan fácil va a ser su paso ahí.

La parte que se le va a complicar más es yo creo el tema de migración, ahí es donde su índice de popularidad ya empieza a caer. Yo creo que él no sabe bien a bien qué hacer al respecto con el número de gente llegando a la frontera sur, y el tema migratorio fue muy crítico para el Gobierno de Trump. Trump usó la migración como otro mecanismo para azuzar el miedo y la desconfianza de su electorado. La primera cosa que dijo cuando lanzó su campaña en 2015 fue que iba a proteger de los mexicanos violadores que estaban cruzando por la frontera. 

Ese argumento todavía vive fuerte en esos 65 millones de personas y es como la manifestación actual de la división racial de este país, ahorita está muy enfocada en el asunto migratorio como lo estuvo a principios de 2016. Desde la campaña de 2015 hasta 2016 en los primeros tiempos de la administración Trump su grito de guerra era sobre migración, impedir la llegada de todas estas gentes, y su electorado blanco estaba totalmente de acuerdo con él y claro Biden no va a tomar esas mismas políticas, pero no sabe bien a bien qué va a hacer.

Su instinto, yo creo, sería tener una política migratoria mucho más abierta, donde recibiera muchos más refugiados. Durante la campaña llegó a decir que a él le gustaría hacer una Reforma Migratoria grande que incluyera legalización de gente que está sin papeles, pero yo no sé si esto va a poderlo hacer porque ahí tiene un problema político y no me sorprendería que él decida que el costo político de una gran Reforma Migratoria sería demasiado alto y entonces no lo haga. Ese yo creo que ese es el desafío concreto más inmediato que tiene Biden. 

El desafío mayor es que tiene cuatro años para cambiar el rumbo del país. Su desafío mayor es tratar de construir una noción de Estados Unidos en la que todos se sientan cómodos porque resulta que hay decenas de millones de votantes que no están cómodos, sienten que su Estados Unidos ya no es de ellos, que se lo está quitando otra gente. Ese es el problema existencial de este país y es el problema central del liderazgo político. 

Ahora, la estrategia de Biden es sacar de los libros de Historia lo que se aprendió durante la Gran Depresión y el programa del New Deal de Roosevelt y tratar de construir un Estado de Bienestar más generoso, que sea generoso con todo. De ahí que ha habido una gran propuesta de Biden para el gasto público para fortalecer la red de bienestar social. Creo que es una idea porque la red de bienestar social de esta sociedad es increíblemente pobre y necesita empeñarse mucho más en proteger a la gente más vulnerable. Ahora, me queda la duda, sin embargo, de si esto va a lograr cumplir el objetivo de llevar a la sociedad a un lugar menos dividido.

—En todo el mundo han dado la vuelta las imágenes del abuso policial racial en caso como el de George Floyd y más recientemente uno ocurrido en Ohio con una adolescente, ¿esto se resuelve con revisión de sus protocolos o esto va más allá y corresponde a la hostilidad racial?

—Es parte de la hostilidad racial de EU sin duda. Que un policía mate semana sí, semana no a un negro desarmado porque le habló feo o se resistió al arresto o lo que sea, es claramente parte de la mezcla de desprecio, miedo, condescendencia con lo que muchos blancos en Estados Unidos todavía perciben a las comunidades de color, también a los hispanos, a los latinos. Entonces, el problema fundamental es el mismo, es un problema de racismo. 

Ahora, ¿cómo se empieza a resolver? Yo creo que hay maneras de tratar de trabajar con las instituciones, de trabajar con la policía, para limitar la clase de contacto que lleva a que un policía vaya y mate a otro, ideas cómo tener otro servicio público, que no sea la policía, para atender a situaciones, por ejemplo, de problemas de salud mental. Que de pronto alguien está ahí con un ataque psicótico en la calle y el que llega es un policía que está armado y que en  lugar de que llegue alguien que está entrenado en tratar gente con esta clase de problema y quizá tenga otros modos de ayudarlo que no sea darle un tiro o ahorcarlo. También en modificar las reglas de los departamentos policiales. 

Pero nada más para dejar claro, la violencia policial contra personas de color no es el único problema, ni de lejos, del racismo de esta sociedad. Hay desde la segregación residencial donde los negros históricamente han sido segregados en comunidades lejanas de los servicios públicos, la segregación educativa, que resulta en que las poblaciones de color tienen menos acceso a buenas escuelas, hay, digamos, muchísimas instancias de disparidades, de desigualdades raciales. El problema de la policía nada más es uno.

—Retomando el tema migratorio, éste ha sido históricamente uno de los más controvertidos de la relación México-EU, el Gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador ha propuesto al de Biden voltear a ver a Centroamérica con una réplica de los programas que ha implementado en México, ¿consideras que esta es la fórmula para atender las causas de la migración?

—Mi respuesta más honesta sería decirte no tengo idea. Mira, la migración es una dinámica muy honda, muy vieja, no es un problema de hoy es algo que ha estado con nosotros desde hace mucho, mucho tiempo, y yo sí creo, con bastante seguridad, que en la medida que la gente en Guatemala, en Honduras, pueda tener una vida digna pues no van a venir a EU arriesgándose atravesando México, y el desierto y a que los agarre la patrulla fronteriza y los deporte. No, no van a hacer eso. 

Entonces, teóricamente, o en primera instancia, claro que es buena esa estrategia. La idea de apoyar la creación de empleos y el mejoramiento de la seguridad pública, porque también hay un problema de violencia muy claro en América Central, es una estrategia correcta invertir en eso. Y de hecho, lo puedes un poco ver en la dinámica de la migración de mexicanos a EU porque en la época de las enormes crisis económicas en México había muchísima migración de mexicanos, pero hace mucho tiempo que ya no hay tanta. 

¿Y bueno qué pasa? Bueno, primero en México las condiciones económicas son mucho mejores de lo que eran en la segunda mitad de los 90 cuando vinieron enormes flujos migratorios para acá muchos de ellos impulsados por el “tequilazo” y la enorme recesión que le siguió. Esto lo que muestra es que si hay oportunidades de empleo, oportunidades de una vida digna en donde estás pues no vas a venir a Estados Unidos. Claro, en México también hay otras cosas, cambió la demografía: México está envejeciendo y esto también reduce la presión migratoria porque normalmente la gente que migra por primera vez es gente más joven. No tengo muy claro cuál es el perfil demográfico de estos países de América Central que están mandando ahora muchos migrantes. 

Creo que la idea es correcta, es buena, pero hay muchas dudas si se va a poder implementar bien esta idea, cuánta lana se necesita, cómo se le hace para restaurar la seguridad pública en estos lugares, cómo se le hace para de veras generar empleo. Proponer que generar empleo y mejorar la seguridad pública es una condición necesaria es una cosa y saber cómo hacerlo es otra y no me queda claro que aquí se le haya dado la clase de reflexión y se tengan ideas muy claras de cómo implementar esto.

—¿Hay una responsabilidad de Estados Unidos ante estos motivos que llevan a los habitantes de Centroamérica y México a dejar sus países?

—No lo veo tan en términos morales. Yo creo que la migración es un fenómeno que tiene que ver con gente buscando una forma de tener mejor vida saliendo de situaciones en donde no la puedan tener. 

Ahora te pongo un ejemplo hipotético, que no es que lo haya pensado mucho: si el narcotráfico es responsable de una parte de la violencia que está ocurriendo en Centroamérica que está al final echando a la gente y haciendo que se venga para acá, en ese sentido sí hay una responsabilidad directa de EU porque el narcotráfico existe para servir al mercado de EU. Sin embargo, no sé qué tan útil sea pensarlo así.

Otra manera de pensarlo es, bueno el cambio climático probablemente está contribuyendo a estos flujos migratorios porque trae sequía y problemas económicos que llevan a la gente a moverse, y pues sí EU es uno de los principales responsables del cambio climático, pero no me parece fundamental poner la discusión en esos términos. 

Yo creo que no tienes que decirle a EU, es tu culpa la migración y entonces tienes que ayudar a administrarla de una manera que sea humanitaria, creo que la lógica para que EU tenga un trato más humano a los migrantes existe de cualquier manera, no tiene que ser su culpa. De hecho, hay un argumento que para mí es más fuerte: Estados Unidos necesita migrantes, EU está envejeciendo bastante rápido y si quiere mantener una fuerza de trabajo que pueda levantar a la economía en la medida en que los americanos envejecen, se empiezan a retirar del mercado de trabajo, va a necesitar más migrantes. Es un argumento de tú lo necesitas por el propio bien de EU que necesita cambiar su postura frente a la migración.

—¿Será el tema migratorio el que marque la relación entre el Gobierno de Biden y López Obrador como en su momento ocurrió con Barack Obama?

No está muy claro para mí. No entiendo muy bien cuáles son los objetivos de López Obrador con respecto a EU y tampoco me queda muy claro cuáles van a ser los énfasis más importantes de Biden. Porque, claro, los temas son los mismos de siempre, son migración, narcotráfico, comercio, inversión, pero no sé dónde se les va a poner el énfasis, ni el Gobierno mexicano ni el Gobierno americano tengo muy poca claridad.