+ Un gobierno burlado, devaluado, fallido…

+ Los tolucos quieren la cabeza de Osorio

        Tres momentos han marcado, se quiera o no reconocer, al gobierno de Enrique Peña Nieto:

        Primero: el escándalo de la Casa Blanca de la familia presidencial.

        Segundo: el ajusticiamiento masivo de los 43 de Ayotzinapa, con las innegables fallas, omisiones e insensibilidades del Estado mexicano, incluido el Presidente.

        Tercero: la fuga del Chapo Guzmán.

        Así nos ve hoy el mundo: bajo las lupas de la corrupción, de la inseguridad y de la incompetencia.

        ¿Y las reformas, se preguntarán muchos?

        Echemos un vistazo:

        La Educativa, dando traspiés y atorada en tres estados claves: Oaxaca, Michoacán y Guerrero. Mutilada.

        La Fiscal, hundiendo a la economía. Calificada por empresarios y especialistas como la más dañina en la historia del país. Casi nada. Esa nos la debe Luis Videgaray, el “Vice-garay” del gabinete.

        La de Telecomunicaciones, con algunos avances en cuanto al desmantelamiento del monopolio telefónico, aunque más orientada a preservar los privilegios del duopolio televisivo. Amañada.

        La Energética, con más dudas que certezas, sin claridad y opacada por los infaltables lastres de Pemex: los contratos oscuros, la corrupción, la ineficacia burocrática, las ordeñas y súmele lo que quiera.

        Allí están las reformas peñistas: diluidas, amorfas, inciertas.

        Y justo cuando el dólar rebasaba la barrera de los 16 pesos – innegable devaluación galopante desde 2012-, que se les fuga El Chapo.

        A la mitad del camino, Peña Nieto nos entrega un país desprestigiado, corrompido, devaluado.

        Un gobierno fallido, sin duda.

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        ¿Por qué El Chapo Guzmán noquea a Peña Nieto? Por tres razones que el Presidente no podrá ni esconder ni minimizar:

1) Porque queda como un Presidente mentiroso: cuando en 2014 León Krauze le preguntó sobre la posibilidad de que El Chapo se volviera a fugar y Peña le respondió que eso sería “imperdonable”, el priista se exhibe no sólo como un incapaz al ser la cabeza de un gobierno para garantizar la permanencia de Guzmán en prisión, de paso, falsea su discurso al llevar al terreno de lo imposible otra fuga del Chapo. La realidad desmintió a Peña: no sólo se les escapó, sino que taladró – literal-, el emblema y símbolo de la seguridad nacional: el penal de “máxima seguridad” del Altiplano.

2) Hoy por hoy, con la fuga del “Señor de los Túneles”, la credibilidad, imagen y discurso del presidente de México, quedan reducidas a una sola palabra: desprestigio. Las reacciones de los principales medios del mundo- The New York Times, El País, entre muchos otros-, desnudan a Peña Nieto y lo exhiben como un Presidente debilitado y rebasado. Desde Washington hasta París, el mundo ve con desconfianza e irrespeto a Peña Nieto. Casi nada.

3) Y es precisamente esa debilidad institucional lo que marcará el segundo periodo de Peña Nieto, en sentido contrario a las manecillas del reloj de la historia que en sexenios anteriores marcaban, justo a la mitad del sexenio, una fortaleza cuasi absoluta del Presidente en turno. A diferencia de sus antecesores, Peña Nieto ni es un mandatario fortalecido ni mucho menos confiable. ¿Quitará de Hacienda al responsable directo del nulo crecimiento económico, su amigo Videgaray? No. ¿Investigará la grotesca corrupción que rodea a su mentor Montiel, al tamaulipeco Eugenio Hernández acusado desde EU, al paisano Eruviel Ávila por el escándalo de corrupción con OHL? No. ¿Venderá la Casa Blanca de la Gaviota? No. Entonces seguirá el discurso de la simulación. Del encubrimiento.

        Lo dicho: con su fuga, El Chapo Guzmán parece haberle dado el tiro de gracia a Peña Nieto. Nada indica, al menos hasta ahora, lo contrario.

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        ¿Por qué el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, ya perdió el 2018? Por tres razones que ya no podrá revertir:

1) Porque inclusive si hoy recapturaran al Chapo Guzmán, Osorio Chong ya mostró una vulnerabilidad irreversible al permitir la fuga, como responsable directo de la seguridad nacional, del narcotraficante más poderoso de México y uno de los más poderosos del mundo. A Osorio se le ha perdido la confianza, y un secretario de Gobernación sin credibilidad, le estorba no sólo al Presidente, sino al país.

2) Porque la noche del lunes pasado, durante su conferencia de prensa, Osorio se mostró titubeante, impreciso, tartamudeando sus respuestas en señales inequívocas de que ha perdido el control del cargo. Dijo barbaridades como esa que quedará para la historia: “Si usted va al lugar se va a dar cuenta de que no había posibilidad de que alguien pudiera, tal vez, denunciar nada…estaban trabajando dentro de una casa , ahí hicieron la excavación grande, la cerraron para meter algunas cosas…”. O una de dos: Osorio Chong es tonto o mentiroso. A ver: estamos hablando de… ¡más de 3 mil toneladas de tierra que fueron retiradas! Y más: a Osorio se le olvida u omite la vigilancia de los guardias del Altiplano, las cámaras perimetrales, las cámaras internas que observan durante las 24 horas a cada uno de los reclusos. No, señor Osorio: el espectáculo que dio usted es vergonzante y lamentable. Si tuviera ética, ni siquiera se hubiera atrevido a rechazar su posible renuncia. Si hoy la volviera a presentar, seguramente, a diferencia de diciembre pasado, ahora sí se la aceptarían.

3) Porque con su ineptitud, el secretario de Gobernación se puso de a pechito en la mira del poderoso grupo compacto que rodea a Peña Nieto: los tolucos Videgaray y Luis Miranda, junto con el también cercano Aurelio Nuño. Es la oportunidad de oro que esperaban para centrar a Osorio Chong y darle directo al corazón: descarrilándolo de la candidatura presidencial del 2018. Los tolucos no desaprovecharán que Osorio está arrinconado en las cuerdas, y seguramente lo noquearán. Será uno menos en la competencia. Lo veremos.

Así, Osorio Chong podrá estar ya diciendo adiós al 2018.

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         Insistimos: aun recapturando al Chapo, el Presidente, su imagen, su credibilidad, su estructura de seguridad nacional, y su secretario de Gobernación, han quedado vulnerados. El daño es irreversible.

        El Chapo Guzmán, su captura en 2014 y el gran triunfo peñista.

        El Chapo Guzmán, su fuga en 2015 y la gran derrota peñista.

                Twitter: @_martinmoreno

                FB /MartinMoreno