El Presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, prometió durante su campaña electoral, entre otras cuestiones, fortalecer a su país por medio de políticas que, de realizarse, mermarían las relaciones de cooperación con México. Además de tener consecuencias que podrían perjudicar a ambas naciones no sólo en lo económico, sino también en lo político. Para algunos analistas, las amenazas del magnate no son más que un ardid político, puras palabras, ya que si bien le valieron votos no le valdrán resultados para hacer de Norteamérica una nación más fuerte y poderosa. En ese sentido, Trump entenderá algo: México no es el traspatio de su país, es la nación con la que comparte su frontera y una relación histórica. Dividir, en este caso, no traerá beneficios para nadie, pero si graves consecuencias para todos. Eso dice New York Times.

Ciudad de México, 15 de noviembre (SinEmbargo).– La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos podría convertirse en uno de los retos más importantes para México en materia de política exterior de los últimos años, ya que no es secreto que el republicano prometió construir un muro entre ambas naciones -que los mexicanos deben de pagar-, además de haber prometido la deportación de millones de migrantes, destaca un artículo del New York Times.

El texto escrito por Ioan Grillo menciona que las intenciones del magnate inmobiliario podrían perjudicar gravemente a México: su empeño en aumentar hasta el 35 por ciento las tarifas de los automóviles producidos en tierra azteca podría empujar al país a sufrir una recesión por cerca de 120 millones de dólares. Las deportaciones aumentarían el desempleo en México y por consiguiente la tasa de criminalidad.

Grillo ha escrito antes textos sobre narcotráfico. Tiene al menos un libro al respecto.

Hoy se dio a conocer un memorándum elaborado por el equipo de transición de Donald Trump, basado en su trabajo preelectoral y las propias promesas de campaña. El texto expone el esqueleto durante los primeros 200 días de su presidencia, centrándose en un conjunto de principios que incluyen la renegociación o retirada del TLCAN. Los nuevos acuerdos prevén los intereses de los trabajadores y las empresas estadounidenses. El nuevo Presidente podría mandar a revisar si los socios comerciales –México y Canadá– realizan prácticas “dañinas” para la economía de EU.

De acuerdo con el autor, Trump podría cambiar la naturaleza de las relaciones internacionales que han perdurado desde la Segunda Guerra Mundial, pasando de una relación “de la paz y el comercio a una de bullying y conflicto”.

Este mismo día, el Presidente Enrique Peña Nieto aseguró a quienes dicen que no hay razones para ser optimistas de la situación por la que atraviesa el país, que sí las hay y son muchas.

“Hay razones para ser optimistas, tenemos confianza en nosotros mismos y certeza en el futuro que estamos construyendo”, comentó en la 14 Cumbre de Negocios en el Centro Expositor de Puebla.

Destacó la importancia e impulso de las reformas estructurales en su administración.

“Lo que las reformas estructurales nos dicen, es que el futuro está en manos de los propios mexicanos”, dijo.

Retomó que hace unos días Petróleos Mexicanos (Pemex) publicó un plan de negocios, para seguir desarrollando el sector.

En materia de telecomunicaciones, señaló, a finales de octubre avanzó la licitación de la ley compartida.

Sobre la educación en el país, “se evaluaron 11 mil maestros más”, puntualizó el Ejecutivo federal.

BALAZO EN EL PIE

Sin embargo, el artículo reconoce que, a pesar de todo, muchas de las promesas de Donald Trump que involucran a México son “ambiguas” y bien podrían nunca materializarse, ya que a pesar de sus amenazas, sus propuestas no especifican el modo ni los mecanismos para soliviar su propósito.

En ese sentido, refirió que “existen límites a lo que Trump puede hacer sólo; el Congreso, las cortes y los negocios tendrán mucho que decir al respecto y podrían forzarlo a adoptar una posición más moderada”.

Como ejemplo menciona el caso del muro, una propuesta que resulta “absurda” si consideramos el intento de obligar a México a pagar por una obra de infraestructura que le es ajena, además de no haber forma realista de obligar a un país soberano a pagar por algo que no tiene la intención de construir.

Empero, menciona que aún y si ninguna de las promesas del republicano se cumplieran, todavía cabría preguntarse si Trump seguirá utilizando a México como a un “saco de boxeo”. En la opinión del diario, probablemente el magnate inmobiliario no pase de sus amenazas, y lejos de un conflicto diplomático o comercial, podría tratarse únicamente de una guerra de palabras.

“La demanda proferida durante campaña pareciera más dirigida a humillar a México que a asegurar, verdaderamente, el financiamiento [del muro]. Tal provocación ayudó al Señor Trump a ganar las elecciones, pero como una meta real de política exterior, no generaría beneficios y causaría un profundo antagonismo”, eescribe Ioan Grillo en el New York Times.

México y Estados Unidos no siempre han estado en paz. Durante el siglo XIX y a principios del siglo XX chocaron en varias ocasiones, siendo México la parte más afectada por el conflicto: durante la intervención estadounidense (1846-1848) México perdió más de la mitad de su territorio tras la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo. En 1914 las tropas estadounidenses atacaron y ocuparon el puerto de Veracruz. En 1916 el General Francisco Villa invadió y atacó Columbus (Nuevo México). Y en 1938 México expropió las compañías petroleras.

Además, más recientemente, en 1969, el Presidente Richard M. Nixon ordenó la denominada “Operation Intercept”, misma que consistió en acosar y registrar a los vehículos que cruzaban de México a Estados Unidos con la finalidad de presionar a México para que minara las plantaciones de mariguana y de opio. Asimismo, en 1985, Enrique Camarena, un agente de la Administración para el Control de Drogas (DEA por sus siglas en inglés) del vecino país, fue secuestrado y asesinado a manos del narcotráfico, caso en el que policías corruptos se vieron involucrados.

A pesar de este amplio historial de disputas entre ambas naciones, la relación entre México y Estados Unidos ha sido buena y no ha impedido acuerdos comerciales como el que el año pasado generó un mercado de más de medio trillón de dólares. Y tampoco ha impedido que estos dos países se coordinen para solucionar problemas -como la compartición de agua del río Bravo o Grande; o como cuando la Marina mexicana ayudó al vecino país con los estragos del Huracán Katrina-.

México y Estados Unidos siempre han cooperado. Construir un muro o amenazar las relaciones económicas que comparten podrían fracturar esta fructífera relación. “México puede ser que sea más chico que Estados Unidos, pero es una gran potencia económica y política. Si el Señor Trump presiona demasiado, con sus tarifas [y propuestas] podría dañar a los exportadores estadounidenses. No vería incentivo alguno para reducir el flujo de migrantes y refugiados de otras naciones a los Estados Unidos. Y empujar a México hacia una recesión haría que más personas se dirijan hacia el norte [, hacia el vecino país]”, menciona Ioan Grillo.

Por esto y más, y a pesar de lo dicho por Donald Trump, sería sabio de su parte abordar los problemas desde otro punto de vista. Dividir, en este caso, no traerá beneficios para nadie, pero si graves consecuencias para todos.