México es catalogado como uno de los países más inseguros para las mujeres. Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro

Para Elena Poniatowska, por su voz.

Se me pone la piel chinita: diez mil mujeres frente al Estadio Nacional en Santiago de Chile moviéndose y cantando al ritmo de “Un violador en tu camino”, el performance creado por el grupo de Valparaíso, “Las Tesis”. ¡Diez mil mujeres en la convocatoria “senior” del evento! Hecha un poco en broma, como para sumar a las mayores de cuarenta años, tuvo una repercusión impresionante. Las abuelas fueron con las nietas, las madres con las hijas, porque “por primera vez sentimos que no estamos solas”, con un pañuelo rojo al cuello, para recordar que la violencia signó la vida muchísimas mujeres en ese mismo espacio durante la dictadura de Pinochet. Una violencia que sigue, que no ha cejado, que está presente ahora mismo en la represión de los carabineros a las marchas de jóvenes en todo el país. Ya lo dijo Amnistía Internacional en su informe: el Estado chileno está violando los derechos humanos.

Sí, se me pone la piel chinita, cuando veo a estas mujeres. Como cuando veo a las indígenas del Cuzco haciendo el performance en quechua, o a un grupo de adolescentes de Juchitán con sus trajes bordados y sus miradas profundas, o a nuestras hijas en el Zócalo de la Ciudad de México.

Sí, se me pone la piel chinita cuando escucho cómo resuenan estos versos en español, en inglés, en francés, en turco, en griego, en náhuatl, o miro la versión en lengua de señas. No es un fantasma el que recorre el mundo hoy: es un hilo de sororidad, de conciencia, de hartazgo, de valentía, que une a las mujeres. Y así se va tejiendo la red de un movimiento imparable, absolutamente horizontal, que reúne diversas culturas, generaciones, experiencias, al grito de “El Estado opresor es un macho violador”.

El hilo nos va uniendo. También a mí. A nosotras. Me llegan artículos y videos de Pilar del Río desde Lisboa, de Claudia Piñeiro desde Buenos Aires, de Ana Belén López desde Mazatlán, de Susanna Nanni y Valentina Ripa desde Roma y Nápoles, de Rocío Silva desde Lima, de mis estudiantes desde Madrid, de las amigas de Jujuy y de Oaxaca, alguien me hace conocer los tuits maravillosos de la chilena Javiera Arce, las jóvenes escritoras mexicanas Gabriela Jáuregui y Brenda Lozano, me mandan sus textos, y esto sigue y sigue, y crece cada día.

No sé qué piensen ustedes pero yo, como pueden ver, estoy conmovida, emocionada. Y esperanzada. En medio del horror cotidiano parece brillar una lucecita. Y sí, hay actitudes y comentarios agresivos y brutales en contra, pero ningún orden político ha sentido que se tambalea sin oponer resistencia. Y el patriarcado es, antes que nada, un orden político. Y va a defenderse como sabe hacerlo: violentamente. Basta ver el “duelo” entre la rapera canaria Sara Socas y el tapatío Rapder. Sucedió la semana pasada en la Ciudad de México y de verdad da ganas de gritar y llorar de indignación. Está disponible en youtube. ¿Se puede hacer impunemente apología de la violencia de género en un espectáculo público? Lo increíble es que al regresar a España, ella pidió disculpas por haber “perdido los papeles”. ¡Ella se disculpó! Y en redes sociales por supuesto él la perdonó. (Vale la pena leer sobre las mujeres y sus disculpas el estupendo artículo que Isabel Zapata publicó en Letras Libres sobre Karen Espíndola, la chica que tuvo “el mal gusto” de irse a un bar con sus amigos en lugar de convertirse en una muerta más en esta sociedad feminicida. También, sin duda, la aproximación que hace Jorge Volpi de este suceso comparándolo con el asesinato de Abril Pérez, es revelador de las estrategias de la justicia y de los medios de comunicación.)

¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué es este fenómeno repentino de resistencia femenina pacífica a nivel mundial?

Empecemos con las cifras. De acuerdo con ONU Mujeres:

– 1 de cada 3 mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual.

– Anualmente hay más de 85 mil mujeres muertas por violencia de género. Más de la mitad fue asesinada por su pareja (o expareja) o por familiares.

– Casi tres de cada cuatro mujeres y niñas víctimas de trata lo son con fines de explotación sexual.

– En Estados Unidos, una de cada tres mujeres sufrió algún tipo de violencia sexual.

– En el mundo, alrededor de 15 millones de niñas y jóvenes de entre 15 y 19 años son obligadas a cometer actos sexuales contra su voluntad, de acuerdo con un informe de la Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

– Se calcula que hoy hay en el mundo 650 millones de mujeres y niñas que fueron obligadas a casarse antes de cumplir los 18 años.

– Como mínimo, 200 millones de mujeres y niñas entre 15 y 19 años de edad han sufrido la mutilación genital femenina en los 30 países en los que existen datos representativos. En gran parte de estos países, la mayoría de las niñas fueron mutiladas antes de cumplir los cinco años.

Como diría mi abuela, ¿y por casa cómo andamos?

14 de los 25 países del mundo con más feminicidios se ubican en América Latina, según la CEPAL.

Debido a las cifras, México es catalogado como uno de los países más inseguros para las mujeres. En 2019 hubo 11,500 denuncias por violación. Se dice que sólo una de diez agresiones se denuncia. Tendríamos que hablar entonces de aproximadamente ¡100 mil violaciones al año!

Uno de los sectores más vulnerables es el de las mujeres y niñas migrantes:

6 de cada 10 niñas y mujeres son violadas en su tránsito por México.

Más de 33 mil niñas y niños migrantes fueron detenidos en el primer semestre de 2019 en México, 130% más que en 2018.

Redes criminales y de trata secuestran o desaparecen a MILES de niñas cada año en su trayecto hacia Estados Unidos.

Frente a esta realidad, las mujeres de todas las edades buscamos entender qué desata esta furia en nuestra contra.

“La violencia de género es la primera escuela de todas las otras formas de violencia”, ha dicho la antropóloga argentina especialista en violencia, Rita Segato.

Y cito a Segato, una pensadora indiscutible sobre estos temas, porque las chicas de “Las tesis” se inspiraron en sus textos para la creación del performance “Un violador en tu camino”. El grupo –formado por Dafne Valdés, Paula Cometa Stange, Sibila Sotomayor y Lea Cáceres- nació con la idea de traducir el pensamiento de autoras feministas a un “formato performático para llegar a una audiencia mayor”.

¿Cuáles son los núcleos del pensamiento de Rita Segato que dieron pie a la creación de las chilenas? Cito dos de los principales:

“El patriarcado es un orden político primordial que se basa en el control, el disciplinamiento y la opresión de las mujeres mediante narrativas muy diversas y dispersas en el planeta, que son narrativas de diversas religiones, narrativas de diversas culturas, que son diversas narrativas morales. Por detrás de todas ellas, se encuentra este orden político de dominación que dice que la mujer es sospechosa moralmente, vulnerable al mal, a la tentación.”

En este sentido podemos entender la frase del performance, “El Estado opresor es un macho violador”. No hay uno, dos o tres culpables, sino un orden político –y sus representantes- que reproduce esta forma de control.

La violación no es un acto sexual, es un acto de poder, de dominación, es un acto político. Un acto que se apropia, controla y reduce a la mujer a través de un apoderamiento de su intimidad. Se trata de un acto “moralizador” que “atrapa a la mujer en su cuerpo y le dice: más que persona, eres un cuerpo”.

Las chicas de “Las Tesis” retomaron parte de estas ideas para su creación. Se basaron además en el himno de los carabineros “Orden y patria”, que niñas y niños aprendían de memoria en la escuela durante la dictadura.

Duerme tranquila, niña inocente,

Sin preocuparte del bandolero,

Que por tu sueño, dulce y sonriente,

Vela tu amante carabinero.

Es una estrofa tomada textualmente de ese himno. En el contexto en que se presenta, la ironía crítica es evidente. El propio título del performance, “Un violador en tu camino”, transforma el eslogan de los carabineros: “Un amigo en tu camino”.

Algo muy interesante, desde mi perspectiva, es este círculo virtuoso, esta retroalimentación, que se crea entre lo que sucede en la calle, la reflexión teórica y la creación artística. A partir de esta última, los elementos sociales vuelven a la calle pero reelaborados.

En el performance cada movimiento tiene también un sentido y una explicación, como las sentadillas que reproducen el movimiento al que se obliga a las detenidas para revisarles la vagina. Aquí la canción completa:

El patriarcado es un juez / que nos juzga por nacer, / y nuestro castigo / es la violencia que no ves. / El patriarcado es un juez / que nos juzga por nacer, /y nuestro castigo / es la violencia que ya ves. / Es feminicidio. /Impunidad para mi asesino. / Es la desaparición. / Es la violación. /Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía. / El violador eras tú. / El violador eres tú. / Son los pacos, / los jueces, / el estado, / el presidente. / El Estado opresor es un macho violador. / El violador eras tú. / El violador eres tú. / Duerme tranquila, niña inocente, / sin preocuparte del bandolero, /que por tu sueño dulce y sonriente / vela tu amante carabinero. / El violador eres tú.
En español, en quechua, en náhuatl, en francés, en italiano, en turco, en griego… en México, en Cuzco, en Nápoles, en Juchitán… Impresionante, conmovedor, valiente.

No, no es un fantasma el que recorre el mundo hoy: es un hilo de sororidad, de conciencia, de hartazgo, de valentía, de paz, que une a las mujeres. Las acompaño, hermanas, con esperanza. Y sí: con la piel chinita.