
El conocido periodista mexicano analiza en esta entrevista a fondo el estado del oficio en nuestro país, donde una crisis en apariencia terminal en realidad ofrece nuevos frentes de desarrollo y crecimiento
Ciudad de México, 19 de octubre (SinEmbargo).- Hablar de periodismo con Javier Martínez Staines es hacerlo con una figura central del oficio en los años de la democracia.
Los primeros 15 años del siglo XXI fueron, efectivamente, el espacio donde el periodismo mexicano se expresó en un nuevo territorio, cuando ya se pensaba que se dejaría atrás y para siempre los tiempos de la dictadura priísta.
Sin embargo, el PRI volvió con sus antiguos paradigmas y la prensa ha regresado a ese estado difuso donde la voz disidente paga con persecuciones, incluso la muerte, el valor para hablar de la realidad sin medias tintas.
Martínez Staines, que en el 2000 era el vicepresidente del Grupo Expansión, pasó más tarde a Televisa donde hasta hace unos pocos meses ocupó el cargo de Director Editorial.
Hoy, este hombre alto y afable que se define como “periodista y viajero”, que fuera responsable del contenido de más de 100 títulos de revistas y sus propiedades web en América Latina, entre ellas las emblemáticas SoHo y Esquire, apuesta por la gestión independiente con su propia agencia de contenidos, a la que denominó ThinkTank New Media.
En un país donde los medios se acotan y donde los periodistas viven quizás la que sea su peor época, con bajísimos salarios, súper explotación en los medios masivos y persecución en los Estados donde el crimen organizado se confunde con los gobiernos provinciales, hay mucho para hablar del oficio.
México es, además, una de las naciones del continente donde está de moda estudiar periodismo y, en dicho contexto, el mundo enfrenta desafíos que no podrán pasar inadvertidos tampoco en este lugar del planeta.
En ese sentido, para Javier el nuevo estado del periodismo es la posibilidad de hacer las cosas mejor y asumir los retos de la modernidad con un verdadero espíritu de fe y dedicación.
EL DEBATE SOBRE EL PERIODISMO ACTUAL
–¿Qué es el periodismo hoy?
–Una manera de contar historias cercanas a la gente, pero buscando evolucionar mucho atendiendo el modo en que hoy se empieza a leer.
–¿Cómo se empieza a leer hoy?
–Creo que se lee de una manera muy fragmentada, en plataformas múltiples, muy distinta a la manera lineal en que nosotros aprendimos a leer. Pero creo que se lee, no soy un apocalíptico, incluso creo que se lee más que antes, lo que pasa es que a nuestras generaciones les cuesta entender esa manera tan distinta de leer.
–¿Quieres decir que a la gente de nuestra edad en este oficio le cuesta aceptar los nuevos paradigmas de lectura de información?
–Me parece que hay de todo. He encontrado más gente con entendimiento de que el mundo cambió que gente que de plano no quiere aceptarlo. Además de la responsabilidad y pasión por lo que hacemos, hay una parte de ego y vanidad y todos queremos que lo que hacemos tenga repercusión social. El uso de las nuevas plataformas, de las redes sociales, es probablemente la única manera de lograrlo hoy.
–¿Por qué te hiciste periodista?
–Por la fascinación que me generaban los temas económicos. Yo quería entender cómo se movía México en términos económicos, a través de todo este mito y no mito de que este país era conducido sólo por 300 familias poderosas. En mi época universitaria tuve un maestro que en esos momentos también era director de la revista Expansión y con el que yo conversaba mucho de ese tema. Le propuse, siendo un estudiante, hacer un trabajo para encontrar quiénes eran esos 300 nombres. A partir de ahí me metí en el periodismo.

–Surgiste como periodistas en los años en que surgió el nuevo periodismo en México
–Así es. Es cierto que había ya buenos referentes, como la época de oro de Proceso al final de los ’80 y el surgimiento de medios muy interesantes en ese momento como La Jornada y el Unomasuno. Empezaba también esta cosa del periodismo literario con la revista Vuelta, con grandes cronistas como Carlos Monsiváis y Ángel Dehesa, que se expresaban en medio de la nostalgia por Jorge Ibargüengoitia, que ya se había muerto. Es cierto también que en el 2000 inició una manera distinta del periodismo mexicano.
–Que duró hasta ahora. Fue muy vertiginoso, muy rápido
–Sí. Me tocaron la fortuna y el infortunio al mismo tiempo de ejercer el periodismo desde instituciones muy formales y establecidas, que probablemente no estaban muy comprometidas con el tema periodístico pero nos dejaban trabajar. Cuando uno piensa en Televisa, por ejemplo, donde claramente resultaría impensable para muchos el periodismo ejercido en distintas ramas y en distintos rubros, la verdad es que sí se pudo hacer durante muchos años. Ahora creo que hay un cambio definido por el retorno a las estructuras de poder tradicionales, siempre vinculadas al priísmo, donde el sueño del nuevo periodismo mexicano se evapora.
–En el caso de la revista Quién, por ejemplo, que ayudaste a fundar y cumple 15 años, uno ve las primeras ediciones y encuentra entrevistas fantásticas, históricas, en cambio ahora, la gente no habla
–No. Pareciera ser que las estructuras más altas del poder en México tratan de restablecer todos esos lazos con una manera distinta de repartir contratos de negocio. Todos son como más cuidadosos, además que es evidente que el tema de la seguridad hace que la gente sea mucho más prudente. Quién es un gran proyecto que surgió a partir de la imprudencia latinoamericana. Somos sociedades a las que les gusta mucho hablar. Fue interesantísimo todo el proceso de la construcción de una revista que ofrece la narrativa de esa parte de la sociedad que normalmente está menos vinculada con el periodismo.
–¿Qué sientes haber estado en el lanzamiento de las revistas más importantes de este país y al mismo tiempo ser testigo de esta crisis tremenda que viven las revistas?
–Tengo un sentimiento doble. Por un lado, siento mucha satisfacción de haber generado esas cabeceras, de hacerlas crecer, ver que un buen número de ellas conectaron bien con la sociedad y por otro lado esa enorme tristeza de ver que a veces esas historias pueden ser más efímeras de lo que uno ha pronosticado. Porque los cambios tecnológicos y generacionales han provocado una crisis que pareciera irreversible para los impresos. Además, está el estancamiento económico de este país que impide que esa poca alegría que pudiera quedarse se mantenga por más tiempo. Está también el tema de la explosión digital que tiene un lado increíblemente positivo en términos de expansión, de democratización de la información, que paradojalmente viene acompañado de cierto desdén por los contenidos más trabajados.
–No estoy tan segura de que las revistas ya no se lean sólo por el avance tecnológico. Creo que en el mundo editorial se perdió la brújula cuando se olvidó al lector y se comenzó a escribir para los colegas…Los empresarios, además, dejaron de invertir los contenidos, está la proliferación de las agencias de Relaciones Públicas controlando los contenidos…
–Sí, hay una gran parte de razón en todo lo que dices. Hay una gran cuota de responsabilidad en los empresarios y en los editores, donde sí se dejan gobernar por la ceguera de taller. Esta cuestión de hablarle al colega, de escribirle al premio, buscar el reconocimiento en el colega, en el adversario y desentenderte del lector. Ahora todo eso hace que se precipite con mucha más rapidez lo que sí es una realidad, la de la generación millennials y generación zeta, que tienen los dispositivos electrónicos como extensiones de sus brazos y que dicen para qué me voy a tomar la molestia de ir a un quiosco a comprar una revista. En lugar de tomar eso como una oportunidad, se busca el reconocimiento de los colegas y de atender los requerimientos de los RP y las marcas, el obsequio, la invitación…
–Es que las marcas fueron las primeras en entender que los contenidos aún tienen sentido y por eso armaron sus agencias de RP
–Sí. Creo que estamos ante una gran oportunidad de generar contenidos mucho más poderosos y robustos
–Ahí está la experiencia de Playboy. Ese gran periodista de raza que es Hugh Hefner lo hizo de nuevo, entendió lo que muchos todavía no estamos entendiendo
–Sí, claro. Al final de cuentas se adaptó a la realidad. Uno quiere muchas veces casarse con una fórmula…pero Playboy es la revista donde Ray Bradbury escribió virtualmente su libro emblemática. Mi padre, que es un coleccionista de Playboy, siempre dice que gracias a ella conoció por ejemplo a Ian Fleming. Es interesante que la apuesta sea justamente al contenido, más que al efecto. Es la gran oportunidad que tenemos todos ahora. Llegamos a un punto en el que comenzamos a ser dominados por el efecto.

–Hablaste de la realidad y creo que en el periodismo contemporáneo se ha perdido contacto con la realidad…¿lo ves así?
–Creo que lo que nos ha costado mucho entender es cómo cambia el propio punto de partida de nuestros procesos periodísticos. Lo aprendí mucho con una empresa a la que le tengo mucho respeto, que es National Geographic, donde claramente era esa catedral de la generación de contenidos de muy largo aliento. Empezaron a entonces a preguntarse si iban a estar en la oscuridad durante el año y medio que ocupara la elaboración de un reportaje o iban a atender los nuevos retos de la realidad, cambiando los procesos, realizando primero la salida digital para llegar después con la historia final y muy nutrida fotográficamente que funciona como la cereza del pastel. Hay todavía mucha incomprensión para entender que la conversación alrededor de un tema que estás desarrollando no es de una sola vez. Hay una conversación que se puede extender y prorrogar y esa es la parte que creo que ha costado mucho entender y aceptar a nuestra generación.
–Hablaste también de estancamiento económico y la economía es uno de los grandes fracasos de la gestión de Enrique Peña Nieto, además de lo social, obviamente
–Sí, creo que eso forma parte del gran desencanto, sobre todo porque llevamos años de crecimiento económico mediocre en este país, insuficiente para sacar a esos grandes grupos de la pobreza. Incluso, desde el punto de vista meramente capitalista, mercantilista, es conveniente para todos que haya gente que se integre al mercado, porque de otro modo este país no va a avanzar.
–Tu salida de Televisa y el cierre de tantas revistas hace pensar en el cierre de la propia editorial, como que ya los negocios no van a estar en los impresos
–No lo sé. Obviamente hay una visión totalmente distinta, pero yo ya no estoy ahí. Lo que puedo ver en esa editorial y en otras del continente y el mundo que todo se encamina hacia comunidades reunidas para hacer algo. También creo que hay grupos como Expansión que relativamente han logrado darle la vuelta a algunas cosas luego de pasar por momentos muy complicados.
–El negocio editorial quizás ya no pueda ser ultramillonario. Y en algún momento tendrán que dejar de existir esos megaperiódicos que sólo persisten gracias a la publicidad oficial, aunque nadie los lea
–No, no puede. Porque un modelo de negocio que se sustenta sólo porque la gente va a comprar una revista a un puesto, ya no puede persistir. Sería una fantasía pensar lo contrario.
–¿Te equivocaste con la revista Soho?
–Hay una parte en que sí, en términos de timing. La revista era un anhelo muy anterior al momento en que finalmente se llevó a cabo. Debió haber sido además un proyecto independiente de un gran grupo.
–Para poder poner por ejemplo los genitales de Asprila en la portada
–Bueno, desde eso hasta pensar que si la sociedad mexicana no está preparada para ese tipo de periodismo en realidad eso ofrece una mejor oportunidad. Porque no sé si la sociedad colombiana de hace 15 años, menos conservadora que la mexicana, pero conservadora al fin y al cabo, no permitía a la vez que un proyecto tan disruptivo como Soho fuera más exitoso todavía. No me imagino cómo pudiera un Soho ser disruptivo en Argentina o Brasil, que tiene sociedades mucho más liberales. Qué cosas te tienes que inventar para ser disruptivo en una sociedad que ya lo es. El conservadurismo mexicano conforma un terreno fértil para una revista como Soho y me equivoqué en que la revista no fue disruptiva, nos quedamos en un 10 por ciento. Porque nos gobernó la idea de una revista hecha en un contexto formal de una empresa muy grande como Televisa y de que fuera muy rentable muy pronto. La verdad es que proyectos como Soho tardan en madurar, en encontrar su camino…
–¿Cuál es tu proyecto ahora?
–Mi nuevo proyecto se llama Think Tank New Media, porque justamente lo que pretendemos es partir no de una plataforma sino de la convicción de que la narrativa y las historias interesarán toda la vida. Es una agencia de contenidos, una suerte de tanque de pensamientos para generar contenidos propios en plataformas que estamos desarrollando y otros para medios ya establecidos o temas que puedan ser patrocinados por alguna marca. Como salió en la carta editorial de Esquire USA en su número 1000: vivimos todos los tiempos al mismo tiempo, conviven el pasado, el presente y el futuro en forma simultánea.




