Agentes de EU andan armados en México, asegura el ‘Houston Chronicle’

16/02/2012 - 7:17 am

El gobierno mexicano tiene un acuerdo informal con su similar de Estados Unidos para que agentes estadunidenses que trabajan en territorio mexicano puedan portar armas cortas, reveló hoy el diario The Houston Chronicle.

Pese a declaraciones del presidente Felipe Calderón y a la prohibición expresa en las leyes mexicanas, el rotativo texano asegura, sin señalar fuentes, que bajo dicho acuerdo informal el gobierno mexicano sí permite portar pistolas a agentes estadunidenses, indica Proceso citando al diario estadunidense.

En el marco del primer aniversario de la muerte del agente estadunidense Jaime Zapata en una emboscada de “zetas” en San Luis Potosí, The Houston Chronicle sostiene en un reportaje que, gracias a un acuerdo velado, “a los agentes de ICE y otros funcionarios federales de aplicación de la ley de Estados Unidos en México sólo les es permitido portar pistolas”.

Sin embargo, la versión cobra fuerza luego de que el diario estadunidense The Washington Post destacara hoy que fuentes del gobierno de Barack Obama confirmaron que tanto Zapata como el agente Víctor Ávila portaban armas el día del ataque en su contra.

El reportaje del Post refiere que “fuentes gubernamentales con conocimiento de la actual investigación dicen que Zapata y Ávila iban armados el día de la emboscada, pero que fueron superados en fuego (por sus atacantes)”.

Según ambos diarios, congresistas demócratas y republicanos presionan al Departamento de Estado para que clarifique la política de portación de armas para agentes estadunidenses en México, considerando el alto nivel de violencia que atraviesa el país.

REPORTAJE ÍNTEGRO DE NICK MIROFF Y WILLIAM BOOTH PARA THE WASHINGTON POST

Cuando hace un año el agente federal estadounidense Jaime Zapata fue baleado a muerte en un tramo de mala fama de una carretera ubicada en el centro de México, iba conduciendo una Chevy Suburban blindada con valor de 160 mil dólares, construida con los estándares gubernamentales exactos, diseñada para soportar atentados a balazos, con granadas fragmentarias y minas terrestres. Pero el vehículo tenía una fatal falla básica.

Obligados a salirse de la carretera durante una emboscada bien coordinada, rodeados por hombres armados pertenecientes a cárteles de la droga que portaban AK-47s, Zapata y su compañero, Víctor Avila, se detuvieron. Zapata puso en “parking” el vehículo. Los seguros de las puertas se abrieron automáticamente.

El aterrador sonido –un discreto clic– desató eventos que continúan bajo investigación. Cuando Zapata más lo necesitó, el sofisticado blindaje de la Suburban fue anulado por un dispositivo automático pensado a fin de evitar trabajo al usuario y que resulta útil para las vacaciones familiares y los empleados apresurados pero no para agentes federales que transitan a través de una zona peligrosa en México.

Hoy en día los funcionarios americanos describen el homicidio del agente especial de Aduanas, –el primer oficial estadounidense que muere en este país en la línea del deber desde 1985– registrado el 15 de febrero del 2011 como un momento crítico en la guerra contra el narco que Estados Unidos respalda y prueba es que la Unión Americana está pagando con sangre tanto como con dólares.

El deceso ha cambiado la perspectiva sobre el papel cada vez más amplio que un creciente número de agentes de las fuerzas del orden desempeña actualmente en México, donde trabajan en un ambiente cuya complejidad y peligro aumentan a cada momento pero en el cual las leyes mexicanas les prohíben portar armas de fuego para protegerse.

Los elementos de las versiones del ataque han surgido poco a poco en el transcurso del último año, pero el gobierno de EU no ha divulgado pormenores claves sobre las circunstancias que condujeron a la muerte de Zapata. Todavía no queda clara la razón de que los agentes fueran enviados por un tramo de la carretera donde se sabía deambulaban grupos delictivos, porque pudieron haber ido por avión o viajado con un convoy de militares o policías mexicanos armados, una cuestión de rutina.

Pero durante entrevistas con legisladores federales, funcionarios de alto nivel de las fuerzas del orden y expertos en seguridad estadounidenses, al parecer los oficiales fueron enviados en una peligrosa misión en un vehículo cuyas protecciones básicas eran desastrosamente defectuosas.

Si los seguros de las puertas no se hubieran abierto en ese momento, “probablemente Zapara todavía estuviera vivo”, dijo el representante republicano por Texas Michael McCaul, un ex procurador federal que está presionando a las dependencias estadounidenses para que aclaren lo sucedido durante el ataque, en el cual Avila resultó herido.

En todo el mundo existen cientos, si no miles, de otros vehículos gubernamentales americanos que podrían presentar también esta vulnerabilidad. El Buró de Seguridad Diplomática, el cual es responsable de equipar los vehículos protegidos que emplean en el extranjero las embajadas americanas, se rehusó a hacer comentarios al respecto.

Pero cuando McCaul visitó el mes pasado Afganistán y se trasladó en una Surburban del Departamento de Estado, dijo haber puesto mucha atención a lo que sucedió cuando el vehículo quedó al ralentí. Los seguros de las puertas se abrieron.

La emboscada

Zapata, de 32 años, llevaba apenas nueve días de haber sido enviado a una misión temporal en México cuando lo mataron, de acuerdo a su familia. Dijo a sus preocupados padres que pemanecían en Brownsville, Texas, donde vivía, que sería destacamenteado en la Embajada de Estados Unidos, dedicándose a labores administrativas en la relativa seguridad del Distrito Federal.

En vez de ello iba al volante de una Suburban con vidrios polarizados, desplazándose a gran velocidad de Monterrey a la Ciudad de México. En esta transitada autopista de cuatro carriles en una región arriesgada, los dos agentes se sintieron con la suficiente confianza como para detenerse junto a la carretera en un restaurant Subway.

Aquí fue donde los funcionarios estadounidenses dicen que probablemente “halcones” de los Zetas detectaron lo que les pareció ser dos fornidos jóvenes mexicanos, que hablaban español con fluidez y manejaban el tipo de camioneta que aquí llama la atención, un vehículo favorito para tres tipos de conductores: funcionarios gubernamentales, élites ricas y delincuentes poderosos.

A poco más de 30 kilómetros al sur de la capital de San Luis Potosí, los agentes se dieron cuenta de que los seguían. Manejando en forma agresiva, adelante y detrás de ellos, pronto dos camionetas con ocho asaltantes encajonaron a los oficiales.

Los agentes ministeriales mexicanos están siguiendo la teoría de que los Zetas querían robar la Suburban o creían que la conducían miembros del rival Cártel del Golfo, si bien es posible que los atacaran por tratarse de agentes americanos.

Aunque se muestran reacios a criticar a sus colegas, funcionarios de alto nivel de las fuerzas del orden enfatizaron que uno nunca se detiene durante una celada. “Uno se aleja de la X”, explicaron, queriendo decir de la zona de muerte. Eso es para lo que están diseñados los vehículos blindados. Con “tumbaburros” reforzados, amortiguadores para trabajo pesado y llantas a prueba de ponchaduras, los vehículos no sólo constituyen caparazones seguros, sin armas.

Con la Suburban a la orilla de la carretera y sin los seguros puestos, los sicarios de los Zetas pudieron abrir la puerta del lado del pasajero, donde iba Avila. Mientras los agentes gritaban que eran americanos y diplomáticos, Avila o los atacantes oprimieron el botón que bajaba el vidrio a prueba de balas. La hendidura sólo era de cuatro pulgadas, pero suficiente para que un hombre armado introdujera el cañón de su AK-47 a la Suburban e hiciera fuego sobre los agentes.

“Avila los describió como desvariados, pura maldad”, dijo McCaul, el congresista texano. Avila fue alcanzado dos veces, en el muslo y el tobillo, mientras que otros dos disparos lo rozaron, pero logró cerrar la ventana y poner el seguro de la puerta. Zapata recibió seis tiros. Uno de ellos le atravesó la arerial femoral.

Mientras Zapata se desangraba hasta morir en el asiento del conductor y Avila hacía una frenética llamada pidiendo auxilio a la Embajada de Estados Unidos en el Distrito Federal, los agresores hicieron 90 descargas más contra la Suburban. Ninguna penetró el blindaje.

La Suburban que Zapata manejaba fue equipada por BAE Systems, una subsididaria estadunidense con matriz en Arlington del contratista británico de defensa, fabricante de tanques, submarinos y aviones de combate.

Desactivar el mecanismo que abre los seguros en una Suburban es un proceso relativamente sencillo, dicen especialistas en blindaje. El chofer puede ajustar el dispositivo en la computadora del vehículo o éste puede ser alterado de manera permanente para que sea manual.

Redacción/SinEmbargo

Redacción/SinEmbargo

Lo dice el reportero