
Luis Guzmán, quien para entonces ya era reconocido –junto con Mariano Azuela– como el pionero de la “Novela de la Revolución en México”, fundó en 1942 la revista Tiempo de México, que también dirigió hasta su muerte, el 22 de diciembre de 1976.
En este contexto de relación amistosa y de alumno a maestro, Santamaría Bringas –quien, dedicado al comercio, le enviaba a Luis Guzmán desde jabones, perfumes, espuma para afeitarse, galletas, chocolates y medicamentos, entre otras peticiones del literato– le cuenta al autor de La sombra del caudillo sobre la expansión del negocio de las drogas y el contrabando en Ciudad Juárez, “que es solapada por funcionarios de todos niveles”: lo mismo por la iniciativa privada, que el administrador de la Aduana, el Presidente Municipal y el Gobernador de entonces.
Las cartas están fechadas entre el 20 de abril de 1974 y el 2 de abril de 1976.
Bringas, considerado en la región como “un hombre culto y de amplio criterio”, le propone a Luis Guzmán realizar un reportaje y entrevistar a personas que tienen datos sobre la creciente red de narcotráfico en Ciudad Juárez.
El entusiasmo del director de la revista Tiempo de México es inmediato. Le pide nombres y direcciones de los posibles informantes para armar una estrategia.
Sin embargo, a medida que avanza el intercambio epistolar, Santamaría Bringas le pide prórrogas: las personas que tienen los datos tiene miedo a las represalias.
Las cartas, no obstante, revelan nombres y posiciones que, en su momento, estuvieron supuestamente relacionados con el crimen organizado en aquella frontera. Revelan también la colusión que, desde entonces, el gobierno mexicano ha mantenido con esas bandas.
Mañana, la primera entrega en SinEmbargo.mx de:




