“Hay mutismo en la UAS y en el Instituto de Cultura de Mazatlán, no se quiere soltar prenda, contraviniendo el derecho a la información”. Foto: Tercero Díaz, Cuartoscuro

La noche de la presentación de la novela “Los Sueños de la Serpiente” de nuestro compañero Alberto Ruy Sánchez, tuvo un gran ausente en el presídium dónde se presentaba la obra ganadora del prestigiado Premio Mazatlán de Literatura: Juan Eulogio Guerra Liera, Rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Hay que reconocer la habilidad de Enrique Vega Ayala, cronista de la ciudad porteña quien fungió como conductor de la ceremonia de presentación, y tapó el hueco llamando a Olga García, Secretaria Académica en la zona sur, que estaba entre el nutrido público y con ella dijo: “la UAS estaba bien representada”.

Sin embargo, para muchos, fue evidente que la funcionaria no llevaba la representación oficial pues de otra forma hubieran cambiado el identificador que tuvo siempre el nombre de Guerra Liera y también habría merecido de parte de ella unas palabras de felicitación al premiado, como lo hicieron todos los miembros de tan distinguida mesa.

La ausencia del Rector, que no vino acompañada con una justificación institucional, volvió a repetirse días después en la Velada de las Artes que es cuándo se entrega el cheque previsto en la premiación.

Esta vez pasó desapercibido para la mayoría de la muchedumbre que abarrotaba el Teatro Ángela Peralta, quizá ansiosa por vivir la fiesta de la palabra y escuchar la música culta de la OSSLA y la Camerata Mazatlán, con su fragmento de la obra “Carmen” de Bizet y  “Scheherezade” de Korsavov, completo el Bolero de Ravel y una pieza homenaje al mariachi con un video de bellas estampas regionales que debería culminar con un ¡Viva México!, que se oiga hasta Washington –pediría un eufórico Enrique Patrón de Rueda.

No llegó nuevamente Guerra Liera, ni tampoco el vicerrector Miguel Ángel Díaz Quinteros, ni representante alguno, tampoco hubo una explicación del vacío por ninguna de las partes, esta vez más notorio. Me dicen que la UAS cumplió con el compromiso económico pero en ausencia, por “problemas de agenda”, que fue la justificación que encontré en el Instituto de Cultura de Mazatlán.

¿Qué explica la descortesía o quizá la ruptura de las autoridades de la UAS, con la organización del Premio Mazatlán de Literatura?

Más allá, de los llamados “problemas de agenda”, que desde cualquier punto de vista es poco creíble y constituye un atentado a la inteligencia, la ceremonia del Premio Mazatlán de Literatura es un evento programado para entregarse en el marco del Carnaval Internacional así, ha sido a lo largo de décadas y los rectores siempre bloquean las fechas de la presentación de la obra y la entrega del premio al escritor seleccionado.

Más aún, si fuera cierto el extrañísimo caso de una agenda complicada, la Universidad hubiera podido echar mano del vicerrector, el director de Cultura  o la encargada editorial de la UAS que rutinariamente cubren las ausencias protocolarias pero por alguna razón no se hizo la sustitución.

Así que la respuesta, no se sostiene por sí sola, hay otras razones que podrían explicar la ausencia del rector. Una, la de percepción equivocada de que la UAS “no obtiene nada”, al otorgar este premio incluso está la idea de “que sólo se les busca para que aporte dinero”; y la otra, no excluyente, que el rector quería o quiere decidir sobre la fecha y lugar de entrega del Premio lo que significaría sacarlo del programa cultural del Carnaval y llevarlo a los espacios universitarios para que se celebre en el marco de la feria del libro universitario.

Que, a partir de este año se llamará FeliUAS, y coincide curiosamente con la separación del organizador que ha sido Juan José Rodríguez, el escritor mazatleco que este año fungió como Presidente del Jurado del Premio Mazatlán de Literatura.

Creo, que no está mal, que las autoridades de la UAS entreguen premios en el marco de la feria del libro pero, porque romper con toda una tradición cultural, que hace grande a la Universidad, que le da visibilidad y aprecio público.

Lamentablemente con frecuencia las autoridades, y sus escribanos a sueldo inmediatamente atacaron al publicar la primera versión de este escrito en el diario Noroeste y no solo contra mí, sino también fueron contra Raúl Rico, quien se desempeña exitosamente  como director del Instituto de Cultura.

Estas personas creen que los funcionarios son la Universidad, sin considerar que  ellos y ellas cubren espacios burocráticos temporales, y si no veamos, la institución el próximo 5 de mayo estará cumpliendo 145 años. Es decir, los trasciende y son otros los valores los que deberían guiar su comportamiento cotidiano.

Hay mutismo en la UAS y en el Instituto de Cultura de Mazatlán, no se quiere soltar prenda, contraviniendo el derecho a la información. Quizá, para no complicar más el problema de relación institucional, pero lo cierto es que el problema está ahí, fue ostentosa la ausencia de las autoridades universitarias, una incomodidad en el protocolo de premiación e incertidumbre para el futuro.

Los 100 mil pesos que entrega la UAS al escritor galardonado no es una cantidad extraordinaria que no pueda cubrir otra institución académica o gubernamental incluso un particular. Es pecata minuta. Sin embargo, sorprenden los prejuicios y el deseo desmedido de las actuales autoridades universitarias por controlar todo, incluso, lo que esta fuera a la casa rosalina. Evidentemente, hay un desvarío burocrático y aires totalitarios en estas pretensiones de los dirigentes de la UAS y eso provoca una mala imagen de la casa de estudios.

Si las autoridades de la UAS deciden ya no aportar el dinero del premio, o simplemente continúan con la grosería de no asistir a los actos protocolarios, el Instituto de Cultura debería considerar su separación y que lo cubra otra institución.

En definitiva, lo que pareciera no se quiere entender en la rectoría, es que con este tipo de eventos culturales de primer nivel, no es la Universidad la que le aporta lustre al premiado, sino es al revés. Es el escritor que al recibir el Premio viste a la institución con su obra y sus palabras como una Universidad abierta al tiempo y la Universidad entonces, al no jugar su papel, trasmite el peor de los mensajes pues se presenta como una institución consumida por intereses ajenos a ella.

Una Universidad, recordemos, se nutre de lo que hacen sus miembros pero, también, de lo que se hace afuera de ella en todos los campos de conocimiento. Y el Premio Mazatlán de Literatura, como también el de poesía Clemencia Isaura, viste a las instituciones de cultura.

Finalmente, alguien tendrá que explicar que es lo que hay detrás de esta ausencia, este desdén de las autoridades universitarias, no puede ser parte de la picaresca del Carnaval, está en juego no el Premio que seguirá entregándose con o sin la UAS, sino la imagen de la centenaria y querida casa de estudios, que no merece este tipo de bochorno de funcionarios arrogantes que sienten que pueden hacer de todo sin dar explicaciones.