Y también a casi 2 mil kilómetros, en la cruz de clavos rosas de Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos, lugar emblemático de esta localidad que se hizo tristemente famosa a nivel internacional por sus feminicidios en la década de 1990.

Ciudad de México (AP) — Voces contra los feminicidios resonaron el sábado en el edificio de Ciudad de México donde hace una semana fue asesinada Ingrid Escamilla, la joven que aparece desollada y acuchillada en fotografías filtradas que causaron indignación en todo el país.

Y también a casi 2 mil kilómetros, en la cruz de clavos rosas de Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos, lugar emblemático de esta localidad que se hizo tristemente famosa a nivel internacional por sus feminicidios en la década de 1990.

Grupos de mujeres participaron en protestas simbólicas en estas y otras ciudades de México para denunciar por enésima vez la falta de acción de las autoridades ante el creciente asesinato de mujeres y agresiones de género.

Mujeres lanzan consignas con flores en las manos mientras se dirigen al edificio de apartamentos en que Ingrid Escamilla fue asesinada y desollada, en Ciudad de México, el sábado 15 de febrero de 2020. Foto: Ginnette Riquelme, AP

El bloque de departamentos del barrio humilde e inseguro donde vivía Escamilla, donde se instaló un pequeño altar con flores, fotos y veladoras, se convirtió en un escenario improvisado donde mujeres de todas las edades compartían dolor y testimonio.

Unos eran anónimos, como el de una adolescente que contaba entre lágrimas cómo la subieron a un coche, abusaron de ella y luego la abandonaron.

Otros no, como el de Erika González, quien denunció que los feminicidios no paran. Como ejemplo, el asesinato de su sobrina de 23 años, Brenda Josselin Hernández, ocurrido este mismo miércoles.

“Siento miedo, siento impotencia, coraje, angustia”, afirmó Blanca Gómez, un ama de casa de 40 años con tres hijos y vecina del lugar.

Los gritos de “justicia” y “ni una más” se repitieron en la calle que llevaba a la casa de Escamilla a lo largo de la que decenas de vecinos mostraron su apoyo colgando telas o cartulinas moradas junto a fotos de la joven asesinada.

Mientras que en Ciudad Juárez, fronteriza con El Paso, Texas, los lemas eran los mismos y el dolor se unía a la impotencia de quienes llevan dos décadas esperando respuestas.

Mujeres con bolsas negras en la cabeza y tiradas en el suelo simbolizaron el horror incesante que se vive a diario.

Lluvia Rocha, psicóloga y activista, recordaba por ejemplo el feminicidio de Lilia Alejandra García Andrade hace 19 años, una de las “muertas de Juárez” que no ha tenido justicia y cuyo caso está a punto de llegar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos ante la inacción de los tribunales mexicanos.

No eran muchas, pero sus voces eran simbólicas y exigían lo mismo: justicia de una vez por todas.