El Presidente Andrés Manuel López Obrador durante una conferencia de prensa. Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro.

Conocer el tema, medir la temperatura pública, diagnosticar el momento político, contrastar opiniones y proponer soluciones a los problemas centrales y colaterales podría ordenar el sentido común, el ABC del análisis político, y sobre todo en un plato virtual creado exprofeso.

Y es que, si en el debate público no hay contrapunto, si no se tiene contraste de ideas, puede ser un buen intercambio de datos, pero no la síntesis implícita a la dialéctica del conocimiento y la formación de opinión pública.

Lo que habría sería una suerte de confabulación en torno a una idea, una convicción, una denostación, un enojo más o menos elaborado, que no sirve ni al que convoca, menos a los convocantes, y todavía menos al ciudadano, quedan como simples paleros de un malestar o la reducción de la realidad a una simple charla de amigos más o menos inteligentes, más o menos informados, buscando refrendar clientelas mediáticas e influir como sea en la opinión pública.

Es lo que sucedió en mi opinión el sábado pasado en el programa Latinos que dirige Carlos Loret de Mola, quien dando una entrada digna de un preámbulo preparó a la audiencia con un sonriente y sonoro: ¡Que mesa, pero qué mesa!

Sólo le faltó agregar “en está esquina de 64 kilos… fulano de tal contra…l” Estaban en ese ring virtual Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, María Amparo Casar y Jorge Castañeda para hablar del desempeño del Gobierno obradorista frente a la pandemia que sacude a nuestro país como también de las mejores “soluciones democráticas”.

Y cualquiera esperaría de estos intelectuales un análisis equilibrado, generoso y esclarecedor sobre lo que está sucediendo en el país y para ello que abrieran con sapiencia todo el abanico del fenómeno pandémico con perspectiva global y bajarlo al comportamiento que están teniendo los actores políticos, sociales y económicos.

Nunca que un análisis parcial centrado en quien políticamente preside la lucha contra el COVID-19 porque simple y sencillamente es todo lo que se quiera, pero no un análisis riguroso, sino una toma posición, y no está mal que uno o dos tengan esa postura, lo que si ya despierta sospechas es que todos tengan el mismo enfoque, los mismos argumentos, las mismas conclusiones y hasta el mismo rictus de preocupación, y qué no haya contrapunto y el análisis sea más plano que una carretera sin baches.

Eso deriva entonces en un monólogo a cinco voces en torno a una idea y la prudencia, recomendaría para no ser tan obvio, que mejor fuera sólo uno de ellos a ese plato o que Loret de Mola hiciera el editorial, ¿para qué cuatro o mejor cinco, si uno puede ser la voz de todos?, no pretendo quitar mérito a ninguno de ellos en sus carreras en el terreno de la circulación ideas, son todos ellos personas muy mediáticas, y desde hace muchos años, pero en esta ocasión se vieron de una pobreza lamentable no por el dato esgrimido de aquí o de allá, sino la homogeneidad, si la homogeneidad, sin aportar nuevas ideas para encontrar rutas para que el costo de la pandemia no sean tan alto.

Y es que esa charla virtual todo estuvo centrado en la figura presidencial y por supuesto el balance fue negativo de principio a fin para el Gobierno, ni siquiera Camín o la Casar, que en otros momentos suelen tener el filo del matiz está vez no se les vio y todos ellos estuvieron faltos de perspectiva y pobreza de ideas. Nada que no hayan dicho hasta el cansancio en este o en otros foros donde son los analistas estrellas.

O sea, no hay ganadores porque el que escucha simple y sencillamente alimenta sus fobias o filias ante tamaño despropósito de conversación pública que en ella mostraron pobreza intelectual y ética.

Todos ellos se mostraron convencidos de una visión apocalíptica. Ahí está el equivoco del plato de análisis cuando lo que verdaderamente ayuda es que los mundos intelectuales se confronten más allá del tuit y escenifiquen face to face civilizados. Son necesarios porque justamente ahí radica el principal valor de la democracia: la calidad del debate público, la libre manifestación de ideas que, en otro sentido, hace referencia Aguilar Camín en una de sus intervenciones de ese día.

Porque, entiendo, que el tema de fondo es nuestra democracia y de cómo la enriquecemos en el terreno de las ideas, y es que los monólogos a una, cinco o veinte voces, está demostrado no sirve mucho y menos a alguien, va en sentido contrario de la dinámica que nos han demostrado las democracias consolidadas y qué los periodistas deberían aprender de ellas para hacer las preguntas correctas a las voces más autorizadas para opinar sobre los grandes temas nacionales.

Y, aclaro, AMLO es muy cuestionable en muchas las decisiones que está tomando es más todo es discutible. Para no ir muy lejos, basta ver la última con el decreto inconstitucional, que termina por militarizar la seguridad pública “hasta marzo del 2024” cuando siempre se dijo que los militares deberían regresar a los cuarteles porque tenían sus competencias constitucionales y no deberían cumplir la tarea de la Guardia Nacional y las policías estatales y municipales.

Pero, de ahí, a considerar que en el ejercicio de este Gobierno nada está bien y por lo tanto vale el juicio sumario, sin matiz alguno, vamos a hacer montón, se cae en lo que se critica porque la realidad es mucho más que un presidente.

Finalmente, Loret de Mola sabe el oficio, pero sus fobias le demeritan como periodista y más sus obsesiones que busca hacerlas colectivas mediante estos intelectuales cortados con la misma tijera y es que es tan obvio. Utiliza un recurso muy usual en el periodismo nacional cuando en cualquier situación polémica se llama a “buscar a quién ya sabes que va a opinar” y mejor todavía: “cuando va a decir lo que te dicta tu fobia”, tus propios intereses. Así de sencillo.

Algunos se preguntarán, ¿estos personajes fueron usados por Loret de Mola?:

¡Qué cada quién saque sus conclusiones!