Foto: Crisanta Espinosa, Cuartoscuro.

Frente al cambio climático, la humanidad parece el conejo mirando los faros del coche. Hay poco tiempo, el golpe será muy duro, y nadie está reaccionando a la altura de las circunstancias. Somos la primera generación en comprender científicamente el cambio climático, y a la vez la última en poder hacer algo al respecto.

La alimentación es el ejercicio de consumo más repetido por cualquier ser humano, desde las personas más ricas hasta las más pobres necesitan consumir alimentos cada día y varias veces al día, algo que no sucede con ningún otro producto o servicio. Sumado a eso, es muy bajo el porcentaje de población que produce sus propios alimentos por lo que podemos afirmar que los alimentos, a nivel global, están totalmente monetizados. Consumo permanente e imprescindible, sumando la monetización de su compra y venta casi en términos absolutos, generan el cocktail perfecto para la especulación financiera.

Existe hoy en día una burbuja agropecuaria que se infla a sí misma subiendo el precio de los granos destinados a engorde, sin subir en absoluto su valor. Esa relación de tiempo y dinero a la que llamamos “finanzas” o “capital financiero” mantiene uno de sus principales negocios globales en la especulación con el grano destinado a engordar animales. Las arcas públicas acaban interviniendo el precio de esos granos usando enormes cantidades de dinero público con el único objetivo de que la carne no sea tan cara y muchas familias “se la puedan permitir”. Esta situación genera tal centralización del grano en la ganadería que gracias a ella existen familias que no pueden permitirse ni el grano.

Además de la inmoralidad de desaprovechar el grano y dejar sin alimento a millones de personas, este negocio tiene todavía más problemas asociados. Uno, no menor, es la cruel explotación a la que sometemos a los animales en las granjas y rastros de todo el mundo. Millones de seres con capacidad emocionales idénticas a animales que conocemos muy bien, como los perros o gatos, e incluso a las nuestras, son explotados y ejecutados cruelmente cada minuto, cada segundo.

El modelo alimentario actual es la principal causa del calentamiento global, de la destrucción de biodiversidad, del hambre e injusticia alimentaria, el derroche de dinero público, causal de graves problemas para la salud y la mayoría de las pandemias, así como los gastos asociados a la salud pública y explotadora de seres sintientes.