La cuestión está centrada en si los gobiernos seguirán legislando para el beneficio de las corporaciones. Foto: EFE

Pablo Ramírez*

La COP25, probablemente sea la más mediática que ha existido hasta ahora. Los movimientos juveniles que se han levantado en todo el mundo y las crecientes protestas que detonan en cada vez más países debido a la injusticia del sistema en el que operan nuestras economías, han puesto un foco especial en esta conferencia de las partes, que dicho sea de paso tuvo que moverse dos veces de sede, la primera por el negacionismo del actual Gobierno brasileño, la segunda por la explosión social que ha puesto en entredicho el discurso progresista de la administración chilena. Así, de rebote, Madrid ha alojado esta importantísima reunión en la que son dos los temas cruciales para el éxito o fracaso de los esfuerzos globales para frenar la crisis climática en la que nos encontramos.

El primero es finalizar el reglamento que operará el Acuerdo de París, uno de los pendientes más grande de la COP24 en Katowice, Polonia, que contiene el marco regulatorio del comercio de carbono. Este tema resulta extremadamente sensible, ya que como han resaltado varios expertos en la materia, de no establecer reglas estrictas y claras, podría comprometer la ambición de la acción climática global y por consiguiente las reducciones netas planetarias abriendo la puerta a un mecanismo de “el que contamina paga” que permitirá a los países que no cubran sus metas “comprar” la parte no utilizada por los países que menos emiten. En este momento, en el que es urgente reducir las emisiones, este tipo de medidas solamente retrasan la urgencia de acción.

El segundo es trazar la ruta crítica para la modificación de las contribuciones nacionalmente determinadas (NDC) que son los mecanismos que contienen las reducciones por País que nos conducirán (o no) a la meta del 1.5° y de paso asegurar algo que tiene que ser indispensable: que la transición energética sea justa y equitativa, la gente no tiene ni debe porque asumir los costos de transición hacia una economía sin emisiones. Este punto es sumamente importante para México, ya que los actuales NDC se encuentran lejos de la trayectoria del 1.5°, aun así el gobierno sigue desarrollando políticas que los incumplirán.

Existe un consenso generalizado, al menos en la gran mayoría de bienpensantes en el mundo, respecto a la situación climática y a los informes del IPCC que nos hablan de la urgencia para actuar y mantener el aumento de temperatura global en 1.5 grados centígrados. Sabemos también cuáles son las causas y las soluciones, en este momento el tema ya no es si tenemos certeza o no, ahora la cuestión está centrada en si los gobiernos seguirán legislando para el beneficio de las corporaciones o empezarán a legislar para la gente, este es un momento en el que las decisiones políticas están cargadas de una responsabilidad histórica extraordinaria, va siendo hora que la clase política lo entienda así, la gente ya lo entendió.

*Pablo Ramírez es coordinador de los temas de cambio climático y energía en Greenpeace México

Más información: www.greenpeace.org.mx