El cuerpo, el alma, la palabra es el resultado de la relación, por más de quince años, con los pobladores de la Sierra de Texcoco. Este libro contribuye también a mostrar diversas enfermedades indígenas o síndromes de filiación cultural de las que se carece de análisis detallados, como la tiricia, la chupada de bruja o ciertas afecciones infantiles atribuidas a los espíritus dueños del agua.

Por David Lorente Fernández

Ciudad de México, 17 de enero (SinEmbargo).- La Sierra de Texcoco es una región representativa de otras áreas indígenas o mestizas de México donde la medicina tradicional convive con la biomedicina en el marco de complejas transformaciones sociales y económicas. Esta situación genera una serie de encuentros, desencuentros, conflictos y rechazos entre ambas formas de medicina. El propósito de este libro es internarse en este entramado donde los curanderos coexisten con los médicos de los centros de salud y con la medicina doméstica que las madres practican en el seno del hogar.

El panorama de la Sierra de Texcoco revela un modelo tripartito de salud que podría ilustrar lo que sucede actualmente en numerosas regiones rurales o indígenas del país, e incluso en áreas urbanas. A medida que las poblaciones mexicanas reciben la creciente influencia de la medicina oficial con la creación de centros de salud o la llegada de políticas estatales, y se intensifica la incidencia de las ciudades, el sistema de la medicina tradicional se ve expuesto a otras modalidades médicas, dando lugar a complejas dinámicas de convivencia e interacción entre los diversos sistemas médicos. Como explica Jacques Galinier: “la intrusión de la medicina occidental no ha hecho retroceder la función chamánica, por el contrario, y esa práctica representa una de las palancas alternas para apoyar o invalidar la terapéutica hospitalaria que no se considera eficaz”. Del mismo modo, la medicina familiar no parece haber sido desplazada por la implantación de la biomedicina.

La Sierra de Texcoco, cuyos límites se difuminan con los de la Ciudad de México, alberga una diversidad de curanderos indígenas que desempeñan su labor al margen de los centros de salud, abocándose al tratamiento de dolencias basadas en concepciones indígenas del cuerpo y la persona. Cuando se trata de enfermedades infantiles, la labor de los curanderos nativos se ve acompañada con frecuencia de la terapéutica emprendida por las madres en los hogares. De esta forma, curanderos y madres de familia constituyen verdaderos expertos en el tratamiento de diversas afecciones indígenas negadas por la biomedicina, y principalmente de aquellas consideradas como anímicas o relativas al espíritu. Madres y curanderos son así genuinos “especialistas de las almas”.

Uno de los aportes del presente libro es brindar un panorama detallado de cómo opera esta forma de medicina en la Sierra de Texcoco. Foto: Artes de México

Las enfermedades de los niños implican la convergencia o alternancia de madres y curanderos en el ámbito descrito habitualmente como medicina doméstica. Denominada también “atención doméstica” o “modelo de autoatención”, la medicina doméstica atañe inicialmente a las madres de familia, pero al afrontar enfermedades infantiles que afectan al alma o a los espíritus del niño, involucra a los curanderos tradicionales en un nivel u otro del proceso terapéutico. Estudiar la medicina doméstica pone de manifiesto la existencia de enfermedades indígenas al margen de la terapéutica de los centros de salud y explica la vigencia de los saberes domésticos y la presencia de curanderos con un papel destacado en la comunidad. En palabras de Lluís Mallart: “No podemos olvidar que un sistema médico empieza a tomar forma en un rincón de la cocina cuando la madre intenta calmar con un brebaje los primeros síntomas de su hijo enfermo. De este gesto a los grandes ritos terapéuticos celebrados por especialistas hay, ciertamente, una gran distancia, pero el sistema médico de una sociedad ha de considerarse como un todo sin omitir ninguno de sus elementos etnológicamente pertinentes”.

No obstante, una ojeada a la literatura mesoamericana revela que, con puntuales excepciones, la medicina familiar raramente es objeto de trabajos monográficos que la presenten en su contexto sociocultural. El panorama plantea una terra incognita y, al mismo tiempo, un terreno fértil por explorar. Como han explicado Carlos Zolla y sus colaboradores: “Las razones por las que aún no conocemos bien las modalidades de la medicina doméstica dentro de los grupos indígenas y campesinos obedecen a las características del fenómeno y a los enfoques empleados en el estudio de la práctica médica en las áreas rurales”.

En este sentido, uno de los aportes del presente libro es brindar un panorama detallado de cómo opera esta forma de medicina en la Sierra de Texcoco. Más que pensarse disociada de la terapéutica tradicional, como ámbitos de acción independientes, medicina indígena y familiar se imbrican en un continuum configurando un dominio compartido. Es al tratar las afecciones anímicas infantiles cuando se aprecia mejor. El espacio doméstico es donde se manifiestan ciertas enfermedades del alma; allí las madres efectúan el diagnóstico inicial y los primeros tratamientos, decidiendo, en el curso de la enfermedad, el desarrollo de los itinerarios terapéuticos. Los curanderos indígenas se incorporan entonces como parte del mismo complejo terapéutico.

Los terapeutas indígenas revelan los procesos de iniciación y aprendizaje por los que, mediante sueños o enfermedades, adquirieron el “don”. Foto: Artes de México

Este libro contribuye también a mostrar diversas enfermedades indígenas o síndromes de filiación cultural de las que se carece de análisis detallados, como la tiricia, la chupada de bruja o ciertas afecciones infantiles atribuidas a los espíritus dueños del agua. A su vez, la obra muestra cómo la vigencia de las prácticas terapéuticas tradicionales revela la presencia de las concepciones nahuas del cuerpo y de la persona en la vida cotidiana, expresando una cosmología y una manera indígena de estar en el mundo.

De forma coral y polifónica, el libro reúne las voces de una pluralidad de terapeutas indígenas —parteras, curanderos, hierberos, brujos, graniceros—, así como de madres de familia, médicos alópatas y pacientes de la Sierra. Los testimonios reflejan diversas perspectivas sobre el origen de las enfermedades y la pertinencia de los tratamientos, con la expresividad de sus estilos y palabras propias. El cruce de miradas ilumina las nociones nahuas de la enfermedad, pero también expone los conflictos culturales derivados de la confrontación entre la medicina indígena y la visión biomédica de los centros de salud. A su vez, los terapeutas indígenas revelan los procesos de iniciación y aprendizaje por los que, mediante sueños o enfermedades, adquirieron el “don”, las facultades y los conocimientos necesarios para ejercer la curación.

El cuerpo, el alma, la palabra es el resultado de la relación, por más de quince años, con los pobladores de la Sierra de Texcoco. Entre 2003 y 2018 pude compartir la vida cotidiana de las comunidades de Santa María Tecuanulco, Santa Catarina del Monte y San Jerónimo Amanalco en sucesivas estancias de investigación. Gracias a la confianza de vecinos y terapeutas tuve oportunidad de acceder a un ámbito escasamente visible y se me concedió participar en distintos rituales terapéuticos, asistiendo en ocasiones a los especialistas indígenas en sus labores.

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