Investigadores han descrito por primera vez la forma en que una especie de pasto marino endémico del Mediterráneo envuelve y expulsa contaminantes plásticos del fondo marino.

Ciudad de México, 17 de enero (RT).- Científicos de la Universidad de Barcelona, en España, han descubierto que las praderas de pastos submarinos son capaces de atrapar y contener considerables cantidades de desechos plásticos del mar y arrojarlos a las costas, ayudando así a reducir los contaminantes de los ecosistemas marinos.

En una investigación pionera en su campo, los investigadores han descrito y analizado por primera vez la capacidad de la Posidonia oceanica, una fanerógama marina endémica del mar Mediterráneo, para capturar y extraer plásticos de extensas praderas submarinas del litoral de la isla de Mallorca.

“Todo indica que los plásticos quedan atrapados en los herbazales de posidonia. En esas praderas, los plásticos son incorporados a unos aglomerados de fibras naturales en forma de bola —las egagrópilas o bolas de Neptuno de la posidonia—que son expulsadas del medio marino durante las tormentas”, detalló Anna Sànchez-Vidal, coautora del estudio.

Según explica la académica, aunque todavía no hay estudios que cuantifiquen el número de egagrópilas que son expulsadas del medio marino, los resultados obtenidos indican que las bolas de Neptuno pueden atrapar hasta mil 470 piezas de plástico por kilogramo de fibra vegetal, con lo que se estima que podrían llegar a recolectar “867 millones de plásticos cada año”.

Los efectos contaminantes de los plásticos generados por las actividades antropogénicas son un grave problema medioambiental que afecta no sólo a los ecosistemas marinos de todo el planeta. Restos de este material han sido encontrados en placentas humanas, cerca de la cima del Monte Everest, o en el estómago de animales muertos a causa de su ingesta, por lo que, en opinión de los autores, es preciso proteger y conservar los ecosistemas y limitar drásticamente su uso por parte de la población.

La investigación completa fue publicada el 14 de enero por la revista Nature.

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