Comenzó la vacunación masiva. Foto: Cuartoscuro.

Es una nota de felicidad, sí. Innegable y contundente, saber que adultos mayores están empezando a ser vacunados ante un virus letal que ha acabado con la vida de cientos de miles de mexicanos. Hoy, que pasé por una de las colas de vacunación, pensé en el milagro que la ciencia ha hecho posible. Hace justo un año, entrábamos en la zozobra de la pandemia que cambió la vida de todo el mundo. Literalmente, de todas las poblaciones del orbe y de todas y cada una de las personas que respiramos sobre el planeta. Un año le tomó a los científicos desarrollar vacunas: es una proeza heroica que también, como nunca, los seres humanos estamos presenciando en tiempo real. Y es que piénselo, querido lector. Somos beneficiarios de un esfuerzo titánico concretado en una inyección, un pinchazo en el brazo, capaz de evitar las consecuencias letales del coronavirus.

Hace un año el SARS-CoV-2 apenas estaba siendo reconocido y arrojaba toda su oscuridad sobre nosotros, desde entonces México ha padecido una enorme tragedia, una catástrofe para cientos de miles de familias que se han visto enlutadas. Los amigos, los familiares que hemos perdido duelen, han reconfigurado la noción que teníamos de la vida. Un virus que como todos sabemos, nos cerró el paso, nos encerró, nos confinó en nuestro miedo, nos empobreció. Eso es lo que hay que celebrar: que ante la catástrofe mundial la ciencia se ha levantado triunfante. Al contrario de los políticos de buena parte del mundo que fueron omisos e irresponsables, y algunos hasta criminales, los científicos han logrado ofrecernos una esperanza. Los científicos creadores de las vacunas, y también los médicos que han logrado decodificar al virus, estudiarlo, entender las consecuencias en el cuerpo humano. Médicos que no sabían nada de él, comenzaron trabajando en la oscuridad, hoy llevan luz a los enfermos. Estudios que se crearon a una enorme velocidad, investigadores que se han encargado de crear todo un cuerpo de conocimiento como nunca antes en la historia de la medicina.

La ciencia es, pues, la gran triunfadora de esta pandemia, aunque aún no salgamos de ella y muchos sean los peligros que atravesamos en la carrera contra las variantes, que aún nos amenazan y, sobre todo, en países como México donde no se siguió una estrategia de contención, se permitió que el virus se expandiera irresponsablemente y, al mismo tiempo, no se planeó con tiempo la adquisición masiva y oportuna de vacunas.

El problema, si usted lo piensa, son en realidad los políticos. Los políticos, sobre todo occidentales, que subestimaron a un virus novel, desdeñaron la experiencia de los países asiáticos adquirida previamente con el SARS, que les permitió ser los únicos capaces de contenerlo y disminuir la letalidad en sus poblaciones. La irresponsabilidad descomunal de alegres e inconscientes cálculos de políticos europeos y americanos llevó al mundo a una crisis sin precedentes.

Recuerdo, por ejemplo, que hace justo un año, en México el gobierno calificaba al coronavirus como “menos letal que la influenza” y tranquilizaba a la gente diciéndole que no era una enfermedad grave y que las personas padecerían un catarro leve. Ni una cosa, ni la otra. El virus era mucho más letal, y es capaz de dejar graves secuelas en personas que incluso no se han enfermado severamente. Nada que ver con un catarro: coágulos, infartos, encefalitis, daños al riñón, al hígado, al páncreas, al corazón, al cerebro, a los pulmones… Personas asintomáticas propagando la epidemia por el aire…  Todo se hizo mal y nos condujo a el horror de ver morir a miles de personas.

Ahora, con la vacunación, algunos países entendieron la lección y están vacunando con gran rapidez a sus poblaciones. El caso de Israel es muy alentador si uno mira las curvas descendentes en casos graves, tras la inmunización completa y con variantes circulando. El viraje en la política de salud de Estados Unidos llevada a cabo por Joe Biden, es también una señal de que puede corregirse el rumbo incluso en países que manejaron la epidemia desastrosamente, con buenos resultados, si se prioriza la vida.

Obviamente, esta nueva realidad ha obligado a los países a atender una crisis imprevista y urgente. La mayor en un siglo, con su crisis económica producto de las cuarentenas crónicas. Lamentablemente, el gobierno de México no entendió y no parece ya poder entender que su estrategia fue desastrosa: no cerró fronteras, no realizó pruebas masivas ni hizo seguimiento de contactos, no impuso el cubrebocas obligatorio, desdeñó a las variantes, a los asintomáticos, a la naturaleza aérea del virus, y por lo visto, no planeó vacunar con la mayor rapidez posible hace meses cuando debió de hacerlo. Decidió ir a ciegas en donde había que tener los ojos muy abiertos y vacunar a cuenta gotas con vacunas adquiridas en negociaciones de último momento o como receptor de donaciones. Por ello, el personal de salud del sistema público y privado no ha sido inmunizado completamente y apenas unos cuantos miles de adultos mayores están siendo vacunados.

Sí, esos adultos mayores nos alivian, nos llenan de esperanza, representan el primer respiro que tenemos desde que este oscuro tiempo comenzó, pero no hay que olvidar que estamos en una carrera contra las variantes, más contagiosas y letales, que no parece poder ganarse con la lentitud de la vacunación y con la pésima estrategia que han seguido, guiados por criterios político electorales y no científicos. La tozudez del presidente López Obrador ha costado mucho dolor y muchas vidas y no sabemos, si no se vacuna rápidamente a las poblaciones de riesgo de los grandes centros urbanos, cuánto dolor más tengamos que padecer, si es que una tercera ola nos azota, como es el temor de los especialistas.

Espero, con todo el corazón, que esto no ocurra y que los mexicanos no tengamos que padecer, una vez más, los cálculos criminales de políticos a quienes no les importan nuestras vidas.

PD

Si usted que me lee, ya se vacunó, no deje de cuidarse, por favor. No olvide que la generación de anticuerpos toma semanas, no es inmediata y no funciona eficazmente con una sola dosis. Cuídese, cuídese tanto como se ha cuidado hasta ahora y hasta que complete la inmunización, ya le falta muy, muy poco.