Matt Weiner dirigiendo a sus criaturas. Foto: Especial

Matt Weiner dirigiendo a sus criaturas. Foto: Especial

Ciudad de México, 17 de marzo (SinEmbargo).- Desde que se estrenó en 2007, la serie Mad Men, ambientada en el mundo publicitario en los ’60 (aunque terminó la mitad de la séptima temporada con mucho menos público que el inicial, muy lejos del boom que originó a lo largo de las primeras cuatro entregas), marcó tendencias y multiplicó fanáticos en todo el mundo.

Fue un tiempo donde ganó en forma consecutiva el premio Emmy a mejor serie dramática, algo que no impedirá que el 5 de abril próximo concluya definitivamente, develando el destino de su atribulado protagonista, Jon Hamm, genial en la encarnación del inseguro y ambicioso Don Draper.

Es así. Nos debían los últimos siete episodios, donde veremos si Don se redimirá o, por el contrario, sucumbirá a su desidia y a la depresión larvada que le brota de todos los rincones del impermeable.

Por esta serie, su creador Matthew Weiner fue distinguido con un Emmy honorífico, en premio, según la Academia Internacional de las Artes y las Ciencias Televisivas, a “haber definido un periodo en la televisión, creando un fenómeno global y cultural que ha cambiado drásticamente el paisaje” de la pantalla chica.

Aunque el éxito, en el caso de Weiner, fue una criatura esquiva durante muchos años, tal como lo cuenta el periodista Brett Martin en su libro Hombres fuera de serie.

Miembro de una familia muy exitosa, de grandes logros intelectuales y profesionales, el pequeño de cuatro hermanos tardó en encontrar una vocación que colmara las expectativas paternas y al mismo tiempo lo hiciera feliz.

El guionismo y sobre todo su relación con David Chase, el creador de Los Soprano, le dieron vía ancha para transitar –con malhumor y mucha, mucha arrogancia, según dicen- por los enredados caminos del negocio televisivo.

La casualidad, la buena suerte y un talento indudable hicieron el resto.

“Weiner, que en el aquel entonces seguía trabajando tiempo completo en la sala de guionistas de Los Soprano, tardó dos meses en regresar. Cuando lo hizo, fue con una trama completa de 12 episodios, elaborada con asombroso lujo de detalles. En el centro estaba la historia personal de Don Draper, príncipe de Madison Avenue, pero, como Jay Gatsby, un extraordinario de autoinvención.

Había nacido como Dick Whitman, hijo ilegítimo de una prostituta y había usurpado la personalidad de un hombre muerto en la Guerra de Corea”, cuenta Martin.

Así nació Mad Men, el programa que consagró a Jon Hamm en forma tardía, cuando el actor oriundo de Misuri, de 45 años, comenzó a tomar whisky y a fumar en forma compulsiva para dar vida a Draper y disfrutar con ello del gran rol de su vida, un hecho que había estado esperando durante años, mientras trabajaba de camarero y hacía pequeños papeles en show de segunda categoría.

Hoy un first class en el competitivo Hollywood y ha participado en programas importantes como la desaparecida serie 30 Rock, done hizo del pretendiente guapo aunque medio bobalicón de Tina Fey y llegó a conducir de forma exitosa un capítulo de Saturday Night Live.

Recientemente se ha unido al universo Netflix, para formar parte del reparto de Wet Hot American Summer, una miniserie de ocho capítulos creada por los artífices del filme original, Michael Showalter y David Wain.

En la película ambientada en un campamento judío ficticio en 1981, Hamm interpretará a un agente secreto.

Hamm, que no da muchas entrevistas y aparece poco en las festicholas de Hollywood, está en una relación abierta con la, actriz directora y guionista Jennifer Westfeld, con la que ha emprendido diversos proyectos cinematográficos en la productora de ambos, Points West Pictures, entre ellos Kissing Jessica Stein (2001) y Friends with kids (2011)

Con el actor estadounidense Daniel Radcliffe grabó en Londres la miniserie A Young Doctor’s Notebook. Adora la cerveza Budweiser, jugar al Scrabble y se niega a juzgar a su personaje en la serie que desde su aparición, en 2007, ha batido varias veces su récord de audiencia y se juega una carta fuerte en su última temporada.

Adiós a los publicistas de la Madison Avenue. Foto: Especial

Adiós a los publicistas de la Madison Avenue. Foto: Especial

“Don Draper no ha cambiado demasiado, es quien es y quien siempre ha sido. Lo cual es trágico, fascinante, asqueroso y emocionante a la vez”, dijo el actor en una entrevista con la agencia efe el año pasado.

“El público conecta con Don porque entiende su sensación de insatisfacción personal. Por otro lado, un actor está supeditado a la calidad de los guiones y seré muy afortunado si vuelvo a trabajar con alguien con tanto talento y creatividad”, dijo en relación a Matthew Weiner.

Los ejecutivos de la cadena AMC no estaban tan convencidos. “Pensaban que (Hamm) no era sexy y que su currículum era una porquería. En última instancia, eran reticentes a contratar a un desconocido”, contó el creador de la serie, quien envió al actor a Nueva York con los popes de la empresa.

“Tienes que presentarte con la confianza de que les he dicho que no haré la serie si tú no estás en ella”, le advirtió el guionista. La estrategia funcionó, por suerte: cuesta imaginar a otro actor que tan bien hubiera encarnado, como lo hizo Jon Hamm, al publicista Don Draper.

UNA EXPOSICIÓN EN NUEVA YORK

Mientras los fans de Mad Men se alistan para acomodarse en el mejor sillón de la sala y disfrutar los últimos siete episodios de la serie, Nueva York despide por todo lo alto la serie que honra su espacio físico, social e histórico.

Del 23 al 29 de marzo, 30 restaurantes populares de los ’60 servirán un almuerzo de dos platos o dos bebidas por 19,69 dólares (en referencia al año en el que termina la serie).

Todo en el menú estará inspirado en comida y bebida de esa década. En PJ Clarke´s, un restaurante de comida americana tradicional abierto desde 1884 y en el que han cenado Frank Sinatra o Jackie Kennedy Onassis, se podrá degustar la hamburguesa que, en 1958, Nat King Cole bautizó como “el cadillac de las hamburguesas”.

21, el célebre club que sobrevivió a varias de redadas del FBI durante la época de la Ley Seca, ofrece un menú de cocktails clásicos compuesto por Bloody Mary, Vodka Gimlet, Tom Collins, Manhattan y Martini, informa efe.

La ropa del elenco, también en la exposición. Foto: Especial

La ropa del elenco, también en la exposición. Foto: Especial

Además, el Museo de la Imagen en Movimiento, en Astoria, Queens, ha armado una exposición sobre el proceso creativo de la serie,  que incluye decorados, vestidos, anuncios y notas personales de Matthew Weiner el creador, guionista y productor ejecutivo.

La exposición, supervisada por Ellen Freund (encargada de los materiales en las grabaciones), está protagonizada por dos enormes sets procedentes de la serie: la oficina de Sterling Cooper y la cocina del matrimonio Draper.