La familia de Braulio Bacilio denunció que las autoridades capitalinas no actuaron a tiempo y hasta la fecha han sido pasivas. Miguel Bacilio, padre del menor, narró que el mismo día de la desaparición les negaron la activación de la Alerta Amber porque era muy pronto para emitirla. “Nos dijeron que deban que pasar 24 horas. Después, al tercer día fuimos y nos dijeron que ya no porque era muy tarde”.

Ciudad de México, 17 de abril (SinEmbargo).– Como si se lo hubiera tragado la tierra, Braulio Bacilio Caballero, de 13 años, desapareció la tarde del 28 de septiembre de 2016 cuando caminaba por el paradero del Metro Pantitlán, en la Ciudad de México; su madre lo perdió de vista por un momento y jamás se volvió a saber de él.

Los padres de Braulio se dicen perturbados por la desaparición, por no tener siquiera una pista o datos para establecer alguna hipótesis confiable de lo ocurrido y por no tener ni idea de dónde buscarlo; como si simplemente se hubiera “esfumado”.

“Hasta el momento no encontramos razón de su desaparición. No sabemos qué pasó o por qué. No tenemos una explicación […] Yo estoy totalmente desconcertado porque no tengo para dónde ir [a buscarlo]. No tengo ni un dato”, platicó el señor Miguel Bacilio Valencia a SinEmbargo.

El padre del adolescente denunció que las autoridades capitalinas no actuaron a tiempo y desestimaron el reporte durante las primeras horas, pues el mismo día de los hechos les solicitaron la activación de la Alerta Amber, pero les fue negada con el argumento que tenían que “esperar 24 horas”.

Para tercer día, los familiares insistieron en que se activara la alerta, pero volvieron a negársela: “ahora porque ya era muy tarde”. Han transcurrido dos años y medio y el caso no ha presentado ningún avance, en tanto que las autoridades abandonaron la poca investigación, acusó el padre del joven. “El caso está parado. Desafortunadamente no veo trabajo por parte de las autoridades”.

Braulio vestía un pantalón de mezclilla azul marino, una playera blanca, una sudadera azul cielo con rayas en medio horizontales, en color negro y unos zapatos negros. El niño no portaba teléfono. Foto: Especial.

LA EXTRAÑA DESAPARICIÓN

Braulio tenía 13 años de edad, cursaba segundo año de secundaria y por las tardes ayudaba a su madre en un puesto de comida que tienen en el paradero deL Metro Pantitlán.

“A él le gustaba mucho el fútbol”, platicó el papá del joven.

En el trayecto de la casa al puesto de comida, el menor pasaba al trabajo de su padre a dejarle comida. “Le quedaba de paso”, añadió el entrevistado.

Miguel Bacilio señaló que la desaparición fue en una situación extraña, a la cual, no le encuentran razón: “Jamás, jamás imaginamos esta situación. ¡Híjole! es muy difícil explicar”, expresó.

Braulio tiene un medio hermano, que es mayor que él, y una hermana más pequeña. Su hermano mayor no vivía con ellos.

Ese 28 de septiembre de 2016 Braulio siguió su rutina: “Ese día pasó a mi trabajo, me dejó mis alimentos y de ahí se fue al puesto de su mamá”, dijo Miguel.

Sin embargo, ese día Braulio primero vio a su  hermano mayor que estaba un poco distanciado de la familia.

Fernanda Mercedes, mamá de Braulio, observó que su hijo y su hijastro llegaron juntos al paradero: “vio que ellos se estaban despidiendo y que mi niño Braulio caminó hacía donde estaba el puesto de comida”, añadió Miguel.

Braulio arribó al local, pero Fernanda le pidió que alcanzara a su medio hermano porque ella tenía unas dudas y quería hablar con él. El adolescente se regresó unos metros a buscar a su hermano. Eran alrededor de las 6 de la tarde.

Unos clientes llegaron al puesto y la mamá de Braulio perdió de vista al joven mientras atendía a los comensales.

El hermano mayor arribó al puesto de comida minutos después. Fernanda le preguntó por Braulio, pero el joven le contestó que supuestamente no sabía nada del niño desde que se despidieron.

La mamá notificó a los policías que estaban en el paradero, vocearon a Braulio y se emitió una alerta en los altavoces del lugar, pero “no hubo resultados”.

Transcurrieron las horas, Fernanda cerró su negocio y siguió la búsqueda en la zona. Braulio vestía un pantalón de mezclilla azul marino, una playera blanca, una sudadera azul cielo con rayas en medio horizontales en color negro y unos zapatos negros. El menor no portaba teléfono.

En México cada día desaparecen cuatro niños, niñas o adolescentes y asesinan a 3.6 cada diarios en promedio, de acuerdo a datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim).

Braulio es uno de los 4 mil 980 niños, niñas y adolescentes que desaparecieron durante el sexenio del Presidente Enrique Peña Nieto, según los datos oficiales difundidos por Redim.

Juan Martín Pérez, director de Redim, ha señalado previamente que ser niño en México es sinónimo de tener un 30 por ciento más de posibilidades de ser víctima de desaparición u homicidio y esto es fruto de la “debilidad del Estado de Derecho” y de la “fragilidad de normativas e instituciones” que generan a su vez impunidad para los funcionarios.

SIN ALERTA AMBER

Los padres de Braulio acudieron a la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México para reportar la desaparición al día siguiente.

Durante la entrevista con este medio, Miguel Bacilio narró que en ese entonces no recibieron una orientación adecuada por parte de las autoridades. Dijo que los servidores públicos no les dieron mayores datos, ni qué pasos debieron de seguir cuando un menor desaparece.

“Ahora vemos que, aunque el trato no fue malo, lo que no hicieron ellos [autoridades] fue brindarnos atención de qué hacer. Ellos nada más nos levantaron la denuncia, nos entregaron una copia de la denuncia y nos dieron el boletín y ‘órale a trabajar ustedes’. Yo pienso que ellos como autoridades deberían de tener un proceso, un protocolo a seguir el cual no tenían”, comentó el padre.

El padre del adolescente denunció que las autoridades capitalinas no actuaron a tiempo y desestimaron la desaparición durante las primeras horas, pues el mismo día de los hechos solicitaron la activación de la Alerta Amber; sin embargo, les fue negada con el argumento que tenían que “esperar 24 horas”.

Posteriormente, al tercer día, los familiares insistieron en que se activara la alerta, pero volvieron a negárselas, “pero ahora porque ya era muy tarde”.

La Alerta Amber es un mecanismo nacional para la búsqueda y pronta localización de niñas, niños y adolescentes reportados como desaparecidos, en donde participan los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal).

Las autoridades tienen la obligación de activarla cuando la persona desaparecida sea menor de 18 años de edad, deben contar con información suficiente del menor, las circunstancias de la desaparición y que se presuma que está en inminente peligro de sufrir daño grave.

En México cada día desaparecen cuatro niños, niñas o adolescentes, y asesinan a 3.6 cada diarios en promedio, de acuerdo a datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México. Foto: Especial.

 

La familia desde entonces se enfocí en buscar a Braulio en campo: pegó volantes, entregó boletines, preguntó con personas. Recibieron ayuda de conocidos y familiares, la búsqueda intensa duró varias semanas, pero los avances fueron nulos.

Miguel Bacilio perdió su trabajo en los primeros meses mientras buscada a su hijo; poco a poco pasó el tiempo y no había avances, la familia tuvo que disminuir la búsqueda en calles.

“Hacíamos lo que estaba dentro de nuestras posibilidades, pero desafortunadamente los recursos no nos alcanzan, la situación –económica– está ahora muy complicada. Seguimos buscándolo en las redes sociales”, platicó el padre de familia.

La carpeta de investigación en la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México está estancada y las acciones que realizaron los agentes fueron mínimas, acusó el padre del menor. “Por parte de ellos [el Estado] no hay nada, una o dos diligencias, pero nada más; por parte de nosotros hacemos lo posible para difundir la ficha”.

Miguel Bacilio recibió una llamada de la Procuraduría a mediados del año pasado: le notificaban que su expediente sería archivado porque no había una línea de investigación, lo que desconcertó aún más a la familia del menor.

Para la familia ha sido un tiempo difícil y de incertidumbre, ahora lo único que piden es que la investigación siga en proceso y que las autoridades busquen a su hijo. “Nos dicen –terceras personas– que debemos de ir con las autoridades a presionar para que trabajen, pero desgraciadamente nuestra situación –económica- nos impide estar ahí siempre”.