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La COVID-19 atacó a Araceli en EU: enfermó, perdió su empleo y hoy hace largas filas para comer

17/04/2021 - 7:08 pm

En mayo del año pasado, Araceli se quedó sin empleo. De percibir un alto sueldo, pasó a vivir del apoyo gubernamental. Meses después, en diciembre, se contagió de COVID-19 y estuvo a punto de perder la vida.

Por Araceli Martínez Ortega

Los Ángeles, California (LaOpinión).- A Araceli González-Burkle la pandemia la ha golpeado por partida doble: lleva un año desempleada y COVID-19 casi la mata en diciembre.

“He buscado trabajo cómo no te imaginas. A veces la gente me pregunta sorprendida, si eres tan buena ¿cómo es que no tienes trabajo? Cuando voy a una entrevista de trabajo, me dicen, ¡wow! es impresionante tu resumé (curriculum vitae), pero no me llaman”.

Desde que perdió su empleo en mayo del año pasado, todos los días, a las 8:30 de la mañana ya está en la computadora a la caza de un empleo. “Hoy presenté siete solicitudes de trabajo”, dice.

“Las ventas cayeron en 30 por ciento y el dueño tuvo que dejar ir a 25 empleados, incluyéndome a mí”, dice Araceli.

Así fue como de la noche a la mañana se quedó sin su ingreso anual de 60 mil dólares ni cómo sostener a Gabriel, su hijo de 8 años. “De tener una estabilidad económica, me quedé sin nada, hasta sin comida”.

Araceli González-Burkle fue concejal y vicealcaldesa de Cudahy. Foto: Isabel González-Burkle.

Araceli rentaba un departamento de dos recámaras en Paramount. “En mayo pasado tuve que dejarlo porque ya no tenía manera de pagar el alquiler de 2 mil 500 dólares”.

Durante un mes, ella y su niño se fueron a vivir con una prima hasta que encontró un departamento en la ciudad de Walnut por mil 900 dólares.

“He vivido de los 345 dólares que me dan por el desempleo cada semana. Mi madre me ayuda con el pago de la renta y me he visto en la necesidad de ir a los bancos de alimentos y hacer largas filas para recibir comida. He hecho hasta tamales para vender”.

Esta madre recibe al mes 50 dólares en cupones de alimentos.

Al estrés de la desocupación laboral, se le suma la tensión de encontrarse en medio de un beligerante proceso de divorcio y como su aún marido se lesionó y no puede trabajar, ella tiene que darle 180 dólares cada mes por pensión alimenticia debido a que tienen la custodia compartida de su hijo.

“Y es esa cantidad porque tuve que ir a la corte y explicarles que estoy sin trabajo. Si no tendría que pasarle más dinero”.

Para colmo, a principios de diciembre se contagió de COVID y se puso tan mal que terminó 9 días en el Pomona Valley Hospital Medical Center.

“Cuando me enfermé, pensé que era una gripe cualquiera. Estaba resfriada y me dolía la cabeza. Pero conforme pasaban los días, dar un paso me parecía una milla. Yo había tenido el swine flu (influenza porcina), nada comparable con COVID”.

Al no poder respirar no sabe ni cómo marcó al 911 en dos ocasiones para pedir auxilio. Despertó en el hospital.

“Uno a uno mis órganos comenzaron a fallar. Me sentía tan mal que hablé con mi mamá y le dije que no creía que fuera a salir con vida. ‘Me voy a morir’, le repetía. Me pedían que rezara, pero no tenía fuerzas”.

Tan pronto como se recuperó de COVID, ha seguido en vano en busca de empleo.

Araceli González-Burkle con su hijo Gabriel. Foto: Araceli González-Burkle.

“Después de esta experiencia, he pensado en volver a la política porque a los políticos de Washington se les ha olvidado la gente como yo. No se preocupan ni tienen idea de cómo estamos sufriendo. No importa que tan preparado estés ni las conexiones que tengas. Esto le está pasando a todos. Yo esperé por meses para recibir el desempleo y nadie me quiere contratar”.

A sus 51 años de edad, Araceli dice que todo lo que anhela es un trabajo estable que le permita pagar sus cuentas y comer. “También quiero concluir mi maestría en administración de negocios (MBA en inglés). La dejé cuando perdí el empleo y me faltaban tres materias para terminar”.

Estudiaba en la Universidad La Verne, pero el desempleo le impidió seguir pagando la colegiatura.

A pesar del dramático cambio que dio su vida en el año de la pandemia, mantiene el entusiasmo y la fe en encontrar un empleo. “¡Vamos a salir de ésta! ¡No podemos darnos por vencidos!”.

La organización UnidosUS reportó que el desempleo entre los latinos fue de 7.9% en marzo, y aunque continúa en descenso, aún permanece casi al doble del promedio de desocupación de 4% previo a la pandemia. Esto demuestra que la recuperación será muy lenta para los trabajadores latinos, indica el reporte. Sin embargo, señalan que está mejor que hace un año cuando la tasa de desocupación alcanzó el 18.9% de la fuerza laboral latina.

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