Petunia, una cerdita bebé que una familia encontró después que se aventó de una camioneta. Foto: Santuario Libres al Fin

Estos días han sido muy ajetreados en el Santuario Libres al Fin del cual soy Co-fundadora. Llegó a nosotros Petunia, una cerdita bebé que una familia encontró después que se aventó de una camioneta, la llevaron a recibir atención veterinaria y nos contactaron con su caso, lo más probable es que Petunia iba a ser un animal asesinado en traspatio una vez que fuera un poco más grande, o tal vez la iban a explotar para criar cerditos y quitarle sus bebés una y otra vez.

Afortunadamente llegó a nosotros antes de sufrir los horrores de las granjas industriales y los mataderos, a Petunia no alcanzaron a cortarle las orejitas y la cola, o a sacarle los dientes SIN ANESTESIA, como se realiza en las prácticas estándar a estos animales. Petunia llegó a nosotros con su espíritu intacto de bebé y es ahorita una cerdita súper traviesa y curiosa que empieza su vida, que está conociendo una vida en libertad.

Petunia explorando. Foto: Santuario Libres al Fin

Petunia, como es aún una bebé, está adentro de la casa, en donde convive mucho con los gatos y perros de nuestra familia, es increíble la amistad que está entablando con ellos, pasa mucho tiempo con la gata Paulina y también juega con los perros Manchas y Flaco que son los más jóvenes. Petunia duerme largas horas como los gatos (los cerdos duermen gran parte del día) y cuando despierta es súper juguetona y se pone a perseguir a los perros cuando sale a jugar.

La mayoría de nosotros hemos convivido con un perro o con un gato y los consideramos parte de nuestra familia pero nunca hemos convivido con los animales que consideramos comida. En lo personal nunca había conocido borregos y chivos hasta que formamos el Santuario, cuando los conocí a ellos y sus personalidades me di cuenta que no hay nada que los haga diferentes a los animales que llamamos de compañía.

Flaco y Petunia. Foto: Santuario Libres al Fin

¿En qué nos basamos para elegir qué animales comemos y qué animales amamos?

Si una de nuestras respuestas es la inteligencia, los cerdos son muy inteligentes, poseen una inteligencia superior a un niño de tres años de edad, pueden sentirse optimistas o pesimistas de acuerdo a lo que han vivido; si otra de nuestras respuestas es la capacidad de sentir, los cerdos pueden crear lazos y sentir amistad y amor con otros cerdos y otros animales, entonces, realmente no es una característica de estos animales el que haga la diferencia, la diferencia está en nuestra percepción.

La diferencia es que nosotros nunca hemos creado lazos con estos animales y nos sentimos desconectados de ellos, hemos aprendido a lo largo de nuestra vida a verlos como cosas; en el supermercado los venden cortados, con otros nombres, como si nunca hubieran sido individuos, como si nunca hubieran tenido madres, hijos, amigos, como si no importaran en lo absoluto.

Por eso es tan importante la labor de los Santuarios y de los animales como Petunia, porque ellos son embajadores de sus especies y nos están mostrando al vivir que ellos también importan, que ellos también sienten y quieren vivir.

Amo a los animales del Santuario porque su sola existencia es un acto de rebeldía y nos educan al mostrarnos que no somos los únicos que merecemos libertad, ellos cambian vidas y percepciones con tan solo ser y mostrar su personalidad.

Espero realmente que llegue pronto el día en que se nos caiga la venda de los ojos y podamos darnos cuenta del terrible holocausto que sufren estos animales.

Ximena y Petunia. Foto: Santuario Libres al Fin