Performance sobre el cambio climático en la Ciudad de México.

“Las maestras y maestros que se paran frente a un grupo (y ahora en tiempos de pandemia frente a una computadora) y tratan de hacer de cada uno de quienes los escuchan, una persona mejor, alguien con capacidad para cuidar de sí mismo, de su entorno, del grupo social donde viven y del planeta en su conjunto”. Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro

Al conmemorarse el Día del Maestro, desde Greenpeace México rendimos un sincero homenaje a los maestros y maestras de México que, ya sea parados al frente de su aulas o desde las pantallas de la educación a distancia, contribuyen todos los días con su esfuerzo y vocación, para formar a millones de personas.

Todos recordamos a un maestro o maestra que nos condujo por el camino de la curiosidad y las ganas de aprender más, de comprender más, de saber más. En nuestra memoria vive, con tremenda fuerza, el recuerdo de ella o él con sus gafas, con el gis en la mano, con sus libros bajo el brazo, mostrándonos puertas que parecían pequeñas, pero que al abrirse revelaban un enorme campo de conocimiento, como esos niños que salen por una pequeña puerta de una casa hacia un vasto jardín, capaz de convertirse en un patio de juegos infinito.

Ésa es la magia de los maestros, de aquellos cuya verdadera vocación es despertar la curiosidad de los niños y convertir en hábito la compulsión de hacer preguntas cada vez más profundas y cada vez más interesantes, porque ser maestro no se trata de dar respuestas, sino de acompañar al alumno por el camino y ayudarle a descubrir qué puertas abrir y qué senderos seguir, entendiendo que el conocimiento humano es infinito, tanto como su propia capacidad de sorpresa.

El espacio de reflexión que facilitan maestras y maestros con la niñez es la oportunidad perfecta para poner sobre la mesa las ideas y soluciones de niñas y niños frente a la emergencia climática. Greenpeace ha desarrollado desde hace algunos años una serie de talleres de participación protagónica infantil en diferentes ciudades del país como Puebla, Guadalajara, Pachuca y Metepec, en los que han participado más de 200 niñas y niños quienes, de la mano con su familia y maestros han construido espacios de discusión para conocer cómo perciben la contaminación en su localidad y qué soluciones proponen para combatirla.

Las maestras y maestros que se paran frente a un grupo (y ahora en tiempos de pandemia frente a una computadora) y tratan de hacer de cada uno de quienes los escuchan, una persona mejor, alguien con capacidad para cuidar de sí mismo, de su entorno, del grupo social donde viven y del planeta en su conjunto. Esas maestras y esos maestros que nos enseñaron en la primaria cómo crecen las plantas y el maravilloso equilibrio de la naturaleza, hoy en peligro por la necedad de un modelo de sobreconsumo que debemos combatir activamente a través de acciones individuales y colectivas, son también portadores de la voz de la niñez en México.

Cuando escuchamos la voz de la niñez mexicana nos damos cuenta de que estos espacios de diálogo no son menores y que pueden lograr grandes avances. Por ejemplo, en Monterrey, niñas y niños han organizado un movimiento interescolar para pedir al Gobierno del estado medidas que mejoren la calidad del aire de su ciudad. En Ciudad de México, niños y niñas presentaron una demanda para que se ajustaran las normas de salud ambiental a los índices que recomienda la Organización Mundial de la Salud debido a que las leyes mexicanas son laxas y permiten una mayor exposición a contaminantes que dañan nuestra salud.

Quienes en todos los niveles educativos están comprometidos con sus alumnos (no importa su edad), merecen todo el mérito por su esfuerzo y deben ser considerados como personas prominentes en la sociedad. Porque con su labor cotidiana –y no poco sacrificada—contribuyen a cambiar la realidad para bien, pues generan o fortalecen a personas responsables, conscientes y participativas.

Más que nunca, en un mundo lleno de retos, donde la pandemia de COVID-19 nos ha mostrado con toda su dureza la necesidad de cambiar de modelo consumista y de capitalismo salvaje, por otro de colaboración, consumo responsable, movilidad sin combustibles fósiles y comercio justo, entre otras cosas, el impulsar la participación protagónica de la infancia es un enfoque indispensable y pendiente dentro de la administración pública.

Los maestros juegan un papel fundamental, pues ayudarán a sus alumnos a encontrar la información necesaria para abrir conciencia hacia la creación de una nueva realidad, mucho más justa y donde cada quien colabore para combatir la emergencia climática.