El día que fue detenido, hace casi 8 años, el 15 de agosto de 2008, Miguel Ángel Mateos fue golpeado durante cuatro horas mientras era interrogado. Luego, cuando permanecía en los separos, diez policías lo golpearon de nuevo para obligarlo a aceptar una culpa que no le correspondía. Cachetadas, insultos, descargas eléctricas sobre la espalda, brazos, piernas y genitales. Nudillos sobre el rostro, ganchos al abdomen, rodillazos, son lo que Miguel recuerda de aquella.

Previo a ser encerrado en el penal de Acatlán de los Reyes, un agente se acercó a él y le advirtió: “A todas las personas que fueron a visitarte los voy a investigar… Voy a matar a toda tu familia”.

Por Miguel Ángel León Carmona

Orizaba, Veracruz, 17 de julio (BlogExpediente/SinEmbargo).- “Ya valiste madre, voy a matar a toda tu familia”, le advirtió un comandante ministerial a Miguel Ángel Mateos Escamilla, antes de encerrado en el penal de La Toma, en Amatlán de los Reyes, Veracruz.

Sin pruebas ni testigos, sólo con la urgencia de dar con un responsable, el joven fue acusado del secuestro y asesinato de Karina Reyes, sobrina del Arzobispo de Xalapa, Hipólito Reyes Larios.

Siete años y once meses le llevó a un grupo de abogados evidenciar, mediante un amparo federal, el 408/2015, uno de los atropellos más graves contra los derechos humanos por parte del órgano de justicia en el estado de Veracruz.

Si bien, se trata de un engaño para el Arzobispo de Xalapa, Hipólito Reyes Larios, y su familia, al enterarse que los asesinos de su sobrina Karina Reyes permanecen libres, para Miguel Ángel Mateos Escamilla ha significado perder casi una década de vida. Incluido, el trato sórdido que recibió por parte de gendarmes ministeriales, quienes armaron su culpabilidad en menos 72 horas.

Ha transcurrido apenas la primera semana desde que el juez del juzgado tercero de Primera Instancia ordenó la libertad de Mateos Escamilla, quien ha aceptado relatar para Blog Expediente los cerca de 3 mil días alojado en el penal de Amatlán de los Reyes.

Fortaleza que alberga una población de 1001 reos, de los cuales, el entrevistado asegura, al menos 400 son inocentes, la mayoría indígenas, a quienes enseñó a leer, a escribir y a defenderse de los criminales. Mientras, él aprendió a tallar madera y a pintar sobre el óleo.

En el penal rezó por ocho compañeros que decidieron suicidarse ante el encierro esquizofrénico, el hambre y el abandono total. También vio morir a dos reos a causa de enfermedades mal atendidas por un doctor y cuatro asistentes, a cargo de una población que supera el millar.

Durante el cumplir de su condena conoció también a tres amigos: dos presuntos homicidas y un ladrón. Uno de ellos, Beto, le suplicó, mientras lo despedía, que buscara a su familia y preguntara por qué desde hace años no han vuelto a visitarlo.

Es la vida fragmentada de Mateos Escamilla, el preso originario de Ciudad Mendoza, que ganó respeto y a la par enemigos por su talento para negociar artesanías fabricadas en los talleres del penal; y jugó fútbol como defensa lateral derecho en la selección de prisioneros, y se ubicó como el quinto mejor jugador de frontón con mano.

Su historia en la prisión inició la tarde del viernes 15 de agosto de 2008, con las 72 horas más difíciles en la vida de Miguel Ángel, como él mismo asegura. Paso a paso, detalle a detalle, enunció las anomalías en la causa penal 133/2008; entre las que destacan las violaciones de garantías por parte de policías y funcionarios del estado, así como el rechazo de evidencias y testigos en favor del entonces acusado.

“LAS PEORES TRES DÍAS DE MI VIDA”

El reloj en la computadora de Miguel Ángel marcaba las 19:00 horas del 15 de agosto de 2008; dos meses posteriores al hallazgo del cadáver embolsado de Karina Reyes. El joven revisaba su perfil de Facebook desde su cama. Fue que alguien llamó a la puerta. Era un gendarme, a cargo de otros 35 elementos que ya acordonaban el domicilio de esquina a esquina.

El comandante en turno reportó a la hermana de Escamilla que deseaban revisar el interior del domicilio, asegurando que un extraño se había saltado por la parte de atrás. Miguel Ángel, decidió asomarse al escuchar tal solicitud. Bastó que mostrara su rostro desde una ventanilla para que los uniformados lo ubicaran con la mirada.

El mando pidió sin rodeos las referencias de Miguel Ángel, él respondió y le solicitaron acompañarlos a la comandancia de ciudad Mendoza. El motivo: responder un cuestionario, de rutina, prometieron, sobre el plagio y asesinato de la joven de 23 años, Karina Reyes Luna.

El padre Miguel Ángel, Roberto Mateos, quien llegaba de trabajar, aceptó que su hijo los acompañara siempre y cuando él estuviera presente en la diligencia. “Si asistimos fue por solidaridad con el caso, ya que mi hermano había tenido una relación amorosa con Karina, un año antes de los hechos”, detalla Miguel.

El joven de entonces 27 años, tomó una sudadera, guardó su celular en la bolsa del pantalón y salió de su casa. No pausó los videos en YouTube ni cerró sesión en Facebook, salió, sin pensar que no regresaría, sino hasta siete años y once meses después.

Dos agentes lo tomaron del brazo, uno de cada lado, posteriormente lo subieron a la batea de una patrulla ministerial. Por su parte, el padre recibió la única cortesía en aquella experiencia, pues lo invitaron a ocupar el asiento del copiloto. Los modales de los oficiales estaban por acabarse muy pronto.

Padre e hijo llegaron a las instalaciones de la Secretaría de Seguridad Pública, en Ciudad Mendoza. Sin embargo, al señor Roberto Mateos sólo le permitieron avanzar hasta el segundo piso, pues con Miguel Ángel hablarían a solas, en la tercera planta, con una puerta a doble llave. Donde los ruidos de la primera tortura no se ventilarían.

Miguel Ángel Mateos denuncia que fue víctima de tortura por parte de policías veracruzanos para obligarlo a que se declarara culpable del asesinato de la sobrina del Arzobispo de Xalapa. Foto: Blog Expediente

Miguel Ángel Mateos denuncia que fue víctima de tortura por parte de policías veracruzanos para obligarlo a que se declarara culpable del asesinato de la sobrina del Arzobispo de Xalapa. Foto: Blog Expediente

“DENLE UNA MADRIZA”

“Denle un madriza”, ésa fue la orden que soltó el mando a unos siete subordinados. La golpiza duró cuatro horas, recuerda Miguel. “Me pegaron por todas partes; patadas, puñetazos, rodillazos, en aquella primera vez, todavía cuidaron mi rostro”, recuerda el joven mientras suspira profundo presa del miedo que aún no lo deja.

“Ya valiste madre”, “Eres un asesino”, “Ya te tenemos”, presumía el comandante a risotadas, luego soltaba bofetadas al joven enmudecido. “No sabía por qué se me acusaba. Estaba cercano a perder el conocimiento”, Miguel Ángel no tuvo el derecho si quiere de emitir una palabra. Luego, advertido de su culpa, lo llevaron a declarar.

Don Roberto comenta que al bajar del cuarto donde tenían a su hijo, notó que hasta el caminar le era difícil. “Lo vi despeinado, tenía el semblante de angustiado. No era el mismo que yo había llevado a contestar unas preguntas”.

El médico, quien acudió al llamado telefónico de los ministeriales, en ningún momento examinó a Miguel Ángel. A pesar de que la Ley obliga a una revisión previa y posterior a la declaración del detenido. No conforme, entregó un expediente, integrado a la causa penal 133/2008, sin resaltar una sola lesión en el cuerpo molido de Miguel Ángel.

“UNA DECLARACIÓN AMAÑADA, YA TODO ESTABA PLANEADO”

El sábado 16 de agosto, luego de al menos cuatro horas de agresiones, finalmente le tomaron la declaración a detenido, que comenzó a ser dictada en presencia del Fiscal General de Investigaciones Ministeriales, Daniel Rivas Castán. Una avalancha de evidencias y testigos que serían desechados de inmediato.

Sobre el plagio de Karina Reyes Luna, perpetrado el 8 de junio de 2008, Miguel Ángel declaró que aquella ocasión se dedicó a realizar pagos y movimientos bancarios en la ciudad de Orizaba. Incluso, confió al Fiscal que completaba el dinero suficiente por lo que tuvo que solicitar un préstamo a un amigo, que más tarde se convertiría en testigo, junto a su novia.

Días posteriores, el acusado presentó como evidencia estados de cuenta que reflejaban dos pagos y un movimiento bancario, incluidos los comprobantes, firmados en las horas que, según reportes periciales, se había registrado el secuestro de la sobrina del Arzobispo Hipólito Reyes Larios.

“También mi abogado solicitó las grabaciones del banco Santander Serfin, pero nada. Por otra parte, confiscaron mi teléfono con el que salí al momento de mi detención. Me pregunto, ¿acaso con tal rastreo no pudieron comprobar mi ubicación? Los policías supieron que, efectivamente, me reuní con mi amigo”, reprocha Miguel Ángel.

Más avanzada la investigación, el amigo y su pareja fueron llamados a declarar. Sin embargo, ambos fueron registrados como Testigos de Coartada. Lo anterior, sustentado por un dato en que no coincidieron, confundieron dos parques del centro histórico de Orizaba, el Apolinar Castillo y el López.

Además de las pruebas ya mencionadas, Miguel Ángel asentó en la declaración que el día del plagio, posterior a sus movimientos bancarios, supervisó una sesión de fotos que fomentaban el turismo en el municipio de Nogales, Ayuntamiento donde laboraba a cargo dicha comisión.

Sumado a su declaración, Miguel Ángel Mateos ofreció pruebas que avalaban actividades laborales y familiares entre los días 14 y 15 de ese mismo mes.

Miguel Ángel, presentó un reporte de actividades del día sábado 14 de junio. “Esa ocasión realizamos un reportaje sobre el turismo en la zona, además una revista, donde aparecen fotos que avalan mi presencia”.

Para el domingo 15 de junio, día que campesinos reportaron el hallazgo del cuerpo maniatado, con rastros de tortura y en el interior de una bolsa negra, Miguel Ángel Mateos, declaró que festejó el Día del Padre, junto al menos 25 familiares, otros 25 testigos.

“Recuerdo que mis hermanas prepararon la mesa, yo asé carnes y me dediqué a supervisar que todo estuviera listo para cuando llagara mi padre. Pasamos un bello fin de semana. No entiendo cómo vincularme con el asesinato de Karina”, recalca Mateos Escamilla.

HORAS DE TORTURA 

Una vez dictada la primera declaración, el detenido fue trasladado a los separos de Ciudad Mendoza, allí conoció “las visitas inesperadas”, fue encerrado en la celda del rincón, de las tres que hay en el edificio. Miguel Ángel creyó que aquella noche serviría para asimilar lo que le estaba sucediendo. No obstante, los ruidos de macanas sobre las rejas, lo despertaron y comenzaron a inquietarlo.

Había otros dos detenidos, Miguel Ángel fue el último en recibir el castigo de diez policías. Cada tortura, asegura, duraba entre 25 y 30 minutos, que llevaba como propósito, sembrar el pánico y aceptar una culpa que no le correspondía.

Las botas de casquillos de los gendarmes ministeriales se aproximaron, Miguel decidió recostarse sobre la plancha de cemento, cerró los ojos, apretó la quijada y rezó.

Una llave abrió la celda, luego el enjambre de fortachones se abalanzó en su contra. Le vendaron los ojos, sus manos las recogieron, esposadas, a la altura de la espalda. Cachetadas, insultos, descargas eléctricas sobre la espalda, brazos, piernas y genitales. Nudillos sobre el rostro, ganchos al abdomen y rodillazos.

Los lamentos, fueron escuchados a las afueras de los separos, donde pernoctaba la familia entera, en esperas de noticias. “Nosotros vimos cuando policías ministeriales descendieron con el aparato para transmitir descargas eléctrica. Salían y reportaban a un superior, ‘jefe el chamaco no quiere’”.

Al cuerpo desvalido, lo llevaron a rastras a una oficina donde ya lo esperaba un expediente. El encargado de la sala le pidió firmara un centenar de hojas. Miguel Ángel, se negó a obedecer, consiente de que la tunda pudiera repetirse hasta que la condición física de los oficiales se agotara.

Pese a los testigos, las evidencias presentadas ante el Ministerio Público, las marchas que ya encabezaban los padres del detenido, el Gobierno del ex mandatario Fidel Herrera Beltrán levantó dio desde el palacio de gobierno en Xalapa, Veracruz, presunta justicia, al vecino de enfrente, el de la catedral, Hipólito Reyes Larios.

Por orden del entonces Procurador de Justicia del Estado, Salvador Mikel Rivera, quien falleció en 2015 a causa de cáncer, Miguel Ángel fue encarcela en el penal de media seguridad de Amatlán de los Reyes.

“Llévenselo”, ordenó el comandante en turno. A Miguel lo subieron a una patrulla ministerial, con todo y las súplicas de sus familiares. Un convoy resguardó al presunto responsable del asesinato, que tenía consternada a la sociedad de la zona centro, con los índices más altos de católicos en el estado de Veracruz.

Fue a escasos minutos del penal, en el municipio de Córdoba que el líder del escuadrón móvil, ordenó que los vehículos se estacionaran. El hombre, se dirigió hacia la ventanilla de Miguel Ángel Mateos. Lo miró fijamente y advirtió. “A todas las personas que fueron a visitarte los voy a investigar… Voy a matar a toda tu familia”.

Fue el mensaje que dio la bienvenida a su nueva vida. Miguel Ángel, angustiado por la seguridad de su familia, se topó finalmente con el monstruo de las torretas y cercados de púas. Nunca lo había visto, es más, no sabía de su existencia, comparte. Así culminaban los primeros tres días, de los 3 mil que le restaban por vivir como reo.

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