“En este desvarío ideológico quizá una de las más afortunada fue Rosario Robles”. Foto: Pedro mera, Cuartoscuro

Rosario Robles en los años ochenta me dicen que aparecía ocasionalmente en Mazatlán para reunirse con los miembros de una célula de la Organización de Izquierda Revolucionaria (OIR) Línea de Masas, émulo ideológico del Movimiento de Izquierda Revolucionario chileno (MIR), y se le recuerda como una joven guapa, entusiasta, verbo ágil y buena pierna.

Las reuniones con su grupo se realizaban en casas y, probablemente, en las instalaciones de la Escuela Preparatoria Antonio Rosales de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Eran todos ellos jóvenes rebeldes que tenían como objetivo disputar la hegemonía ideológica al PCM y sentar las bases para una auténtica izquierda revolucionaria.

Aquella idea romántica sucumbió a vuelta de los años o mejor se volvió electoral. En los albores años ochenta empezó a rendir frutos la reforma electoral reyesherolista que abrió causes para la participación electoral de los grupos que estaban en la marginalidad política. Muchos de ellos provenientes de los movimientos armados que pulularon durante toda esa década crucial para la democracia representativa de México.

Vinieron entonces los procesos de agrupamiento de un sinfín de anagramas y programas políticos que tuvo su momento estelar en las elecciones presidenciales de 1982. Una izquierda variopinta lleva como candidato al dirigente comunista sinaloense Arnoldo Martínez Verdugo lo que permitió la segunda fracción parlamentaria legislativa de esta izquierda -antes, en 1976, el PCM sin registro y la trotskista Liga Socialista crearon la coalición de izquierda postulando a Valentín Campa que alcanzó extraoficialmente el 5.5 por ciento de los votos emitidos en una elección donde José López Portillo apareció solo en la papeleta para Presidente.

Estas experiencias animaron a muchos marginados incluidos los grupos todavía titubeantes sobre la efectividad de la vía electoral para alcanzar sus fines políticos. De esa manera cuándo el PCM decide en 1981 disolverse para convertirse en PSUM fue la puntilla “para que nadie se quedara fuera”.

El PSUM aun con la hoz y el martillo atrajo a las más disímbolas fuerzas de la izquierda marginal y más tarde se transformó en el efímero PMS y finalmente en el PRD en 1989.

En 1988 la izquierda con afanes electorales decide sustituir a Heberto Castillo por Cuauhtémoc Cárdenas. Hay un texto luminoso de Gilberto Rincón Gallardo, uno de los grandes teóricos que ha tenido la izquierda, donde él señala sustantivamente lo que estaba en juego en esa definición. Castillo representaba la izquierda histórica mientras Cárdenas el PRI nacionalista.

El cálculo político se inclinó a favor de Cárdenas y después del 88 vinieron los años aciagos del salinismo que costaron cientos de vidas del neocardenismo esa mezcla de pensamiento de izquierda socialista y nacionalismo revolucionario. Al final terminó imponiéndose el nacionalismo revolucionario.

El debate de izquierda fue diluyéndose con el paso del tiempo y las responsabilidades de gobierno. Se imponían los intereses de las tribus sobre el programa del partido y eso terminó minando lo construido con sangre. Vinieron las rupturas por la izquierda y por la derecha. Uno de los primeros desprendimientos de izquierda fue el de los antiguos miembros del MAP y le seguirían otros hasta llegar a AMLO, mientras otros se fueron al PRI, y unos más llamaron a votar por Vicente Fox.

En este desvarío ideológico quizá una de las más afortunada fue Rosario Robles. Ella fue fundadora del PRD y su grupo jugó con el líder indiscutible del PRD que era Cuauhtémoc Cárdenas y de la mano del michoacano se hizo cargo del gobierno del todavía DF cuando en 2009 este decide postularse por tercera vez a la Presidencia de la República.

Rosario Robles tiene un desempeño aceptable sobre todo por el apoyo que le brinda a la candidatura de Cárdenas. Era el tránsito de la ideología a la acción de gobierno. Del gobierno al pragmatismo político y cómo veremos con ello empezarían los tropiezos que la llevarían finalmente al penal femenino de Santa Martha Acatitla.

Veamos, al cerrar el interinato busca exitosamente la presidencia del PRD. La alcanza en 2002 y no dura mucho, después de las elecciones intermedias locales de 2003 es obligada a renunciar al cargo y la sustituye interinamente Leonel Godoy. Es acusada de dejar “muy” endeudado al PRD y se va, pero todavía con un pie adentro.

En 2004 estalla el escándalo del llamado “señor de las ligas”, un caso de corrupción política donde está involucrado René Bejarano, entonces presidente de la Asamblea de Representantes del DF, quien declara que los 45 mil dólares que había recibido del empresario argentino Carlos Ahumada los había entregado a Rosario Robles siendo presidenta del PRD.

No va a la cárcel, como si sucedió con Bejarano y su compañero sentimental Carlos Ahumada, pero cae en el mayor descrédito. Finalmente, ante la amenaza de expulsión, decide renunciar al partido y busca un nuevo horizonte que lo encuentra en el mundo empresarial a través de distintas consultoras políticas para mujeres candidatas y su activismo la llevó al periodismo de análisis incluso a encontrarse con amigas que la invitaron a ser parte del elenco teatral de la obra neoyorkina de Eve Ensler: Los monólogos de la vagina.

Ya para entonces va tejiendo las relaciones con Carlos Salinas y se incorpora a la campaña de Peña Nieto que luego del triunfo la nombra miembro del Gabinete de Transición y más tarde se convierte en Secretaria de Estado.

Entonces, empoderada, lejos estaba de aquella chica que acostumbraba a viajar a Mazatlán para nadar en sus aguas y encontrarse con sus camaradas para discutir sobre la revolución latinoamericana y el papel de su organización que tenía su mejor asentamiento en el norte del país. Volvió seguramente cómo Secretaria de Estado y era otra, llegaba elegante con ropa de diseño para reunirse con empresarios, políticos e intermediarios sociales a los que les hablaba de los beneficios de las reformas estructurales. Nunca se imaginó que el cambio en la fórmula de tratamiento de la corrupción que va de arriba hacia abajo la alcanzaría y la llevaría a la prisión.

En definitiva, si cuando Rosario se inició en la política universitaria, todavía existían presos políticos de izquierda; en su caso, resulta exagerado que ella misma se asuma como tal cuando en su pasado reciente hay un desvío de miles de millones de pesos del erario quizá la mancha de su proceso es que el juez que la juzgó es el sobrino de René Bejarano, quien la señaló de haber recibido los dólares que le había entregado Carlos Ahumada.